Categorías
Acción Social

Los ciudadanos griegos no ven la luz al final del túnel

«Ya hemos dejado atrás las peores etapas de la crisis». Panaghiota Mourtidou, la jovial fundadora de un grupo de voluntarios, le ha dado muchas vueltas a esta afirmación, pronunciada días atrás por el primer ministro griego. Aunque ya han pasado unos días desde que Alexis Tsipras considerara oportuno hacer estas declaraciones, la voluntaria sigue mostrando su desconcierto. «Es obvio que los políticos no conocen la realidad de la calle –afirma–, porque lo cierto es que la situación no podría ser peor».

Han pasado cuatro años desde que the Guardian habló por primera vez con Mourtidou. En esa ocasión, preparaba paquetes de comida en el Club Solidario donde ella y otros ciudadanos concienciados ayudaban como voluntarios. Se ponían delante de la sede local del Partido Syriza. Por aquel entonces, la voluntaria, votante de izquierdas, creía que Tsipras y Syriza, un partido que era considerado radical, eran los únicos que podían salvar Grecia y evitar el colapso económico.

Tsipras prometió poner fin a las medidas de austeridad. Su puño en alto y su discurso apasionado consiguieron conectar con el sentimiento de justicia de la mujer. En el verano de 2013, cuando faltaban casi 18 meses para que ganara las elecciones, el político era «la gran esperanza, la gran promesa de un futuro mejor».

Sin embargo, el cambio radical de Tsipras y el hecho de que haya impulsado algunos de los recortes presupuestarios más drásticos desde el inicio de la crisis griega, así como el hecho de que haya subido los impuestos, han fulminado las esperanzas que  Mourtidou había depositado en él. Ahora, el Club Solidario ya no tiene su sede delante de la sede de Syriza sino en un local que había sido un supermercado. Y el estado de ánimo de ella oscila entre la decepción y la rabia. «¿Cómo se supone que alguien puede sobrevivir con un salario mínimo de 490 euros y pagar semejantes impuestos?», pregunta mientras apila paquetes de arroz, pasta y legumbres. Todos los días proporciona alimentos a personas necesitadas. «En estos momentos, 51 familias dependen de nosotros y muchas están desesperadas. De acuerdo, Grecia ha conseguido evitar la quiebra y ha mejorado su relación con los mercados pero ¿podría ser que este proceso haya dejado a muchos ciudadanos en la más absoluta de las bancarrotas?».

Con sus muebles de llamativos colores, su política de puertas abiertas y un lema del filósofo William James sobre la importancia de ayudar a los demás, el Club Solidario es una muestra de la resistencia de los griegos cuando están bajo presión. La crisis de la deuda griega, con la consiguiente deflación interna para evitar la salida del euro y muchas medidas de austeridad, ha entrado en su octavo año. El Club Solidario tiene su sede en uno de los distritos sacudidos por la crisis. No se trata de uno de los barrios más pobres de Atenas, uno de esos barrios donde los vecinos siempre han tenido problemas para llevar un plato de comida a la mesa. Esta organización de voluntarios tiene su sede en Koukaki, un barrio donde viven aquellos que quieren estar cerca de la Acrópolis pero que no se pueden permitir un vivienda cerca de la avenida que la rodea.

El drama de las pensiones

Chryssa Christodoulaki y su marido Anestis viven en Koukaki desde hace casi cincuenta años. Con la llegada de la crisis y la subida de impuestos, ella se vio obligada a cerrar su peluquería. Esta peluquera, formada en Francia, había cotizado a la seguridad social durante 45 años y su pensión tenía que garantizarle unos ingresos más que decentes. «En un inicio, mi pensión de jubilación tenía que ser de 1.750 euros al mes», explica. Los recortes presupuestarios hicieron que esta cifra bajara. «La pensión pasó a ser de 1.430 euros mensuales y ahora es de 960 euros mensuales», lamenta: «Anestis también ha sufrido las consecuencias de la crisis. Siempre trabajó para una empresa y tampoco percibe la jubilación que esperaba».

Es difícil verbalizar lo ocurrido. Grecia se vio sacudida por una dictadura militar y la vida de los griegos mejoró con la llegada de una democracia que se ha consolidado durante 43 años. Ahora, Chryssa Christodoulaki y su marido ya no están seguros de pertenecer a la clase media. Su sueño de vivir en Creta tras su jubilación se ha desvanecido. Muy probablemente tengan que seguir trabajando.

