{"id":8118,"date":"2018-03-07T15:43:30","date_gmt":"2018-03-07T13:43:30","guid":{"rendered":"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=8118"},"modified":"2018-03-07T15:43:30","modified_gmt":"2018-03-07T13:43:30","slug":"el-dia-en-que-las-mujeres-hicieron-huelga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=8118","title":{"rendered":"El d\u00eda en que las mujeres hicieron huelga"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El 24 de octubre de 1975, el 90 % de las mujeres islandesas se negaron a trabajar, cocinar y cuidar a los ni\u00f1os. El efecto fue incre\u00edble, como nos recuerda Annadis Rudolfsdottir.<\/strong><\/p>\n<div id=\"CuerpoNoticia\" class=\"noticia\">\n<div id=\"TextoNoticia\">\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><a href=\"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/arton11772-ab119.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-8119 size-full alignleft\" src=\"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/arton11772-ab119.jpg\" alt=\"\" width=\"368\" height=\"213\" srcset=\"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/arton11772-ab119.jpg 368w, https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/arton11772-ab119-300x174.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 368px) 100vw, 368px\" \/><\/a>El 24 de octubre de 1975, el 90 % de las mujeres islandesas se neg\u00f3 a trabajar, cocinar y cuidar a los ni\u00f1os. El efecto fue incre\u00edble, como nos recuerda Annadis Rudolfsdottir. Gudrun Jonsdottir todav\u00eda recuerda lo que llevaba puesto el 24 de octubre de 1975. Contaba 21 a\u00f1os de edad, era reci\u00e9n casada y ten\u00eda un ni\u00f1o peque\u00f1o; ese d\u00eda no pensaba cocinar, limpiar ni ir a trabajar. Tampoco mi madre, ni las madres de mis amigas, las empleadas de los supermercados, las maestras\u2026 en suma, alrededor del 90 % de las mujeres de Islandia.<\/p>\n<p>Una vecina, madre de tres ni\u00f1os revoltosos, se fue de casa a las ocho de la ma\u00f1ana y no volvi\u00f3 hasta el anochecer, dejando a la familia que se las compusiera por s\u00ed misma. Curiosamente, pese a que la sociedad islandesa qued\u00f3 casi paralizada ese bonito d\u00eda, sus mujeres nunca se hab\u00edan sentido tan vivas y resueltas. Cuando Naciones Unidas proclam\u00f3 1975 A\u00f1o de las Mujeres, se form\u00f3 un comit\u00e9 con representantes de cinco de las principales organizaciones de mujeres de Islandia con vistas a organizar actos conmemorativos.<\/p>\n<p>Un movimiento de mujeres radical, llamado Medias Rojas, fue el primero en formular la pregunta: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no vamos todas a la huelga?\u201d Eso ser\u00eda, seg\u00fan ellas, un fuerte toque de atenci\u00f3n a la sociedad sobre el papel que desempe\u00f1an las mujeres en su funcionamiento, sobre sus bajos salarios y el escaso valor que se otorga a su trabajo dentro y fuera del hogar. La idea se propag\u00f3 y finalmente el comit\u00e9 la aprob\u00f3, aunque solo despu\u00e9s de que la palabra \u201chuelga\u201d fuera sustituida por \u201cun d\u00eda libre\u201d. Pensaban que esto permitir\u00eda que la idea calara m\u00e1s f\u00e1cilmente entre las masas y pondr\u00eda en un aprieto a las empresas, que pod\u00edan despedir a las mujeres que hicieran huelga, pero tendr\u00edan problemas si les denegaban \u201cun d\u00eda libre\u201d.