La primera quedada será el jueves 5 de noviembre a las 19:30h en el Centro Cultural Eureka y versará entorno a la obra «El cazador de rayos» de Kenny Ruiz.
Escritora, activista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York, Silvia Federici es una referente en la economía feminista. Hablamos con ella durante el V Congreso Estatal de Economía Feminista [1] sobre cuestiones como el sistema capitalista, las alternativas soñadas y en marcha, la lucha salarial, el trabajo doméstico, la quema de brujas y el imaginario popular.
– ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la economía feminista?
– La economía feminista es un proyecto con mucho coraje que se ha propuesto cambiar de manera significativa una disciplina que ha estado más comprometida con la economía capitalista que con ninguna otra. Creo que ha tenido muchos efectos importantes: el primero, someter la economía oficial a una crítica radical de su metodología, de su forma de medir, de su aplicación del método cuantitativo, del análisis de la realidad social que no se puede reducir a una fórmula matemática y de sus valores estructurales; el segundo, poner en el centro de esta deconstrucción de la economía la importancia de toda un área de actividades que definimos como reproductivas, muy importante para el movimiento feminista pero sistemáticamente desconocida y desvalorizada por la economía oficial. El cuidado, el trabajo del hogar, las relaciones familiares, sexuales o procreativas, el cuidado de los niños, el de las personas enfermas, el de los mayores… Para la economía feminista esto es fundamental, no solamente para la reproducción de nuestra vida, sino también para la producción del sistema capitalista, porque la sociedad ha sido sometida a esta producción.
Las economistas feministas hemos visto la importancia de todo este conocimiento e iniciado una investigación sobre las consecuencias y los efectos de la invisibilización. En concreto, hemos empezado un trabajo de democratización del lenguaje que ha permitido crear un espacio donde las mujeres que no son economistas expertas pueden empezar a comprender cuál es la lógica de este sistema en el que vivimos, una lógica realmente perversa.
Por ejemplo, estudios como el de Madeleine Fairbairn (sobre la medida de los estándares del PIB y sobre cómo las organizaciones internacionales y los gobiernos cuentan y excluyen el trabajo de reproducción de sus cuentas) nos han permitido comprender que el crecimiento de niños y niñas no es considerado productivo, pero fabricar las armas que los matan sí que lo es.
Gracias a estos estudios podemos entender la lógica que calificaba de perversa, porque la economía como disciplina ha creado un nudo que nos impide ver la verdad de las relaciones capitalistas. Es una red de categorías, conceptos, asuntos y asunciones que son como un muro que la gente común no puede comprender, que nos ofusca la visión. Por este motivo ha sido importante comenzar a explicar qué significan estas categorías y empezar a construir, a pensar y a imaginar la posibilidad de una alternativa.
– En este contexto, advierte sobre el peligro de que la economía feminista se convierta en una rama más de la economía. ¿Cómo cree que se podría evitar esto?
– Creo que se puede evitar si las economistas feministas trabajan en la economía como espías en un territorio hostil. No se trata de educar a las y los economistas, sino de comprender y transmitir la conciencia que pueden adquirir trabajando dentro la economía. Una vez adquirida, se podría empezar un trabajo de educación importante, porque, en mi opinión, el riesgo es dejar de pensar.
Por este motivo, creo que es importante que la economista feminista tenga su punto de referencia en los movimientos, sea como inspiración por la economía alternativa (lo que es necesario hacer a partir de la lucha o de la expresión, ya que la lucha exprime necesidades, dificultades y posibilidades), sea como guía para no olvidar por quien se escribe y por quien se hace este trabajo. El riesgo es pensar que nuestros referentes son los economistas de los institutos académicos.
Se habla de las mujeres y de la igualdad, pero después se aprueban leyes que destruyen la condición de igualdad. El reto por tanto es enseñar al sistema a ser contundente, porque muchas feministas han participado en conferencias de las instituciones y la gente identifica el feminismo como el que ha sido construido por Naciones Unidas. Es importante que las economistas feministas no repitan esto.
– ¿Qué opina sobre las potencialidades de la economía feminista?