«A menudo hablamos sobre nuestra situación», explica la mujer, de 68 años, que sigue peinando a clientas para poder llegar a fin de mes. «Se supone que la clase media tiene una vida confortable. Nosotros nos hemos empobrecido y tenemos hijos adultos que no encuentran trabajo, que no quieren irse del país y que dependen de nosotros. Es la peor parte; una generación entera que solo ha conocido la crisis y que tal vez nunca encuentre un trabajo y no pueda formar una familia o construir una vida».

Como muchas otras ciudades, Atenas ha sufrido los peores efectos de una crisis que ha hecho que el rendimiento económico del país disminuyera en un 26%. Según un estudio del thinktank DiaNeosis, en 2015 los ingresos del 15% de la población, es decir, de 1.647.703 personas, se situaron por debajo del umbral de la extrema pobreza, en comparación con el 2,2% registrado en el año 2009. Durante ese mismo periodo, según el Banco de Grecia, los hogares griegos vieron cómo el valor de su patrimonio disminuía un 40%. El desempleo, el efecto más pernicioso de las medidas de austeridad, es del 22%; el más alto de la Unión Europea, a pesar de que en los dos últimos años ha bajado un 5%.

Lo peor ya ha pasado, es cierto

Aunque si hablamos de ajuste fiscal es cierto que lo peor ya ha pasado, son pocos los que creen que Grecia podrá evitar un cuarto rescate. Probablemente no consiga evitarlo aunque haya recuperado el acceso a los mercados cuando el programa auspiciado por la UE y el FMI termine en agosto del año próximo.

«Resulta difícil imaginar que el país pueda recuperar el control de la situación y conseguir la suma de dinero necesaria para refinanciar su deuda», indica Kyriakos Pierrakakis, director de investigación en DiaNeosis: «Muy probablemente necesitará una nueva línea de crédito, un rescate, y este llegará acompañado de nuevas condiciones».

En este contexto, resulta difícil creer al gobierno cuando asegura que el país se está recuperando. La afirmación de Tsipras se basa en el hecho de que Grecia ha podido cumplir con los pagos del mes de julio gracias a que la semana pasada el Eurogrupo alcanzó un acuerdo para desbloquear 8.500 millones de euros tras lograr un acuerdo para cerrar la segunda revisión del rescate.

Al sur de la capital, en la localidad de Kaisariani, un feudo del Partido Comunista, las autoridades locales se preparan para el invierno. En el Ayuntamiento, un gigantesco edificio de cemento que fue construido en la década de los sesenta, el departamento de servicios sociales ha preparado eventos para recaudar fondos, como conciertos y obras de teatro, para comprar alimentos. Hasta ahora eran los supermercados y los colmados de la localidad los que donaban comida a los más necesitados pero se han visto superados por la situación. «La cifra de personas que necesitan comida se ha multiplicado», explica Marilena Christodoulou. En una pared de su despacho ha colgado un letrero con el lema «la pobreza no es un delito».

El empobrecimiento de los ciudadanos ha provocado pesimismo pero también olas de solidaridad. En Keraneikos, al otro lado de la Acrópolis, el padre Ignatios, de la Iglesia Ortodoxa, dirige el Centro Galini, que en un inicio servía «sopas» pero que en la actualidad proporciona refugio a las personas sin techo, asistencia dental gratuita y grupos de estudio para los niños.

Los «pobres invisibles»

Los usuarios del centro son «pobres invisibles»; personas que todavía tienen una casa pero que están desempleadas o tienen deudas y ya no pueden pagar sus facturas. «Muchos de ellos son personas de clase media que no quieren que se sepa que están en esta situación porque están avergonzadas», lamenta. «La situación está empeorando, necesitamos ayuda, mucha más ayuda».

Desde el inicio de la crisis, los voluntarios que trabajan con el Padre Ignatios han cocinado diariamente para 350 personas. Sin embargo, cada vez son más los que llaman a las puertas del centro y cada vez tienen más dependencia económica de la conocida organización de distribución de alimentos Boroume.

