¿Es que no todas somos iguales?

Hoy, 17 de agosto, recordamos a los compañeros Delgado y Granado, ejecutados en 1963, y a todas aquellas personas que siguen sufriendo la violencia fascista del Estado. Por otro lado, asistimos a la permisividad con miembros del ejército alabando al franquismo.

En el último año hemos padecido la aplicación de leyes reaccionarias, más propias de una sociedad orwelliana que de un Estado supuestamente “democrático”, que nos han impedido hacer un uso pleno de nuestro derecho fundamental a la libertad de expresión. También se han producido sentencias condenatorias que han recaído sobre “peligrosísimas” personas que se han atrevido a denunciar a través de su profesión –como raperos, artistas, tuiteros, etc.-, las injusticias del sistema, los abusos y privilegios de los más poderosos y la situación por la que atravesamos como Clase Trabajadora. Por citar algunos ejemplos, estarían los casos de César Strawberry, Pablo Hasel o el rapero mallorquín Valtonyc.

Desde que se anunció la intención de sacar al genocida Franco del Valle de los Caídos hemos sido testigos de intervenciones que, aun considerándolas estrambóticas, tienen una lectura mucho más seria y por lo tanto, no deberíamos quitarles ni un ápice de importancia puesto que ante el fascismo nunca debemos relajarnos ni confiarnos.

Lo que comenzó siendo un centenar de altos cargos jubilados del Ejército, nostálgicos de “tiempos mejores” declarando a través de un manifiesto la añoranza por un asesino, se ha convertido en toda una declaración de intenciones que ya va casi por el millar de apoyos. En estas circunstancias nos parece especialmente curioso que el Estado, tan obsesionado con los delitos de sedición, permita a quienes forman parte del Ejército español hacer uso del derecho a la libre expresión mientras manda a la cárcel a otras personas cuya única arma ha sido la palabra.

Aquel escrito, publicado por estos melancólicos abuelos franquistas, inicialmente nos generó una sonrisa que ha terminado evolucionando a una tensión muscular de la mandíbula al comprobar que cada día se suman más personas al sentir de aquellos privilegiados de la “bondad” del sangriento dictador.

Según los medios de comunicación los apoyos rozan ya el millar de militares que reclaman, claramente y sin ningún tipo de pudor, la vuelta a un régimen totalitario y fascista, que niegan cualquier tipo de represión sobre los opositores al régimen, que invisibilizan las 4 décadas de falta de libertades y la ausencia de derechos en la sociedad española, etc.

En los pasados días se ha conmemorado la matanza de Badajoz. Una matanza intencionada que no podemos dejar de recordar año tras año ante la prepotencia de los secuaces de Franco, quienes tras el Golpe de Estado del 36 dejaron bien claro que no se trató de ningún hecho casual sino que estuvo premeditado, incumpliendo todas las leyes de la guerra.

Para mayor escarnio de quienes aborrecemos la violencia salvaje del régimen dictatorial durante la Guerra Civil como en los 40 años posteriores, asistimos al circo mediático que lleva montando una señora que se autodenomina orgullosa “la mujer más franquista del mundo”, de televisión en televisión donde se le está permitiendo que lance todo tipo de barbaridades contrarias a los valores en los que en teoría un Estado democrático debería fundamentarse, y ultrajando la memoria y el recuerdo de miles de víctimas inocentes.

Ni a ella ni al millar de militares que con su nombre y apellidos firman el escrito pidiendo que vuelva el horror y la muerte a nuestra sociedad que impuso el General Franco se les ha aplicado ninguna ley mordaza, a pesar de ser manifestaciones que expresamente exigen y esperan un nuevo alzamiento militar que ponga fin a la profanación de la figura del asesino Franco.

Si es grave la declaración de estos militares en la reserva -los que están en activo imaginamos que guardan la ropa para no ser expedientados-, lo es todavía en mayor medida la información que un también militar retirado, , D. Floren Dimas, nos transmitió a través de su carta donde denunciaba las conversaciones de los mandos, fuera de la luz y taquígrafos, durante su tiempo de prestación de servicio en el Ejército del Aire. Declaraciones de apoyo al franquismo sin ninguna duda y faltando al juramento realizado a la Constitución del 78. Esto evidencia, una vez más, que en nuestra “modélica” Transición no se produjo ninguna ruptura en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con el franquismo en el que habían estado a gusto. Aquellos que disfrutaron de privilegios continuaron en los mismos sitios, en los mismos cargos porque ¿acaso pensábamos que la cabeza de quienes habían rendido pleitesía al dictador iba a cambiar de ideas con un cambio de gobierno?

Es bien sabido que quienes conformamos la Confederación General del Trabajo (CGT), rechazamos este sistema corrupto, que bajo la falacia de unas elecciones cada 4 años vende al pueblo la idea de que elige y participa, opina y decide siendo totalmente una mentira y dejando a las personas sin posibilidades reales de intervenir en aquellos asuntos que realmente les afectan en su día a día. Desde CGT creemos que quienes se enorgullecen de la “democracia” de este Estado, de sus leyes garantistas de derechos y libertades, deberían predicar con ese ejemplo que nos imponen en forma de leyes mordazas a quienes cuestionamos el sistema desde otras miras. Deberían ser estos quienes terminaran con la peligrosa permisividad que alienta a los fascistas de uniforme, aquellos que nunca se regeneraron ni aceptaron la democracia a la que juraron lealtad pero que han seguido alimentándose de estas ideas amparados en instituciones del Estado como el Ejército y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y con la complicidad de la Iglesia, otra premiada por ayudar en la cruzada franquista contra los derechos y libertades del pueblo.

Desde CGT volvemos a denunciar la persecución del Estado contra quienes no alaban el sistema y la permisividad con aquellas otras herederas del franquismo. Exigimos una ruptura real y definitiva con todo lo que significó el régimen de Franco y que sus criminales, todavía impunes, sean juzgados. Queremos respeto para quienes disentimos y disentiremos del planteamiento capitalista y esclavista que vivimos los y las de abajo, la clase trabajadora.

Por eso, hoy, 17 de agosto, nos volveremos a acordar de los compañeros Joaquín Delgado y Francisco Granado, porque aunque el Tribunal Supremo, en su sala militar, continúe denegando la justicia para ellos, CGT permanecerá reclamando el reconocimiento de su inocencia y denunciando un crimen de Estado más. Para CGT es urgente reclamar el fin de la impunidad franquista, del antiguo y del nuevo régimen dejado por el dictador en 1975.

Comisión Memoria Libertaria de CGT

 

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