{"id":4918,"date":"2016-03-16T10:03:58","date_gmt":"2016-03-16T08:03:58","guid":{"rendered":"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=4918"},"modified":"2016-03-19T12:39:27","modified_gmt":"2016-03-19T10:39:27","slug":"el-capitalismo-invisibiliza-y-niega-el-valor-de-los-cuidados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=4918","title":{"rendered":"\u201cEl capitalismo invisibiliza y niega el valor de los cuidados\u201d"},"content":{"rendered":"<p>La investigadora y activista Marta Malo destaca que la vida humana requiere cuidados que hoy no se garantizan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/209978_1.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-4919 alignleft\" src=\"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/209978_1.jpeg\" alt=\"209978_1\" width=\"264\" height=\"198\" srcset=\"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/209978_1.jpeg 500w, https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/209978_1-300x225.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 264px) 100vw, 264px\" \/><\/a>Ten\u00edan entre 20 y 30 a\u00f1os cuando reflexionaban sobre algo que hoy, en medio de la recesi\u00f3n global, pudiera parecer una obviedad. La precariedad no s\u00f3lo apunta a los contratos de trabajo, entendieron, sino que cab\u00eda ampliarla a toda la existencia. La investigadora militante, activista social y miembro del Observatorio Metropolitano de Madrid, Marta Malo, formaba parte entonces del colectivo \u201cPrecarias a la deriva\u201d. All\u00ed, a trav\u00e9s de una investigaci\u00f3n y diferentes conversaciones \u2013las de mayor inter\u00e9s, con empleadas del hogar latinoamericanas- empez\u00f3 a aflorar de qu\u00e9 modo se constru\u00eda la educaci\u00f3n femenina, la de los varones y sobre todo la funci\u00f3n de los cuidados. A los 30 a\u00f1os, la investigadora se hac\u00eda cargo de su hijo, experiencia que en otros lugares del mundo tiene lugar a edades mucho m\u00e1s tempranas. La conclusi\u00f3n es que, aunque de manera muchas veces invisible, los cuidados son el suelo sobre el que se organizan las sociedades de car\u00e1cter neoliberal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 significa, de manera precisa, la organizaci\u00f3n social de los cuidados? La imagen socialmente m\u00e1s naturalizada es la de una mujer cuidando de los hijos en el hogar, pero tambi\u00e9n puede referirse a la vida sana (cuidado del cuerpo) o la atenci\u00f3n que se le presta a un enfermo en el hospital. Es decir, no hay s\u00f3lo una manera de entender los cuidados, ni tienen por qu\u00e9 identificarse con el trabajo (dom\u00e9stico) femenino. Pero s\u00ed que puede constatarse un elemento invariable a lo largo de la geograf\u00eda y la historia: \u201cLa especie humana atraviesa etapas de vulnerabilidad en las que necesita, para subsistir, de otros seres humanos\u201d. As\u00ed lo afirma Marta Malo en el Foro Luis Vives organizado por el Ayuntamiento de Valencia, dedicado en su 24 edici\u00f3n al \u201cTrabajo, precariedad y juventud\u201d. Otra de las simplificaciones consiste en reducir el cuidado la provisi\u00f3n de sustento, pues el cuidado implica tambi\u00e9n un v\u00ednculo afectivo con otra persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la polisemia y los matices, desde los siglos XVII y XVIII las sociedades occidentales asocian los cuidados al tipo de hogar que nace con la Revoluci\u00f3n Industrial. Es entonces cuando se inaugura la distinci\u00f3n entre los mundos \u201cproductivo\u201d y \u201creproductivo\u201d, que en las sociedades agr\u00edcolas se presentaban mucho m\u00e1s entremezclados que hoy. Se produce entonces un gran cambio, ya que la actividad \u201cproductiva\u201d se remunera y desarrolla en el espacio p\u00fablico, mientras que la \u201creproductiva\u201d no se realiza a cambio de dinero, queda relegada al \u00e1mbito privado, aparece socialmente \u201cdevaluada\u201d y es desempe\u00f1ada mayoritariamente por mujeres. Todas las destrezas y saberes asociados al cuidado y el trabajo \u201creproductivo\u201d, en el campo de la educaci\u00f3n, la higiene o la medicina, se comienzan a vincular a los expertos y al conocimiento que estos transmiten en sus manuales. \u201cSe supone que las mujeres no saben de todo ello, y por tanto hay que ense\u00f1arles\u201d, explica Marta Malo, coordinadora y una de las autoras del libro \u201cNociones comunes. Experiencias y ensayos de investigaci\u00f3n militante\u201d, publicado por \u201cTraficantes de