Fundada por Xenia Papastavrou en 2011, esta organización humanitaria ha proporcionado 14 millones de raciones de comida. Aunque ha tenido un éxito sin precedentes, Papastavrou asegura que sus voluntarios no pueden bajar la guardia. Han pasado cuatro años desde que the Guardian la entrevistó por última vez, y desde entonces la crisis se ha transformado en un gran monstruo que ha atacado de forma cruel e inaudita a los griegos de clase media.

«Esta crisis ha tenido varias etapas», indica Papastavrou, que ahora dirige la iniciativa Giving for Greece de la Fundación Bodossaki. «Cada etapa ha representado un nuevo reto para la sociedad y este reto solo puede ser abordado si la iglesia, el gobierno y el sector privado colaboran para que los recursos no se pierdan por el camino, lleguen a las personas que más lo necesitan y los grupos solidarios tengan el mayor impacto posible».

El gobierno de Syriza presume de haber ayudado a los más afectados por la crisis. Les ha proporcionado cupones de alimentos y ayudas para el pago del alquiler y comidas escolares gratuitas. También ha garantizado la atención sanitaria gratuita a 2,5 millones de personas que carecían de un seguro médico.

«Para los más pobres entre los pobres, la llegada de Syriza al poder ha sido beneficiosa», indica Mourtidou. «Sin embargo, no ha hecho lo que quería la gran mayoría de griegos y esto es muy peligroso. En un inicio, Tsipras supo calmar a los ciudadanos. Ahora, ya no hay otro Tsipras que nos pueda prometer un mundo mejor y me da miedo que la tierra empiece a temblar. La extrema derecha podría ser la siguiente alternativa».

No es la única que lo piensa. Los griegos han hecho frente a la crisis con una actitud resistente pero impera la incertidumbre. En este contexto de ira y decepción, a muchos les preocupa que la crisis de lugar a nuevos monstruos.

«La incertidumbre ha pasado a ser normal», señala el profesor de psicología Fotini Tsalikoglou: «podría degenerar en apatía, violencia, más incertidumbre…todavía no lo sabemos».

Traducido por Emma Reverter

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/Crisis-deuda-griega-ciudadanos-final_0_670883593.html

Categorías
Acción Social

Movilización internacional el #6Agosto por la liberación de las 43 personas presas en Hamburgo

Llamada para una campaña que conduzca a una manifestación internacional en Hamburgo para solicitar la liberación de todas y todos los que aún se encuentran en las cárceles alemanas después de las jornadas del G20.

Pasadas más de dos semanas después del G20, el tiempo de detención de los presos de Hamburgo se alarga cada día más. No hay ninguna intención por parte del tribunal ordinario de celebrar procesos a corto plazo – se habla de un máximo de seis meses. La fiscalía ha impedido cualquier solicitud de libertad bajo fianza y arresto domiciliario aludiendo al peligro de fuga.

Mientras reacciona con la violencia brutal a la que nos tienen habituados, el brazo armado del poder ha sido puesto en jaque por parte de la totalidad de las prácticas de los manifestantes durante las jornadas del anti G20. Por eso, el lazo de la represión ahora se cierne en torno a los cuerpos de los presos.

Durante estos días, han llegado las primeras cartas por parte de los detenidos. A la primera, la de Riccardo, ha seguido el testigo de Maria, compañera de Feltre presa durante la mañana del 7 de julio y detenida en Billwerder.

La reproducimos a continuación:

“Viernes, 14 de julio de 2017

Tal día como hoy, hace dos siglos, el pueblo alzado en armas asaltaba la Bastilla. Hoy, los que celebran esta fecha de la fundación de las democracias actuales, levantan nuevas Bastillas por todas partes. Nadie tiene que estar aquí dentro. Nunca más. Es demasiado para una persona sola. Hay menores, mujeres embarazadas, mujeres con bebés y mujeres que tendrían que estar en un hospital, todas con los mismos monos grises. Sé que estáis haciendo todo lo posible para sacarme fuera de aquí y os lo agradezco. Siento haceros estar preocupados. Aquí tengo vuestro telegrama, en realidad esperaba salir hoy y agradecéroslo en persona. Pero aquí estoy de nuevo, la apelación no se confirmó. Aunque seguramente ya sabréis algo más cuando os llegue esta carta.

