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3ª ASAMBLEA ABIERTA FEMINISTA – HACIA LA HUELGA GENERAL


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RNtv 29. Huelga 8 de Marzo

¿Por qué una huelga? ¿Es necesaria? ¿Cuáles son los motivos por los que se convoca la huelga? ¿Qué se pretende conseguir? Hablaremos sobre los motivos por los que se convoca: la Violencia machista, la desigualdad laboral, la discriminación, la invisibilidad de la mujer y del trabajo doméstico y de cuidados. Para debatir sobre estos temas hemos invitado a:

  • Rafaela Pimentel, Colectivo Territorio Doméstico
  • Paula Ruíz Roa, Secretaria de la Mujer de CGT.
  • Inés Gutiérrez Cueli (forma parte de la comisión 8 de marzo del movimiento feminista)
  • Celia Jiliberto, Estudiante y Militante del Movimiento Feminista

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CGT presenta el preaviso de Huelga General para el próximo 8 de marzo

La Confederación General del Trabajo (CGT) ha presentado ayer por la mañana en el Ministerio de Empleo y Seguridad Social el documento de preaviso de Huelga General de 24 horas para el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Las encargadas de presentar este documento han sido Paula Ruiz (Sª de la Mujer de CGT) y Sandra Iriarte (Sª de la Mujer de CGT Madrid-Castilla La Mancha-Extremadura) y Eugenia Seco (Sª de la Mujer de Transportes Madrid). Paula Ruiz se ha encargado también de leer un comunicado a la salida del Ministerio de Empleo en el que se resumen las razones por las que esta huelga se hace urgente y necesaria.

Desde la CGT y a través de este comunicado, se denuncia la mercantilización de la vida de la mujer, la dificultad para acceder a puestos de trabajo en condiciones de igualdad, la profunda brecha salarial y de pensiones en pleno siglo XXI, el fin de las violencias machistas contra las mujeres, el fin de la precariedad laboral a las que muchísimas están sometidas, la falta de igualdad material y efectiva de las mujeres migrantes y refugiadas, la inexistente educación que establezca las líneas a seguir con el objetivo de construir una sociedad igualitaria y justa. Del mismo modo, se ha exigido una sanidad pública y de calidad, una medicina que reconozca y respete los cuerpos de las mujeres, y el fin de la intromisión de la iglesia en la vida social y personal de todas las mujeres.

El preaviso de Huelga General de 24 horas para el próximo 8 de marzo también se ha presentado en en la Dirección general de trabajo del Gobierno de Cantabria.

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Marcha 17 Febrero hasta enterrar el vial


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El consumo de la felicidad

La autora del texto analiza la relación entre el consumismo y la crisis ecosocial. Pero ¿qué relación tiene la sociedad de consumo con la felicidad? ¿Puede ayudar la búsqueda de la felicidad a generar sociedades más sostenibles y justas?

Charo Morán. Área de Consumo de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 94.

En una sociedad marcada por la centralidad de los indicadores económicos y por el crecimiento continuo, podríamos pensar que es este factor el que más efectos tiene en la felicidad de las personas. El economista Richard Easterlin [1], comparó la evolución de los ingresos y la percepción de felicidad. Demostró que el aumento de riqueza lleva aparejado un incremento de satisfacción hasta un cierto umbral pero que una vez superado este, la felicidad no crece paralelamente.

Así, el incremento de riqueza que se produjo en Estados Unidos entre 1945 y 1974, que duplicó el Producto Interior Bruto (PIB), no supuso un aumento relevante en la tasa de felicidad de su población. Su teoría sugiere que, una vez que las necesidades básicas están cubiertas, las políticas deberían centrarse en aumentar la satisfacción a través de medidas de articulación comunitaria y de redistribución de la riqueza y no en el crecimiento económico. En este sentido, “la economía de la felicidad”, pone en cuestión la teoría tradicional económica que afirma que cuanto mayor sea el nivel de ingresos de un individuo, mayor será su nivel de felicidad y da énfasis a la importancia de la felicidad social, que se da en entornos solidarios, equitativos, afianzados en la comunidad, con menor polarización social y violencia estructural, y que suponen calidad de vida de todas las personas.