<\/p>\n<p>En los d\u00edas anteriores al 24 de octubre se formaban corros de mujeres en todas partes, tomando caf\u00e9 y fumando sin parar, pero hablando mucho de forma agitada. Mi abuela, que realizaba un trabajo incre\u00edblemente duro en una factor\u00eda de pescado, no pensaba tomarse el d\u00eda libre, pero las cuestiones planteadas por los movimientos de mujeres le fueron rondando la cabeza. \u00bfPor qu\u00e9 los hombres j\u00f3venes se embolsaban salarios m\u00e1s altos que ella si su tarea no era f\u00edsicamente menos extenuante.<\/p>\n<p>Mi madre, que ten\u00eda entonces 28 a\u00f1os y trabajaba en una granja lechera, tuvo que hacer uso de todo su arte negociador para convencer a su jefa, una mujer muy trabajadora que superaba la cincuentena, de que ese d\u00eda deb\u00edan dejar de trabajar.<\/p>\n<p>Cuando mi madre fue a la casa de su jefa para proponerle acudir a una concentraci\u00f3n convocada en el centro de Reykjavik, la encontr\u00f3 expiando su sentimiento de culpa por no trabajar cocinando como loca. En Reykjavik se concentraron unas 25 000 mujeres para escuchar discursos, cantar y debatir: un n\u00famero espectacular, teniendo en cuenta que la poblaci\u00f3n islandesa sumaba entonces poco menos de 220 000 habitantes. Las mujeres proced\u00edan de todos los \u00e1mbitos: j\u00f3venes y viejas, abuelas y escolares; algunas llevaban su uniforme de trabajo, otras se hab\u00edan arreglado.<\/p>\n<p>\u201cFue realmente la base popular\u201d, recuerda Elin Olafsdottir, quien contaba entonces 45 a\u00f1os de edad y m\u00e1s tarde represent\u00f3 a la Alianza de Mujeres en el ayuntamiento de Reykjavik. \u201cFue, y lo digo en serio, una revoluci\u00f3n tranquila.\u201d Este sentido de unidad, de calma y firmeza tranquila es lo que recuerdan la mayor\u00eda de mujeres de aquella jornada. Gerdur Steinthorsdottir, que era estudiante de 31 a\u00f1os en la Universidad de Islandia y ahora es maestra, ayud\u00f3 a organizar la concentraci\u00f3n. Afirma que la participaci\u00f3n fue tan amplia porque las mujeres de todos los partidos pol\u00edticos y de los sindicatos se sintieron capaces de cooperar entre ellas y hacer que sucediera.<\/p>\n<p>La atm\u00f3sfera en la concentraci\u00f3n fue incre\u00edble. Sigrun Bjornsdottir era una estudiante de 19 a\u00f1os y acababa de descubrir que estaba embarazada. Fue un tiempo dif\u00edcil, recuerda, pero participar en la concentraci\u00f3n le hizo sentir que estaba conectada con una fuerza mayor, que estaba empoderada. Mientras, Gudrun Jonsdottir, de 21 a\u00f1os, se encontraba en medio de la muchedumbre, llorando en silencio.<\/p>\n<p>No pod\u00eda creer que una vieja amiga de la familia, Adalheidur Bjarnfredsdottir, fuera una de las principales oradoras del encuentro. Representaba a Sokn, el sindicato de las mujeres peor pagadas de Islandia. La lectura de su primer discurso p\u00fablico provoca ahora escalofr\u00edos.<\/p>\n<p>\u201cLos hombres gobiernan el mundo desde tiempos inmemoriales y \u00bfqu\u00e9 ha sido de este mundo?\u201d, pregunt\u00f3 con su voz profunda y \u00e1spera. Respondi\u00e9ndose a s\u00ed misma, describi\u00f3 un mundo ensangrentado, una tierra contaminada y explotada casi hasta la ruina. Una descripci\u00f3n que hoy parece m\u00e1s cierta que nunca. Los hombres islandeses casi no daban abasto. La mayor\u00eda de empresas no montaron ning\u00fan esc\u00e1ndalo por el absentismo de las mujeres, sino que trataron de prepararse para la llegada de ni\u00f1os sobreexcitados que tendr\u00edan que acompa\u00f1ar a sus padres al trabajo.