Sue\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la Revoluci\u00f3n industrial aparece la noci\u00f3n contempor\u00e1nea de hogar, pero tambi\u00e9n los lugares de encierro como las residencias de personas mayores y discapacitadas, donde se dispensan los cuidados con el mismo tipo de organizaci\u00f3n que el de una f\u00e1brica. En definitiva, \u201cel cuidado se convierte en ago invisible, subalterno, encerrado y algo humillante, porque se necesita a otra persona: ya no eres una persona aut\u00f3noma y con capacidad de decidir, es m\u00e1s, se te infantiliza\u201d. En ese contexto, Marta Malo destaca que nace el concepto de \u201cama de casa\u201d, que realiza tareas devaluadas, depende del salario de su marido y permanece recluida en su peque\u00f1o feudo, el hogar. Pero ya en el siglo XVIII surgen las primeras cr\u00edticas a este modelo, que llegan hasta hoy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00edan se\u00f1alarse m\u00faltiples ejemplos. La investigadora y activista selecciona un cartel del 8 de marzo de 1973, dise\u00f1ado por el colectivo aut\u00f3nomo \u201cLotta Feninista\u201d. Defend\u00edan que, ciertamente, el trabajo dom\u00e9stico y los cuidados sostienen el mundo pero tambi\u00e9n limitan, sofocan, a la mujer, por lo que hay que socializarlos. \u201cMam\u00e1 ha salido y no va a volver\u201d, fue otra de las consignas del feminismo aut\u00f3nomo italiano. Asimismo se reivindicaba no pasar de la tutela del padre a la del marido. Marta Malo recuerda las manifestaciones en el estado espa\u00f1ol por el derecho al divorcio o que el adulterio femenino estuvo castigado con pena de prisi\u00f3n durante la dictadura franquista. Tambi\u00e9n se protestaba contra las instituciones de encierro destinadas a las personas que requer\u00edan cuidados. Irrumpen, as\u00ed, en la d\u00e9cada de los 70, los movimientos de renovaci\u00f3n pedag\u00f3gica, por la democratizaci\u00f3n de la psiquiatr\u00eda, contra el enclaustramiento de los \u201clocos\u201d en manicomios (considerados c\u00e1rceles para pobres) o en defensa de la salud comunitaria (se reivindican los centros de proximidad frente al encierro en hospitales).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que vino despu\u00e9s se lo resumi\u00f3 a la investigadora, de manera lac\u00f3nica, una compa\u00f1era boliviana: \u201cGanamos pero perdimos\u201d. Se conquist\u00f3 el acceso a los anticonceptivos, el derecho al divorcio y al aborto o los cuidados de proximidad, por ejemplo en los Centros de D\u00eda. Pero tambi\u00e9n cerr\u00f3 sus puertas la gran f\u00e1brica fordista, que permit\u00eda organizar las luchas obreras a partir del criterio de igualdad salarial. Despu\u00e9s de esa \u201creestructuraci\u00f3n\u201d capitalista, \u201ctrabajamos en peque\u00f1as empresas con una n\u00f3mina integrada por una peque\u00f1a base y casi todo lo dem\u00e1s, incentivos\u201d, destaca Marta Malo en la conferencia titulada \u201cNeoliberalismo, cuidados y formas de vida\u201d. Muchas de las pr\u00e1cticas que las mujeres aprend\u00edan tradicionalmente para ser amas de casa, adquirieron valor en el mercado de trabajo, principalmente en el sector de los servicios. El cuidado y la escucha \u2013valores considerados femeninos- empezaron a cotizar al alza, lo que supuso un aumento de las contrataciones laborales a mujeres. Al final, se fractur\u00f3 el modelo del hombre que labora y mantiene a la familia con su salario, mientras la mujer permanec\u00eda en el hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El proceso dio lugar a una crisis de los cuidados, del hogar y, m\u00e1s a\u00fan, a una crisis de toda la existencia, seg\u00fan la cual todo depende de c\u00f3mo uno \u201cse busca la vida\u201d. Durante mucho tiempo en el movimiento feminista se habl\u00f3 del \u201cautocuidado\u201d desde una perspectiva emancipadora, explica Marta Malo, sin embargo hoy se ha generado una \u201cola\u201d de autocuidado que pasa por el consumo de terapias, el yoga, la meditaci\u00f3n o la autoayuda. \u201cMirarme yo, tomar mis decisiones y adoptar una autoconciencia extrema para continuar estando bien\u201d. Algo as\u00ed como mirarse permanentemente el ombligo. En las ant\u00edpodas de este enfoque, la autora sostiene que todo ser humano atraviesa por fases de vulnerabilidad en su vida y requiere cuidados que hoy no est\u00e1n garantizados. Es el caso, aunque extremo, de los ancianos que fallecen en su casa sin apenas recursos, cuando antiguamente se hac\u00edan cargo de ellos las