La bulimia consumista

Poseemos una media de 10.000 objetos frente a los 236 que poseen las comunidades de los indios Navajo [2]. Somos Diógenes de lo nuevo, de la acumulación compulsiva de cosas y experiencias que se alimenta fomentando la insatisfacción crónica. Más dinero, más endeudamiento, más cosas, más deprisa, más lejos, más joven, más efímero… Una pesada mochila de metas que nunca se alcanzan, del tener en vez del ser. Una rueda sin fin que se basa en la pérdida de autoestima y, también, en el egoísmo.

La cultura consumista, aproximadamente en 20 % de la población mundial, es hegemónica pero no única en el planeta.

Otras culturas ponen en el centro la vida en vez de los indicadores económicos y las tasas de consumo. Tres ejemplos: La isla de Niue en el Pacífico, en la que se promueve una semana laboral de cuatro días, destinando el tiempo restante a labores comunitarias, a los cuidados o al ocio; el país de Bután, cuya política está regida por el Índice de Felicidad Bruta a través de los valores colectivos y los vínculos con la naturaleza y, por último, las constituciones de Ecuador y Bolivia, que desarrollan el paradigma del Buen Vivir, Sumak Kawsay, que supone poner en el centro a la comunidad en armonía con la tierra, la Pacha Mama. Son ejemplos que combaten una vida marcada por el mercado y la monetización creciente de todos los ámbitos de nuestra vida, una referencia para rediseñar nuestras formas de vida de una forma más sencilla en lo material, pero más plena y sostenible.

Cooperar y no competir

La sociedad de consumo se alimenta del individualismo y de la competitividad, lo que en algunos sectores se ha denominado el darwinismo social, basado en la idea de la supervivencia del más apto para la sociedad de mercado. Sin embargo, numerosos autores consideran esto una falsedad científica. La intensa socialidad y el trabajo cooperativo de Homo sapiens, ha sido, y es, su éxito adaptativo como especie. En palabras de Frans de Waal, psicólogo y primatólogo: “La vida en grupo no es una opción, es una estrategia de supervivencia”, para la bióloga Lynn Margullis: “La vida no se hizo para competir, sino para trabajar unidos”.

Nuestras neuronas espejo, responsables de la empatía, de la percepción de lo que sienten los demás, demuestran que la interdependencia social está en nuestro ADN. Para Michel Tomasello, psicólogo social: “El ser humano es altruista desde su nacimiento y sólo a través del entorno cultural se puede modificar su comportamiento hacia el individualismo”. El egoísmo supone ir en contra de nuestro comportamiento como especie y, por tanto, genera insatisfacción e infelicidad.

Otro aspecto sería la relación de nuestros vínculos con el territorio, con la naturaleza. Vivir en ciudades hace que estemos presentando síntomas del déficit de naturaleza [3], que llevan consigo un conjunto de alteraciones provocadas por la vida en entornos artificiales tales como estrés, hiperactividad o merma del rendimiento cognitivo.

Según Richard Louv, “Cuanta más tecnología usamos, más necesitamos a la naturaleza”. Y podríamos añadir: “Cuanto más enganchados a las pantallas y más amigos virtuales tenemos más solos estamos”. Nuestro bienestar depende, por tanto, de vivir en armonía con la biosfera y con el resto de las personas del planeta. De nuestra ecodependencia e interdependencia.

La medida de la felicidad tiene cierta dificultad. Existen factores subjetivos, culturales, momentos vitales… de difícil cuantificación. En cualquier caso existe la evidencia de que la vida social, el sentido que le damos a la vida, tener un proyecto vital ilusionante y disponer de tiempo libre para lo importante son factores fundamentales para ser felices. Todo lo contrario a lo que nos ofrece el mercado: individualismo, vidas vacías y tiempo para ir al centro comercial, la catedral del consumismo.

¿Qué necesitamos para ser felices?

