{"id":8604,"date":"2018-06-09T08:42:29","date_gmt":"2018-06-09T06:42:29","guid":{"rendered":"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=8604"},"modified":"2018-06-06T07:33:47","modified_gmt":"2018-06-06T05:33:47","slug":"las-zapatistas-rebeldes-entre-los-rebeldes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=8604","title":{"rendered":"Las zapatistas: rebeldes entre los rebeldes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En las monta\u00f1as del sureste mexicano las mujeres zapatistas tejen su propia lucha. Dos de ellas, nacidas en diferentes generaciones, comparten un poco de su historia. Sus relatos muestran los avances en la igualdad de g\u00e9nero y las batallas que han librado en un pa\u00eds en el que se asesina a siete mujeres cada d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/zapatistas-encuentro-870x579.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-8605 size-full\" src=\"http:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/zapatistas-encuentro-870x579.jpeg\" alt=\"\" width=\"870\" height=\"579\" srcset=\"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/zapatistas-encuentro-870x579.jpeg 870w, https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/zapatistas-encuentro-870x579-300x200.jpeg 300w, https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/zapatistas-encuentro-870x579-768x511.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 870px) 100vw, 870px\" \/><\/a>Caracol Morelia, Altamirano, Chiapas. Al interior del alzamiento ind\u00edgena zapatista hay otra rebeli\u00f3n: la de sus mujeres. Y esa lucha, como dicen ellas, avanza seg\u00fan su modo, su lugar y su tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLa rabia por las chingaderas\u201d desde hace siglos cometidas por colonizadores y mestizos las llev\u00f3 al Ej\u00e9rcito Zapatista de Liberaci\u00f3n Nacional (EZLN). Y la desigualdad, que no termina, las mantiene en inconformidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonia y Mayra, separadas por tres d\u00e9cadas de vida, encarnan la subversi\u00f3n de lo cotidiano. Ellas y otras 2 mil zapatistas se reunieron con unas 5 mil mujeres de todo el mundo, del 7 al 11 de marzo pasado, en las monta\u00f1as del sureste mexicano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apartaron a los hombres de sus d\u00edas, se alejaron de sus comunidades, ciudades y rutinas. Crearon un mundo pasajero en el\u00a0Primer Encuentro Internacional, Pol\u00edtico, Art\u00edstico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, convocado por las zapatistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada mujer y cada comunidad de mujeres pudo comparar los avances, obst\u00e1culos y formas de lucha por la igualdad de g\u00e9nero. Muchas calificaron el encuentro como hist\u00f3rico. Nunca antes, a llamado de una organizaci\u00f3n opositora al capitalismo, se hab\u00eda concentrado tal cantidad de mujeres de tantas partes del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reuni\u00f3n se llev\u00f3 a cabo en el Caracol Morelia. Un caracol zapatista es una unidad de autogobierno, el centro administrativo de una regi\u00f3n de municipios aut\u00f3nomos. Hasta ahora se han conformado cinco: adem\u00e1s de Morelia, La Realidad, La Garrucha, Roberto Barrios y Oventic.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La convocatoria, emitida en diciembre de 2017, subrayaba que los hombres no estaban invitados. A pesar del aviso, muchos se presentaron, as\u00ed que acamparon en las afueras. No pudieron ingresar a la vasta sede, conformada por auditorios, aulas, escenarios, cocinas, galerones que sirvieron de dormitorios, ba\u00f1os, regaderas y una explanada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n estuvieron fuera del caracol los hombres zapatistas, quienes se dedicaron a cocinar los alimentos para sus compa\u00f1eras. El primer d\u00eda se les quem\u00f3 el arroz.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">La victoria de las zapatistas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ind\u00edgenas de Chiapas llevan m\u00e1s de 500 a\u00f1os soportando vejaciones, desde la colonizaci\u00f3n, cuando sus cuerpos fueron utilizados para crear el mestizaje. Luego, a pesar de la emancipaci\u00f3n de los mexicanos, ellas segu\u00edan sirviendo a caciques, gobiernos y, a veces, hasta a los suyos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La rebeli\u00f3n zapatista ofrec\u00eda a los ind\u00edgenas luchar por tierra, alimentaci\u00f3n, salud, educaci\u00f3n, independencia, justicia y paz. Pero las ind\u00edgenas pronto se dieron cuenta que el movimiento les podr\u00eda dar tambi\u00e9n libertades que no hab\u00edan experimentado antes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed que,\u00a0<strong>ya como zapatistas, exigieron facultades: \u201cQueremos que no nos obliguen a casarnos con el que no queremos. Queremos tener los hijos que queramos y podamos cuidar. Queremos derecho a tener cargo en la comunidad\u201d, reclamaron en marzo de 1993.