familias. \u201cAdem\u00e1s se generan nuevos nichos de negocio en relaci\u00f3n con los cuidados\u201d, apunta la investigadora y colaboradora del colectivo \u201cYo s\u00ed, sanidad universal\u201d. Las plazas en las guarder\u00edas de 24 horas, en las residencias para discapacitados o los servicios para el cuidado de ancianos se compran y venden en el mercado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En muchas ocasiones estas labores vinculadas a los cuidados se reservan a mujeres de los pa\u00edses del Sur, adem\u00e1s, se trata de servicios cada vez m\u00e1s precarizados (se les paga poco a las trabajadoras, que adem\u00e1s tienen generalmente pocas probabilidades de promoci\u00f3n laboral) y \u201cexternalizados\u201d a empresas. Si es uno o una quien se encarga de las personas dependientes de su familia, ha de hacerlo multiplic\u00e1ndose despu\u00e9s de la jornada laboral. En este estado de cosas aparece la perspectiva de la conciliaci\u00f3n, en la que la mujer se lanza a la \u201cemprendedur\u00eda\u201d, el empleo de media jornada o el \u201cteletrabajo\u201d, con el fin de disponer de tiempo para la crianza. Tambi\u00e9n se defiende el \u201creparto\u201d de las tareas de cuidado entre mujeres y hombres, en la que ellos acceden a los permisos de paternidad. Circunstancia distinta es la de las mujeres que se plantean volver al hogar, disfrutar de la crianza y una vez despojadas de las obligaciones laborales, recuperar los v\u00ednculos familiares. Son mujeres que ya no asumen la carrera profesional como una prioridad absoluta. Un problema distinto es el de las personas que han vivido el \u201cencierro\u201d en instituciones de cuidado y deciden romper con \u00e9stas, con el fin de llevar una existencia independiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marta Malo observa un problema en muchas de estas propuestas parciales: \u201cNo van al nudo de la cuesti\u00f3n, el capitalismo\u201d. La clave de su exposici\u00f3n es la siguiente: \u201cLa vida humana atraviesa necesariamente fases de vulnerabilidad y requiere de otros, de hecho, nuestro primer v\u00ednculo como seres a\u00fan muy fr\u00e1giles se establece con otra persona; esta vulnerabilidad y dependencia se trata de ocultar mediante el dinero, de manera que se le paga a alguien o a una empresa para que te preste un servicio\u201d. Pero el cuidado es algo irrenunciable, no una carga, lo que obliga necesariamente a una organizaci\u00f3n distinta de la sociedad. Tambi\u00e9n a un giro radical en el lenguaje, como ocurri\u00f3 en una manifestaci\u00f3n que tuvo lugar en Sevilla, cuando de manera espont\u00e1nea y fruto de una errata a la \u201cPlaza de la ciudadan\u00eda\u201d se la rebautiz\u00f3 como de la \u201ccuidadan\u00eda\u201d. Es un concepto nuevo, la \u201ccuidadan\u00eda\u201d, de importante potencial: \u201cSi ponemos el cuidado en el centro de nuestras vidas, se modifica toda nuestra aproximaci\u00f3n a los saberes, de manera que ya no es el PIB el valor que todo lo contabiliza\u201d, explica Marta Malo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n cambiar\u00eda el acercamiento a campos como la Biolog\u00eda, pues la vida se abre paso cooperando, de hecho, puede constatarse que el paso de una c\u00e9lula simple a una compleja tiene lugar mediante el v\u00ednculo y el acoplamiento. Adem\u00e1s de una nueva perspectiva, apunta Marta Malo, hacen falta instituciones \u2013no entendidas como el aparato del estado- sino como organizaciones y normas que apoyen la tarea de los cuidados. La investigadora asegura que no prescindir\u00eda de peque\u00f1as reformas como establecer un salario para el trabajo dom\u00e9stico, \u201cmedidas que no son transformadoras pero que pueden ser palancas de cambio\u201d. Se tratar\u00eda de apuntar, como hacen las redes de econom\u00eda solidaria, m\u00e1s all\u00e1 de los patrones establecidos para otorgar m\u00e1s tiempo al v\u00ednculo personal. \u201cTambi\u00e9n son necesarios los cambios en la forma de percibirnos, ya que el neoliberalismo nos dice que uno s\u00f3lo ha de mirar por s\u00ed mismo, sus inversiones y apuestas personales\u201d. En cambio, \u201cponer en el centro los cuidados nos obliga a estar en el mundo con los otros y a no desvincular nuestro cuidado personal del de los dem\u00e1s\u201d, remata la activista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La investigadora y activista Marta Malo destaca que la vida humana requiere cuidados que hoy no se garantizan. 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