Para el economista chileno Max Neef, las necesidades humanas son finitas y universalizables (subsistencia, identidad, participación, ocio, conocimiento…), y lo que varía culturalmente es la forma en que las satisfacemos. Así, para cubrir nuestra necesidad de subsistencia, podemos optar por alimentos precocinados comprados en una gran superficie o participar en un grupo de consumo de productos locales, de temporada y ecológicos. En ambos casos conseguimos el número de calorías necesarias para nutrirnos pero los efectos sobre nuestra salud, el planeta, la distribución de la riqueza y la participación comunitaria son diferentes y, por tanto, generadoras de dispares situaciones de bienestar.

Las corporaciones nos ofrecen estilos de vida con satisfactores mercantilizados que nos conducen a vidas llenas de nada. Estamos sometidos a unos 3.000 impactos publicitarios diarios que anuncian que un todoterreno nos da libertad, unas deportivas de marca identidad, un perfume éxito social y una bebida azucarada felicidad. Por el contrario, se trata de una forma de consumo que sólo hace felices a las cuentas de resultados de las grandes multinacionales.

Construir alternativas de consumo cooperativas [[ Ingenios de Producción Colectiva], basadas en la complejidad relacional pero sencillas en lo material nos aportarán un mayor bienestar y, por ende, mayor sostenibilidad y justicia social. Grupos de consumo, economía local, finanzas éticas, cooperativas de energía renovable, grupos de ayuda mutua, alternativas de ocio no monetizado, talleres de costura, de arreglo de muebles… son opciones que ponen sentido a nuestra vida, a nuestro alcance, más creativas y empoderadoras, para desarrollar estilos de vida armónicos con la vida plena, los cuidados y conscientes de los límites del planeta.

Pensar antes de comprar
El Día sin Compras es una jornada internacional de huelga de consumo que se celebra el último viernes de noviembre, todos los años, desde hace veinticinco, coincidiendo con el llamado Viernes Negro. Esta iniciativa apoyada por Ecologistas en Acción, critica el modelo de producción y consumo a medida de las grandes empresas. El Viernes Negro, que ha colonizado nuestras ciudades, es uno de los días de mayor consumo en EE UU, en el que las grandes cadenas animan a comprar, en un modelo en el que la mayor parte de los productos se fabrican a miles de kilómetros, en condiciones de semiesclavitud. Mientras, la publicidad incide en falsas necesidades y vincula la compra con la felicidad.

Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/article35619.html

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CGT entrega el preaviso de Huelga General para el 8M en el Ministerio de Empleo y Seguridad Social

La Confederación General del Trabajo (CGT) convoca a medios de comunicación y periodistas para informar sobre la convocatoria de la Huelga General del próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Se realizará una concentración a partir de las 11:30 en las puertas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social antes de la entrega del preaviso de convocatoria por el Secretario General de la CGT, José Manuel Muñoz Póliz.

Fecha: martes, 13 de febrero de 2018.

Hora: 12:00 horas.

Lugar: Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Nuevos Ministerios, Calle Agustín de Bethencourt 4 (Madrid).

Intervienen: Paula Ruiz (Sª de la Mujer de CGT) y Sandra Iriarte (Sª de la Mujer de CGT Madrid-Castilla La Mancha-Extremadura).

Toda la información sobre la Huelga Feminista del 8 de marzo en: http://www.huelga8mcgt.org/

Gabinete de prensa del Comité Confederal de la CGT

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¿Es un saqueo? No, es el mercado eléctrico, amigo

Con la pérdida de la mayoría absoluta en el Congreso del actual Gobierno, algunas personas ilusas pensamos que quizá tocara hablar y actuar sobre las renovables, el mercado eléctrico y las cifras del beneficio económico que las grandes multinacionales recogen de él, por supuesto, con la ayuda del BOE. Creíamos que se abriría un debate y un posicionamiento claro por las energías de las que disponemos y por la transparencia de su gestión.