Éramos cinco en la misma situación aquí en mi ala. Las dos alemanas salieron el miércoles, hoy ha salido la chica venezolana, pero con una fianza de 10.000 euros. Sí, diez mil. Quedamos una chica kurda y yo. ¡Ella es tan fuerte…! Siempre positiva, a pesar de tener dos hermanos muertos por luchar en Kurdistán. La única cosa positiva aquí son las relaciones que se crean. Son todas tan amables, altruistas. Todas están dispuestas a darte un abrazo. Sobre el resto ya no tengo ninguna ilusión. El otro día nos hicieron salir a las tres con la excusa de tener que hablar con un abogado, en realidad querían sacarnos el ADN. Aquí hay que esperar siempre lo peor, y no es ésa mi naturaleza.

La primera prisión en la que nos habían metido era un edificio prefabricado con cuartuchos de 10 metros cuadrados. Allí dentro éramos 5 durante 2 días sin nada, sin ventanas, teniendo que pedir permiso para beber y para ir al baño a un guardia que te vigila. Prácticamente sin comer. Aquí es un poco mejor, por lo menos tengo una cama y un baño.

Ya sabréis que he acabado presa sólo porque me he retrasado para ayudar a una chica con el pie roto. Roto de verdad, con el hueso afuera y con el pie agarrado sólo por una mitad. No creo que consiga nunca quitármelo de la cabeza. Como tampoco a la policía que pega a mano desnuda. Y no pensaba que pudiera ser posible acabar en prisión por esto, por no haber hecho nada de verdad. Aunque todas aquí están presas por tonterías. Robos sobre todo.

Compañeros, escribid algo sobre lo que está pasando, por favor. No os quedéis en silencio. Si queréis, publicad lo que os escribo. Además, no sé nada de Fabio, le he escrito y no me ha respondido. Tendría que estar en la misma cárcel que la mía. Si tenéis noticias suyas, escribidlas y escribidme también. Si podéis, meted dentro un sello para que pueda responder. Yo por lo menos hasta el miércoles estaré aquí. Después, ya no sé.

Os quiero mucho, a todos vosotros. Un abrazo, espero volver pronto.”

Maria no sabe que Fabio está detenido en Jork, a treinta kilómetros al este de Hamburgo, que está bien y que él también tiene una buena relación con los demás detenidos. A él también le ha sido denegada la libertad bajo fianza por la fiscalía de Hamburgo tras la propuesta del tribunal.

No sabe tampoco que, a diferencia de ellos, Alessandro, Orazio, Emiliano y Riccardo están juntos en el ala masculina de su misma cárcel, Billwerder (los últimos dos son vecinos de celda).

Estas son las palabras de un habitante de Feltre que está en contacto con las familias de Fabio y Maria, el pasado 24 de julio:

“Hoy hemos llegado a Hamburgo y nos hemos visto con sus madres. Parecen bastante serenas a pesar de que la situación no ha cambiado. Fabio esta mañana estaba mejor que el miércoles pasado. Hay algunos comités que han hecho una manifestación a favor de los presos y que intentan enfrentarse a la situación. Los abogados están trabajando mucho pero la justicia alemana está haciendo de todo para complicar la situación. Mañana iremos a la cárcel para llevar ropa y algún libro a Maria. A ver cómo va.”

Hasta ahora ha sido difícil entregar a los detenidos libros, ropa, y otros efectos personales. Pero es importante escribirles usando las direcciones publicadas por la campaña “Escríbeme”.

Muchas son las iniciativas: las concentraciones en las embajadas alemanas en Italia; la solidaridad entre compañeras y compañeros cercanas a los compañeros italianas, en contacto desde los primeros días; las informaciones en las emisoras de radio. Además de las diversas concentraciones y manifestaciones en apoyo a las presas del G20 desde Bilbao a las ciudades alemanas, entre las cuales una muy concurrida precisamente en Hamburgo, en la zona del Rote Flora.

El próximo 6 de agosto, por otro lado, se ha convocado una nueva concentración frente a la cárcel de Billwerder.

Todo esto es muy importante, pero no suficiente.

Por ello, estamos abiertos a recoger artículos, ideas y propuestas en pos de una gran manifestación internacional en Hamburgo para la liberación de todas y todos. Para que nadie se quede sólo, para que nadie se quede atrás.

¡Libertad para todas y todos!

Las compañeras y los compañeros del espacio autogestionado PostaZ de Feltre.

Para contactarnos: postaz@bastardi.net

Texto publicado en @cgtnafarroa
https://www.cgt-lkn.org/blog/archivos/3783