– La economía feminista debería tener dos objetivos principales: por un lado, revalorizar el trabajo de reproducción y, por otro, demostrar la centralidad, no solamente del trabajo de cuidado. Tengo un poco de resistencia a este concepto porque durante muchos años en el movimiento feminista en el que milité nunca se habló de cuidado. El término “cuidado” es completamente nuevo, de los años 90. En los documentos feministas de los años 70 y 80 se habla de trabajo doméstico o trabajo de reproducción, pero nunca de trabajo de cuidados. ¿Por qué? ¿Cuál es para mí el problema? El problema es que se va a construir una nueva jerarquía entre las mujeres que hacen el trabajo material (limpiar la ropa o las calles) y el trabajo que se ve como más emotivo, intelectual, educativo, relacional… Por eso yo uso estos términos pero con mucha cautela, porque no me gusta separar el trabajo material del inmaterial. Para mí es muy importante demostrar la centralidad.
El trabajo de cuidados es un ejemplo paradigmático, no se puede olvidar que lo material e inmaterial es indisoluble en el trabajo que reproduce la vida de una persona. Piensa en la educación de las niñas o en la cura de los enfermos. Si sabes cómo se cura un enfermo, qué significa trabajar con una persona que no es autosuficiente, es que sabes que no se puede separar una cosa de la otra. La gran tragedia hoy es exactamente esto, la separación. Lavar, limpiar o amamantar a un niño o niña, ¿es material o inmaterial? Si piensas en el trabajo de reproducción te das cuenta de cuánta estupidez hay en esta tendencia a la separación. No me gustaría que las mujeres reprodujeran de manera indirecta esta dinámica que sitúa a los conceptos en niveles más altos o bajos según el tipo de trabajo. Conservar la naturaleza, cocinar, el trabajo sexual, hacer el amor… ¿qué es, material o inmaterial? ¿Cómo se puede separar? No, no vamos a reproducir esta visión que separa y que hemos criticado tanto en los hombres, en los intelectuales.
– Señala a los movimientos sociales como fuente de inspiración. ¿Qué fortalezas podrían aportar al sistema para hacerlo más sostenible, justo y equitativo?
– Cuando hablo de movimiento social lo hago entendiéndolo como un concepto amplio y diverso, porque hay muchos tipos de movimientos sociales y de algunos no soy muy entusiasta. Me gusta mucho lo que tantos compañeros y compañeras en América Latina dicen: “no es importante hablar de movimiento social sino de sociedades en movimiento”. Hablo de movimientos sociales muy arraigados en la sociedad, que cooperan y que miran lo que está cambiando a nivel de base. Movimientos sociales no como organizaciones separadas, sino como clave en la reflexión que está ocurriendo en varias partes del mundo y que nacen de la conciencia de que esta sociedad capitalista no nos puede garantizar nada, que no puede ofrecer prosperidad o seguridad de vida sino sólo a grupos limitados, en períodos concretos y en condiciones particulares, como ocurrió después de la II Guerra Mundial, de los años 40-50 hasta los 60-70.
Fue una época asombrosa en la que se consiguió desestabilizar el sistema gracias a los grandes movimientos sociales contra el capitalismo: la descolonización, la lucha anticolonial, las revueltas en las fábricas de los obreros industriales, el alzamiento contra la guerra del Vietnam, el movimiento feminista o el surgimiento del indigenista. Fue un período increíblemente importante que puso en crisis de manera estructural la capacidad de la sociedad capitalista de producir y reproducirse. El proceso de globalización, la intención de cambiar el mundo de las bases durante los años 80-90, fue la respuesta del sistema.
Hay una gran conciencia sobre el hecho de que el capitalismo puede conceder la prosperidad o el nivel adecuado de vida solamente en condiciones particulares. En este contexto, es importante comprender y analizar lo que es el consumismo, producto directo de un gran empobrecimiento social. Si tienes una vida rica desde el punto de vista emocional, con buenas relaciones sociales, no te pierdes por una camiseta. El poder mágico de las cosas, es un poder que se puede desarrollar sólo sobre un desierto emotivo, un desierto social.
Un gran número de poblaciones ya se sienten excluidas porque han sido expulsadas de sus tierras, de sus trabajos, de sus salarios…. Por eso están intentando crear formas diferentes de vida, organizándose de formas diversas. Los movimientos sociales que tienen sus raíces y sus cimientos en estas poblaciones son los más importantes.