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquel a\u00f1o se discut\u00edan las leyes zapatistas en el Comit\u00e9 Clandestino Revolucionario Ind\u00edgena (CCRI). Debat\u00edan, por ejemplo, la legislaci\u00f3n agraria, la del trabajo o la de justicia. Las normas eran necesarias para su organizaci\u00f3n y deb\u00edan estar listas antes del levantamiento armado de 1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La asamblea transcurr\u00eda sin mayor dificultad, hasta que toc\u00f3 el turno de la ley de mujeres. El subcomandante Marcos, ahora Galeano, ha relatado que muchos de plano se opon\u00edan a consentirla. Entonces, ellas amagaron con no aprobar la ley agraria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su estrategia funcion\u00f3. El 1 de enero de 1994, cuando el movimiento ind\u00edgena en Chiapas sali\u00f3 a la luz y sorprendi\u00f3 a medio mundo, las zapatistas ten\u00edan ya una ley que les reconoc\u00eda derechos hasta entonces negados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u201cNinguna mujer podr\u00e1 ser golpeada o maltratada f\u00edsicamente ni por familiares ni por extra\u00f1os. Los delitos de intento de violaci\u00f3n ser\u00e1n castigados severamente\u201d, dice la octava regla.<\/strong>\u00a0S\u00ed, era necesario ponerlo en ley.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las rebeldes iniciaban la guerra contra el gobierno con una victoria sobre sus propios compa\u00f1eros. El mandato iba incluso contra los usos y costumbres de sus comunidades: \u201cLas mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio\u201d, establece la s\u00e9ptima norma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonia, de 52 a\u00f1os, recuerda que para esa ley se consult\u00f3 antes a muchas mujeres, como ella. Ahora siente \u201cfelicidad en el coraz\u00f3n\u201d porque una mujer es la vocera del Congreso Nacional Ind\u00edgena (CNI):\u00a0Mar\u00eda de Jes\u00fas Patricio, Marichuy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El CNI, que entre sus organizaciones miembro est\u00e1 el EZLN, eligi\u00f3 a Marichuy como su representante cuando intentaron participar en las elecciones presidenciales de este 2018, cosa que no lograron.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Antonia, mala mujer<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las casi tres d\u00e9cadas que Antonia lleva en el zapatismo ha lidiado con gobiernos injustos, un marido alcoh\u00f3lico y un yerno que \u201crega\u00f1a\u201d a su hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se cas\u00f3 a los 17 a\u00f1os. A los 23, cuando ten\u00eda dos hijos, su esposo le habl\u00f3 de una organizaci\u00f3n en la que luchar\u00edan para que a los ind\u00edgenas ya \u201cno nos trataran mal\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda notado que su marido iba a reuniones de las que nada contaba, pero no se atrev\u00eda a preguntar. \u201cNo me daba valor. Callada me quedaba\u201d.\u00a0<strong>Era 1989 y el movimiento a\u00fan estaba en la clandestinidad. Seg\u00fan relatan otras zapatistas, los hombres no les quer\u00edan revelar el secreto \u201cporque dec\u00edan que las mujeres somos chismosas\u201d.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero una noche, mientras su esposo tomaba caf\u00e9, le confes\u00f3 que \u00e9l ya era integrante de aquella organizaci\u00f3n de ind\u00edgenas. \u201cNom\u00e1s me pregunt\u00f3: \u2018\u00bftambi\u00e9n quieres estar con nosotros?\u2019. Yo le dije que s\u00ed, ni modo que lo dejara solo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los meses posteriores al levantamiento en enero de 1994 los pas\u00f3 llena de angustia, \u201ctemiendo que el Ej\u00e9rcito Mexicano se llevara a mi esposo, o a los compa\u00f1eros\u201d, recuerda. Aunque \u00e9l no particip\u00f3 en la toma de San Crist\u00f3bal de las Casas y otras cuatro cabeceras municipales, realiz\u00f3 actividades de vigilancia y bloqueo en una comunidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta delgada mujer era parte de las bases de apoyo cuando el EZLN se alz\u00f3 contra el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Tambi\u00e9n cuando en San Andr\u00e9s Larr\u00e1inzar se pactaron acuerdos sobre derecho y cultura ind\u00edgenas, mismos que las autoridades no cumplieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, hubo un periodo en que sali\u00f3 de la organizaci\u00f3n. \u201cMi marido ten\u00eda carrera alcoh\u00f3lica\u201d, y en las comunidades aut\u00f3nomas zapatistas las drogas y el alcohol est\u00e1n prohibidos. \u201cPoco dinerito que ganaba, lo echaba en trago. A nosotros nos dejaba con hambre\u201d. Ella sola ten\u00eda que cuidar a los siete hijos que tuvieron, atender los quehaceres dom\u00e9sticos, sembrar milpa y soportar los maltratos de un hombre embrutecido por el alcohol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEl alcohol los pone tontos de su cabeza, o sea que no siempre saben\u201d, intenta justificar. Lo mismo pensaban las autoridades municipales, pues aprovechaban cuando su esposo estaba tomado para tratar de afiliarlo a programas sociales del gobierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los zapatistas rechazan la ayuda gubernamental, pues ha sida utilizada para condicionar el voto, y porque es un paliativo que no resuelve el problema de la pobreza. As\u00ed que Antonia siempre andaba al pendiente y nunca pudieron inscribirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero bien que procuraron. Alguna vez, refiere, el alcalde les envi\u00f3 tabiques para construir su casa. Ella, a nombre de su esposo, repudi\u00f3 la d\u00e1diva no solicitada, a pesar de que en ese momento se hab\u00edan separado del zapatismo. Entonces, el pol\u00edtico los mand\u00f3 llamar. \u201cDijo que nos daba un mes para que lo pens\u00e1ramos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cabo de ese lapso representantes del edil fueron por la respuesta. \u201cNo estaba mi esposo, andaba por all\u00e1, en el trago. Les dije que no\u201d. En represalia, les cortaron el paso del agua y la electricidad. Antonia ten\u00eda m\u00e1s trabajo: acarrear el l\u00edquido desde muy lejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Defenderse de las presiones del gobierno, hacerse cargo de toda la familia y aguantar la violencia de su esposo no era vida. Y no se resign\u00f3. Tal como todos los zapatistas dijeron en 1994: \u201c\u00a1Basta!\u201d a los abusos de autoridades y caciques, ella proclam\u00f3 un \u201cbasta\u201d a esa situaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Intern\u00f3 a su marido en el centro de ayuda para adictos m\u00e1s cercano, en un pueblo a cinco horas de su casa. \u00c9l se escap\u00f3 dos veces y ella lo llev\u00f3 de nuevo. Hace casi 15 a\u00f1os que ya no toma ni una gota de alcohol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe dicen que soy mala mujer porque no dej\u00e9 que siguiera con su carrera alcoh\u00f3lica. Me ten\u00eda que aguantar, creen. Pero no es cierto, por algo ac\u00e1 en la organizaci\u00f3n dicen que a las mujeres no nos deben malhablar\u201d, explica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De sus siete hijos e hijas s\u00f3lo una es parte del movimiento rebelde, y est\u00e1 casada tambi\u00e9n con un miembro de esa comunidad aut\u00f3noma. \u201cHay veces que la miro bien, hay veces que no, es que su marido la rega\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonia les sugiere platicar, pero antes \u201cque contenten su coraz\u00f3n. Le digo que no deje la rega\u00f1e. Ya nosotras las mujeres no nos dejamos como antes. Pero ella debe hablar bien, sin coraje su coraz\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hija de Antonia eligi\u00f3 al hombre con quien est\u00e1 casada. Antonia no, sus padres arreglaron el matrimonio sin su consentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cYa no se hace as\u00ed\u201d, asegura Mayra, una joven de 24 a\u00f1os. \u201cMis pap\u00e1s no me dicen \u2018c\u00e1sate\u2019. Tampoco me dicen \u2018no te cases\u2019. Es cuando yo quiera y orita no quiero\u201d, dice y se echa a re\u00edr.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la apertura del encuentro de mujeres, la capitana Erika enuncia bajo un sol intenso: \u201cLo que vemos, hermanas y compa\u00f1eras, es que nos est\u00e1n matando. Y que nos matan por ser mujeres, como que es nuestro delito y nos ponen la sentencia de muerte\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la explanada del Caracol Morelia, tambi\u00e9n llamado \u201cTorbellino de nuestras palabras\u201d, revolotea esa declaraci\u00f3n. En particular le da vuelta a las mexicanas, porque las cifras oficiales de asesinatos de mujeres en el pa\u00eds es de siete en promedio cada d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el aire trae para todas otra voz, tambi\u00e9n de la capitana. Sugiere que, cuando pregunten a qu\u00e9 se lleg\u00f3 en el encuentro, \u201custedes