Esas mismas personas pensamos que quizá hoy esta columna estaría llena de buena energía porque por fin se estarían dando pasos en la única dirección responsable, pero no. España sigue siendo “reserva espiritual” de los hidrocarburos, el carbón y las nucleares, y de igual forma sigue siendo un mercado de energía opaco y patriarcal donde todo está estudiado para favorecer a las grandes empresas del sector con las obscenas cifras de beneficios, salarios y bonus de sus gestores.

La realidad es tozuda y en esta reserva espiritual del sur europeo el sentido común brilla por su ausencia, porque vivimos en un país donde nuestra pasividad permite que las principales eléctricas del país inflen el precio de la electricidad para crecer de forma ilegal sus beneficios. Donde no nos quita el sueño que un presidente de una de estas compañías gane 44.000€ al día mientras seguimos enganchados a su comercializadora. O donde algún partido de la derecha investido del aura de la “nueva política” de renovación liberal rompa sus acuerdos para seguir alimentando el impuesto al Sol o tumbe la ILP contra los desahucios y la pobreza energética. Y es que en este asunto todo, absolutamente todo, sigue igual menos la tarifa de la luz, que para la inmensa mayoría de hogares y pequeñas empresas sigue subiendo sin parar. ¡Qué levante la mano a quien le suba el sueldo con la misma rapidez y periodicidad que la tarifa de la luz!

En el siglo XXI debiera ser inconcebible que en un país el precio de la energía —el precio de un servicio básico y primordial— lo marquen los consejos de administración de 4 empresas y que desde esos mismos consejos de administración le remitan al Ministerio de Industria los reales decretos ya redactados. Igual de inconcebible debiera ser que en un país de la Europa del siglo XXI se estén frenando las renovables o el autoconsumo de forma tan descarada y en contra de todas las directivas europeas de eficiencia energética y promoción de las renovables, al tiempo que más de 7.000 personas mueren cada invierno por falta de calefacción.

Pero, como dice el ex-vicepresidente Rato, “no es un saqueo, es el mercado, amigo”. Él bien sabe de esto desde que en el año 1997 impulsó con el gobierno de Aznar la ley del sector eléctrico, que sienta las bases del actual mercado, con una liberalización dudosa y desde luego un desastre para más de veinte millones de familias y pequeñas empresas, que pagamos una de las tarifas más caras de electricidad de toda Europa.

Desde el activismo ecologista y en favor de las renovables, se exige desde hace mucho tiempo una auditoría del mercado eléctrico. No hay opción. Seguimos pagando la energía hidráulica de los pantanos públicos como si fuera caviar ruso y la nuclear como si fuera limpia y sin más costes añadidos, además de unos costes de distribución que marcan las grandes eléctricas y que sin ningún pudor el Gobierno admite sin más. Además, ¿qué es eso de que el gas es una energía limpia como un ministro tras otro repite mientras algún que otro directivo se frota las manos?

Podríamos dejarnos de bobadas y pasar a la acción, podríamos acoger el plan B, ese que obliga a cambiar al sistema si el sistema deja de servir o no se adapta a la revolución energética y social que ya nos rodea. Podríamos caminar por un nuevo modelo energético más social y renovable en el que cooperar y construir cuidando en vez de competir y aplastar. Podríamos en fin dejar de lado la tiranía del mercado y explorar otros horizontes más sostenibles desde cualquier punto de vista.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/electricas/es-un-saqueo-no-es-el-mercado-electrico-amigo

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ÁNGELES DIEZ: «NO SE PUEDE SER ANTICAPITALISTA Y SIMULTÁNEAMENTE PRETENDER REFORMAR EL SISTEMA»


 

En esta segunda parte de la entrevista concedida por Ángeles Diez a Canarias-semanal, la socióloga expresó su opinión acerca de lo que puede considerarse un medio de comunicación alternativo, reflexionó sobre la contradicción de quienes se presentan como anticapitalistas al tiempo que defienden opciones políticas socialdemócratas, explicó cómo la política se ha convertido en un espectáculo construido desde los propios medios de comunicación y apuntó a la posibilidad de que en el Estado español se esté produciendo una Segunda Transición

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Encuentro de preparación para la jornada en memoria de Amparo (17F)


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¿Y yo qué tengo que hacer? El papel de los hombres en la huelga del 8M

Si soy hombre y apoyo la huelga feminista del 8 de Marzo, ¿qué tengo que hacer exactamente? La pregunta sobrevoló la última parte del debate ¿Qué es una huelga feminista?, organizado por El Salto el 3 de febrero, en el que participaron ocho mujeres del movimiento feminista y más de 150 personas el público.