Los movimientos feministas populares de América Latina son los movimientos que el capitalismo reprime. Me refiero a los que tienen como punto de referencia las grandes luchas de las mujeres campesinas por defender los campos, la agricultura de subsistencia y la soberanía alimentaria, o las luchas contra el extractivismo, contra la minería, contra las cárceles y contra todas las formas de represión militar. El zapatismo, en México, o el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, en Brasil, son sólo dos de los muchos ejemplos que existen.
Muchos son movimientos creados sobre una base territorial que están empezando una forma de producción diferente teniendo presente el autogobierno. En mi opinión, esto es lo que se está ocurriendo por primera vez en el mundo: lo nuevo surge cuando hay una percepción de que el viejo sistema, el capitalismo, es muerte, y esta idea ya se está difundiendo, sobre todo en América Latina.
– Dice que allí donde se siente la necesidad del cambio se generan prácticas para la construcción de alternativas. Muchos movimientos populares han visto en el Estado un instrumento que les puede ayudar a promover cambios para salir de la explotación o de la amenaza que supone el capital. ¿Hasta qué punto la toma de las instituciones puede servir para el cambio?
– Sí, ahí hay un gran debate. El ejemplo más claro es el que viene de América Latina, cuando los zapatistas rechazaron participar en las campañas electorales. Muchas personas de los sectores de izquierda criticaron esta actitud intensamente, pero yo creo que ahí los zapatistas tenían razón, porque el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no ha sido una alternativa. Hemos visto que en países donde los partidos progresistas asumieron el poder, como en Bolivia, con Evo Morales o en Ecuador, con Rafael Correa, ya hay un conflicto entre Estados y movimientos de base.
En el caso de Bolivia, el presidente ha seguido desde el inicio una política extractivista. Aunque ha intentado reducirlo con algunas medidas, como las bolsas solidarias, son acciones tan simbólicas que no cambian nada y no ponen en el centro el fundamento de las relaciones sociales ni un nuevo modo de producción. En Ecuador, Rafael Correa había prometido una postura determinada frente al petróleo, y ahora se choca con el Yasuní. En Brasil, muchas compañeras y compañeros están demostrando que, con el tiempo, Lula da Silva ha instaurado un imperialismo que sólo se diferencia de los otros en el esfuerzo por expulsar a las empresas americanas.
Es necesario reflexionar sobre esto. Si no nos enfrentamos, si pensamos que se puede mejorar el capitalismo y continuamos con la misma lógica, solamente podremos reducir los efectos negativos. Si creemos que el progresismo significa reducir y humanizar un poco la explotación, entonces el resultado será aún peor, porque esto crea mucha pasividad, nos hacen creer que van a mejorar nuestras condiciones, que no debemos activarnos porque ellos lo harán por nosotras.
– Una de las cuestiones clave que identifica como reforma estructural es la reivindicación que desde el movimiento feminista se ha realizado en torno a la lucha salarial, uno de los elementos que más desigualdad genera. ¿Podría profundizar un poco en cómo la brecha salarial reproduce la desigualdad?
– Desde el Colectivo Feminista Internacional lanzamos la campaña Salario para el Trabajo Doméstico porque entendíamos el sueldo como una máquina que provoca desigualdades. En primer lugar, la diferencia de salarios ha permitido invisibilizar el trabajo doméstico, lo que ha provocado una serie de explotación laboral. En segundo lugar, lo ha naturalizado porque lo ha mitificado y ha creado jerarquías entre lo “asalariado” y lo “no salariado”. A través de estas jerarquías se ha ocasionado un sistema de control indirecto de las personas “sin salario”. Aquí las y los asalariados se convierten en patrones, controladores y supervisores del trabajo no salariado. La jerarquía nunca es neutra, es el principio de la explotación. Debemos tener cuidado cuando hacemos cualquier lucha salarial y asegurarnos de que ésta no va a ser a costa del bienestar de otras personas, cerciorarnos de que aquello que ganamos en el terreno del salario no reproduzca de nuevo jerarquías que generen desigualdades.