digan: Acordamos vivir. Y como para nosotras vivir es luchar, pues acordamos luchar cada quien seg\u00fan su modo, su lugar y su tiempo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mayra escucha el pacto desde la entrada al caracol, le toc\u00f3 resguardarla. Se muestra feliz porque est\u00e1 con miles de mujeres. Es una gran ocasi\u00f3n, as\u00ed que adorn\u00f3 sus ojos caf\u00e9s con delineador negro, y con r\u00edmel se hizo unas pesta\u00f1as de abanico. Su vestido tradicional de la cultura tojolabal es un arco\u00edris plisado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>En enero de 1994, cuando el EZLN se levant\u00f3 en armas, ella a\u00fan estaba dentro de su madre. Y su madre dentro del movimiento. A los pocos d\u00edas vino al mundo. \u201cNo conozco qu\u00e9 es vivir de otra manera, nac\u00ed zapatista\u201d, afirma con orgullo.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en ese desconocimiento de otras formas de vida hay algo completamente ajeno a ella: \u201cHe o\u00eddo que en M\u00e9xico, bueno, all\u00e1 en lugares, matan siete mujeres diario\u201d, dice con extra\u00f1eza, como si hablara de otro pa\u00eds y no del suyo. \u201cEn el territorio aut\u00f3nomo donde vivo eso no pasa\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Mayra platica casi siempre sonr\u00ede, o eso parece, la m\u00e1scara le tapa casi toda la cara. S\u00f3lo se pone seria cuando toca el tema de las muertes. Es una joven curiosa. \u201c\u00bfT\u00fa has visto eso de la violencia feminicida?\u201d, cuestiona. \u201c\u00bfDe d\u00f3nde eres?, \u00bfde tan lejos?, \u00bfcu\u00e1ntos a\u00f1os tienes?, \u00bfya conoc\u00edas aqu\u00ed?, \u00bfno quieres ir a La Realidad?\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella vive en el Caracol La Realidad, en la frontera con Guatemala. Tambi\u00e9n se le nombra \u201cCaracol madre de los caracoles del mar de nuestros sue\u00f1os\u201d, fue el primero de los cinco espacios auton\u00f3micos. Se cre\u00f3 en 2003. \u201cHay hospitales, escuelas, est\u00e1 grande\u201d, describe la joven.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la tercera de cuatro hermanos, dos mujeres y dos hombres. Los varones ya se casaron, as\u00ed que ahora sus esposas les hacen de comer. \u201cAntes nosotras (ella, su mam\u00e1 y su hermana) les hac\u00edamos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Mayra ten\u00eda 21 a\u00f1os tuvo un novio, \u201cpero luego ya no\u201d, conf\u00eda en entrevista. \u201cOrita no quiero novio\u201d, y su risa franca le da seriedad a su declaraci\u00f3n. Un d\u00eda se casar\u00e1, admite, pero ahora decide estar soltera. Hace unos a\u00f1os era inusual que a una mujer no la hubieran casado a esa edad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas comienza a contar que le gusta mucho bailar, como cualquier zapatista que se precie de serlo. Pero en ese momento llega una compa\u00f1era suya. La llama desde la reja del caracol. Mayra se despide sonriendo con los ojos y dice: \u201cNos miramos luego, cuando vayas a La Realidad\u201d.<\/p>\n<p>Fuente:\u00a0<a href=\"http:\/\/www.pikaramagazine.com\/2018\/05\/las-zapatistas-rebeldes-entre-los-rebeldes\/\">http:\/\/www.pikaramagazine.com\/2018\/05\/las-zapatistas-rebeldes-entre-los-rebeldes\/<\/a><\/p>\n<div id=\"ssba-classic-2\" class=\"ssba ssbp-wrap left ssbp--theme-1\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En las monta\u00f1as del sureste mexicano las mujeres zapatistas tejen su propia lucha. Dos de ellas, nacidas en diferentes generaciones, comparten un poco de su historia. Sus relatos muestran los avances en la igualdad de g\u00e9nero y las batallas que &hellip; <a href=\"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/?p=8604\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"gallery","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,45,25],"tags":[],"class_list":["post-8604","post","type-post","status-publish","format-gallery","hentry","category-accion-social","category-feminismo","category-internacional","post_format-post-format-gallery"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8604","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8604"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8604\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8606,"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8604\/revisions\/8606"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8604"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8604"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cgtcantabria.org\/wp\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8604"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}