Un hombre preguntaba a la mesa si tenía que hacer huelga. Otro cogía el micrófono para sondear a quién cuidaba si no tenía personas a su cargo. “¿Tengo que organizarme con otros hombres?”, preguntaba otro.

Técnicamente, la huelga de 24 horas a la que se ha adherido CGT, CNT, la Intersindical-CSC o el Movimiento Asambleario de Trabajadores/as de la Sanidad —así como CC OO y UGT con paros parciales— está dirigida por igual a hombres y mujeres, tal como exige la ley. Todas las personas que deseen ir a la huelga estarían por tanto amparadas por las leyes que regulan el derecho a la huelga. Sin embargo, el movimiento feminista acota: se trata de una huelga de mujeres.
“Precisamente lo que queremos es visibilizar que si paramos nosotras se para el mundo. Si quisiéramos otra cosa llamaríamos a una huelga general de todo el mundo”, dice Justa Montero, histórica activista del movimiento feminista, desde la mesa de ponentes.

La huelga, convocada por la Plataforma 8 de Marzo, donde participan más de un centenar de organizaciones feministas, ha sido planteada como huelga laboral, huelga de cuidados, huelga de consumo y huelga estudiantil. Una huelga que forma parte, tal como insisten desde la Comisión, de un proceso: “Porque dejar de responsabilizarnos nosotras de los cuidados un día, igual que dejar de consumir un día, no significa nada… la propuesta es para cuestionar y hacer visible socialmente y en nuestros entornos cercanos qué pasaría si las mujeres hacemos huelga”.

Carlota Álvarez Maylín, de la Comisión 8 de Marzo, se muestra tajante: “Nosotras llamamos a la huelga a todas las mujeres desde la interseccionalidad, es decir, a mujeres, bolleras y trans, no a más gente. ¿Cuál es el papel de los hombres? Cubrir los servicios mínimos. Van a tener que ir al trabajo igualmente. Porque nosotras no vamos a valorar el éxito de la huelga si se paralizan tantas fábricas, porque la mayoría de nosotras no estamos en las fábricas. Estamos en otro montón de sitios, en el sector de los servicios, en los cuidados”.

Sin embargo, los interrogantes son muchos, no solo para los hombres. Entre el público, una mujer pregunta en voz baja a su vecino de silla: “Si hago huelga de cuidados y no llevo a mis hijos al colegio, tengo que quedarme con ellos en casa. ¿O tiene que quedárselos mi compañero y hacer huelga él?”.

“Cuando nos preguntan cómo vamos a parar no tenemos todas las respuestas. No se han hecho huelgas de cuidados masivas, es algo nuevo”, comenta Viviana Dipp Quitón, también de la Comisión 8 de Marzo. “Por suerte, algo que nos sobra a las feministas es imaginación, pensar un mundo diferente, imaginarnos otros mundo posibles, tener esa inteligencia colectiva y comunitaria, resolver problemas. Las mujeres lo hemos venido haciendo durante siglos, así que encontremos las soluciones”, añade.

Consultado sobre este tema, Miguel Lázaro, de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), aclara a El Salto la posición de su colectivo: “Los hombres debemos dar apoyo, cobertura, acompañamiento y colaboración para permitir la participación de las mujeres. Y especialmente debemos informarnos sobre los motivos de la huelga y reflexionar sobre la desigualdad estructural que denuncian, y así involucrarnos individual y colectivamente para acabar con ella”.