– Habla de construir formas más cooperativas para la reproducción social…
– En realidad es un sueño, aunque también una práctica. Dolores Hayden, una feminista que ha hecho mucha labor urbanística en Estados Unidos, ha estudiado la historia centrándose en el esfuerzo de las mujeres para superar el aislamiento del trabajo doméstico.
En muchos países la forma más cooperativa ha surgido a partir de una necesidad provocada por la depresión y la austeridad, como en Chile, Perú y Argentina, donde las mujeres trajeron las olas de los piquetes, los comedores populares y los huertos urbanos. Es importante ver qué ha traído de nuevo a la lucha social. Elementos que no estaban en las luchas de los años 60-70 y que nacen de una necesidad de crear formas de control sobre nuestras vidas, de autoproducción y autoaprovisionamiento.
Me parece haber reconocido la línea que necesitamos seguir. Es claro que en algunos países el camino está más avanzado porque el desastre económico los ha obligado a hacerlo. Y también que en muchos lugares como en América Latina es un poco más fácil porque existe una tradición de relaciones comunitarias que el capitalismo no ha podido destruir y que hoy es una fuerza. El camino que nos muestra América Latina, el camino que se debe recorrer también en Europa y en los EEUU, ya se ha iniciado. En Grecia, por ejemplo, millones de personas se han encontrado con la realidad de un empobrecimiento brutal. Es evidente que van a tener que empezar a crear formas alternativas de vida, y las opciones son aceptar la derrota continua o juntarse, juntar sus recursos, juntar su energía y crear. Mi pareja ahora está en Heraclio, Creta, donde han organizado un gran festival para celebrar las nuevas clínicas sociales. Todas estas cosas se van a ampliar necesariamente.
– Vamos a cambiar de tema y abordar otra de las cuestiones fundamentales de tu obra. En su libro Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria [2], retomas la matanza de brujas como fundante de un sistema capitalista que expropia el cuerpo, los saberes y la reproducción de las mujeres sin remuneración alguna. ¿Qué opinas de la quema de brujas?
– La reflexión sobre las brujas es muy seria, y abro para mí lo que es como una herida abierta, porque en los últimos cuatro o cinco años me he dado cuenta de que el legado de los inquisidores permanece en el imaginario popular, de que han dejado una herencia de desvalorización de la bruja que se plasma en canciones o en prácticas como quemar a las brujas, y que esto pasa a nivel europeo.
Hay quema de brujas en Escandinavia, aunque han hecho un pequeño esfuerzo por reconocerlo construyendo un monumento en Noruega. También en San Juan se celebra la quema de las brujas, incluso hay canciones sobre ello. Cuando fui a Copenhague las mujeres me mostraron algunas representaciones horrendas de brujas. Me gustaría viajar y luchar contra esto junto a un grupo de mujeres.
El año pasado en el País Vasco vimos cosas que nos entristecieron mucho. La imagen de la bruja se ha convertido en una mercancía que se usa para atraer a turistas en lugares como Zugarramurdi, donde hay un Museo de las Brujas y puedes encontrar imágenes horribles. Les pregunté a las mujeres de las tiendas que por qué razón vendían esas cosas y me dijeron que, aunque no les gustaba, lo ordenaba el patrón. Debemos hacer algo para que no se vendan más.
Una puede pensar que tal y como está el mundo, lleno de problemas, nadie va a pensar en las brujas, pero creo que hay que hacer algo, que sería muy importante. En realidad, hoy también se queman brujas: en África se calcula que se han quemado, enterrado vivas o acuchillado más de 30.000 mujeres, sobre todo mayores; en 2013 se han enterrado vivas 700 mujeres en Tanzania; y en Papúa Nueva Guinea también han quemado a muchas. ¿Dónde están las feministas? ¿Dónde hay un surgimiento de feministas?
En India estoy en contacto con mujeres feministas que se están ocupando de esto, porque allí es una matanza. Todas me dicen que está conectado con el cercamiento y la propiedad de las tierras, con el nuevo papel de las mujeres y con la expulsión de las mayores, que son consideradas como no productivas pero que tienen acceso a la tierra. La manipulación de las compañías, que usan las acusaciones de brujería para conseguir sus objetivos es constante. Es importante organizar un grupo de mujeres en cada país para hacer algo. ¿Por qué no en España también?