<\/p>\n<p>Algunos de estos salieron a comprar dulces y reunieron l\u00e1pices y papel en un intento de mantener a la prole ocupada. Las salchichas, la comida preparada favorita de la \u00e9poca, se agotaron en los supermercados y muchos maridos acabaron sobornando a los ni\u00f1os mayores para que cuidaran de sus hermanos peque\u00f1os. Las escuelas, tiendas, guarder\u00edas, factor\u00edas de pescado y otros establecimientos tuvieron que cerrar o funcionar a medio gas.<\/p>\n<p>Las mujeres responsables de componer el Morgunbladid, uno de los peri\u00f3dicos m\u00e1s le\u00eddos de Islandia, volvieron al trabajo a medianoche, como Cenicienta. Al d\u00eda siguiente, el diario ten\u00eda la mitad de p\u00e1ginas y los art\u00edculos solo hablaban de la huelga. Las cajeras de los bancos que vieron c\u00f3mo sus puestos estaban ocupados por sus superiores hombres, se dieron el gustazo de acudir al banco y hacerles trabajar. Para muchos padres, que al final del d\u00eda estaban exhaustos, aquello fue un momento de la verdad. No es extra\u00f1o que ese d\u00eda fuera bautizado m\u00e1s tarde por ellos con el nombre de \u201cel largo viernes\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ganaron las mujeres islandesas con todo esto? Para muchas, fue un aldabonazo que les abri\u00f3 los ojos. Yo, como muchas mujeres de mi generaci\u00f3n, ese d\u00eda me volv\u00ed feminista, a mi tierna edad de 11 a\u00f1os, y eso a pesar de que tuve que quedarme en casa sola con mi hermana de 9 a\u00f1os, enfadada por no poder asistir a la concentraci\u00f3n. Fue un acicate para la acci\u00f3n y muchas sienten que la solidaridad que mostraron ese d\u00eda las mujeres abri\u00f3 el camino para la elecci\u00f3n, cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, de Vigdis Finnbogadottir, la primera mujer del mundo elegida democr\u00e1ticamente presidenta. Finnbogadottir tambi\u00e9n lo cree firmemente. \u201cDespu\u00e9s del 24 de octubre, las mujeres pensaron que era hora de que una mujer fuera presidenta\u201d, dice. \u201cEl dedo me apunt\u00f3 a m\u00ed y yo acept\u00e9 el reto.\u201d<\/p>\n<p>Sin embargo, 30 a\u00f1os despu\u00e9s tambi\u00e9n hay una sensaci\u00f3n de decepci\u00f3n. Bjornsdottir, la estudiante embarazada que ahora se encarga de las relaciones p\u00fablicas del departamento de educaci\u00f3n del ayuntamiento de Reykjavik, est\u00e1 triste porque su hija ya no se ha beneficiado de lo que ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>Una estad\u00edstica muy comentada estos d\u00edas muestra que las mujeres islandesas cobran en promedio tan solo un 64,15 % de lo que suelen percibir los hombres. As\u00ed que hay un llamamiento para que el pr\u00f3ximo lunes, cuando se celebra el 30\u00ba aniversario de aquella huelga, las mujeres abandonen su puesto de trabajo a las 14 horas y 8 minutos, pues a esa hora ya se habr\u00edan ganado su salario si ganaran lo mismo que los hombres.<\/p>\n<p>Tienen planeado saquear previamente su cocina y llevarse cazos y sartenes al trabajo para organizar caceroladas y armar mucho ruido. Est\u00e1 por ver si las autoridades les escuchar\u00e1n.<\/p>\n<p>Fuente:\u00a0<a href=\"http:\/\/vientosur.info\/spip.php?article11772\">http:\/\/vientosur.info\/spip.php?article11772<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 24 de octubre de 1975, el 90 % de las mujeres islandesas se negaron a trabajar, cocinar y cuidar a los ni\u00f1os. El efecto fue incre\u00edble, como nos recuerda Annadis Rudolfsdottir. 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