Se trata de una huelga, dice Lázaro, que debe ser liderada por mujeres: “Si los hombres también hacemos huelga laboral limitamos su impacto y alcance, y les restamos protagonismo [a las mujeres]. En sectores con alta presencia femenina debemos cubrir los servicios mínimos, e instamos a compartir la paga de ese día con las mujeres en lucha que hagan huelga. Los hombres sí podemos y debemos participar en la huelga estudiantil y de consumo”.

UNA HUELGA DIFERENTE, UN PROCESO

Muchas de las presentaciones de la huelga del 8M en barrios y pueblos han terminado, cuenta Haizea Miguela, hablando en torno al empleo y al papel de los hombres, cuando se trata en este caso de “una huelga de mujeres”. Esta activista feminista identifica este 8M como una oportunidad, como lo fue su precedente en Islandia en 1975, para luchar contra la violencia machista, las fronteras, las desigualdades y conseguir un reparto justo de los cuidados. Aunque, reconoce con ironía, “quizá no todo se consiga cambiar este día”. Lo realmente importante, continúa Haizea, es “que los hombres se pregunten por qué se propone esta huelga y qué tienen que hacer para evitar una segunda huelga”.

Es una oportunidad, enlaza desde la mesa Rafaela Pimentel, del colectivo Territorio Doméstico, para reflexionar sobre “por qué esa amiga tiene que correr para llevar al niño o a la niña a la escuela o por qué le toca siempre a ella tener que cuidar a su madre”. Y augura un mes movido: “Febrero debe ser nuestro, vamos a quitárselo a ese San Valentín asqueroso y vamos a tenerlo para hablar de nosotras, que se dejen de regalos del Corte Inglés”.

En una huelga de mujeres, el trabajo de cuidados —realizado en su enorme mayoría por mujeres— necesariamente debe estar en el centro. Para Justa Montero, la huelga del 8M debería servir para reflexionar y hablar en el entorno familiar, en el círculo de amistades, en la pareja, en el barrio o en los colectivos sobre cómo se van a organizar ese día las tareas que normalmente asumen las mujeres. “Antes del 8M tendríamos que haber hablado sobre cómo nos organizamos en la vida cotidiana para ver qué pasa con las personas en situación de dependencia, en las escuelas infantiles, en los centros de día, ver qué carencias hay y exigir… porque el 8M es un día de exigencia a los hombres, a la sociedad y a todo el mundo”.

Para Justa Montero, la receta para “acabar de hablar de los hombres” es que estos escuchen. “Escuchad a las mujeres que tenéis a vuestro alrededor y os dirán un montón de cosas muy importantes que podréis hacer: si no se os ocurre nada seguro que es un día perfecto para hacer limpieza general de la casa”, dice Montero, y suenan los aplausos en la sala. “Para nosotras sería un apoyo en ese día pero también os vamos a emplazar para que sea igual al día siguiente, porque si no, no nos sirve de nada la palmadita en la espalda del 8M”.
Una huelga de cuidados es una huelga muy particular. ¿Se puede dejar de cuidar? En muchos casos —reconocen desde la mesa— no se puede. ¿Quién cuida entonces? Cada caso es distinto, como los modos de convivencia y tipos de familia, pero como respuesta genérica las ponentes responden: los hombres. En efecto, eso supondrá en muchos casos que tengan que hacer huelga laboral. De otra forma, la huelga de cuidados sería literalmente imposible.

“Si tienes hijos, igual te tienes que quedar con ellos”, les dice Haizea Miguela a los hombres de la sala. “Y entonces es muy difícil que puedas ir a tu trabajo. Si te tienes que encargar de los cuidados que normalmente se encargan las mujeres de repente puedes contar en esa huelga”, añade.

Entonces, ¿qué tengo que hacer: ir o no ir a la huelga?

“¿Y yo que tengo que hacer?”, parodia Haizea Miguela la pregunta que tantas veces le han hecho. “Coño, tío, que es que hacemos la huelga por esto, porque todo el rato nos preguntáis ‘¿y yo qué tengo que hacer?’”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/que-deben-hacer-los-hombres-papel-huelga-feminista-cuidados-8-marzo-trabajo