Notas:
[1] Vic (Catalunya), julio de 2015.
[2] Federici, Silvia (2010): ‘Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria’, Editorial Traficantes de Sueños, Madrid.
Beatriz Plaza y Erika González son investigadoras del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad.
Jueves 22 de octubre, 20 horas
En la Librería La Libre
Rampa Sotileza 1, Santander
[De la contraportada]
la desaparición del campesinado puede entenderse como el fin de un mundo. El punto y final de un relato que prosigue en otras latitudes pero no en la nuestra.
Provenimos de un lugar que no hemos conocido y no serán los campesinos quienes nos cuenten cómo era. No dejaron escrita su historia antes de irse en silencio.
Víctimas de un etnocidio con rostro amable, salvaron los cuerpos, pero su espíritu no resistió el embate de la modernidad.
Los campesinos vivieron siempre a la intemperie. Expuestos a una relación de fuerzas que les sobrepasaba.
Somos sus huérfanos, pero no lloramos la pérdida.
Un muro de contemporaneidad nos impide contemplar las ruinas que explican nuestro tiempo; ningún vínculo nos sujeta al pasado.
También nosotros vivimos al descubierto en un presente continuo y absoluto.
Ponemos un vídeo de una conferencia de Marc Badal sobre «los límites de las estrategias neorrurales» dentro del curso: «Vivir bien (con menos). Explorando las sociedades postpetróleo»que ha tenido lugar en Madrid entre el 2 y el 4 de septiembre de este año:
https://www.youtube.com/watch?
Hoy empieza el III FORO DE ANÁLISIS Y REFLEXIÓN que organiza la COMUNIDAD CRISTIANA DE BASE «Ignacio Ellacuría» con la Mesa Redonda «Es posible otra forma de organizar la sociedad«. El viernes 23 de octubre habrá una segunda ponencia «¿El centro es el empleo o el centro es la vida? Renta Básica de las Iguales». Y por último el viernes 30 de octubre la ponencia «El capital contra el Siglo XXI. Comentario teológico al libro de Thomas Piketty».

Reproduzco una entrevista que, sobre el proceso soberanista en Cataluña, me hizo días atrás un alumno –prefiere mantener el anonimato- de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Aclararé que me limité a responder a las preguntas que se me formularon, no sin suprimir en ellas –aquí- algunas citas, en exceso prolijas, que el entrevistador había sacado de mis libros En defensa de la consulta soberanista en Cataluña (Catarata, Madrid, 2014) y Sobre el nacionalismo español(Catarata, Madrid, 2014).
¿Cómo ves el debate soberanista en Cataluña?
Bien está que hables, antes que nada, de debate soberanista, porque lo común en los medios de incomunicación de ámbito estatal es que se refieran a la amenaza o al desafío soberanistas. Aunque el debate en cuestión reclama de herramientas conceptuales, y de conductas humanas, que no me son próximas, tengo que señalar que creo en el principio de libre determinación, y que creo en él porque me resultaría muy difícil defender lo contrario: como quiera que las instituciones no son sagradas, es de razón establecer mecanismos que otorguen a sus habitantes la capacidad de decidir sobre la inserción de la comunidad política en la que viven.
Y ese principio viene a cuento en la Cataluña de estas horas en virtud de dos razones precisas. La primera es el hecho de que hay una clara mayoría de catalanes que, independentistas o no, desean se les consulte sobre la inserción en cuestión. La segunda la aporta la intuición de que una buena parte –no sé si mayoritaria o no- de la sociedad catalana está por la independencia. Las cosas como fueren, debo subrayar que un referendo de autodeterminación puede dar pie, sí, a un proceso de independencia, de la misma forma que puede ratificar el estado de cosas hoy existente o generar otros horizontes. En este escenario entiendo que mi deber es defender el derecho de los catalanes, o de quienes fueren, a decidir su futuro, desde el respeto que merecen todas las opciones resultantes.
Y, ¿no crees que en relación con el futuro de Cataluña deberían votar, en un imaginable referendo, todos los ciudadanos españoles?
No conozco ningún referendo de autodeterminación en el que haya sido convocado a las urnas el conjunto de la población del Estado afectado. En Quebec han votado los habitantes de Quebec, y en Escocia los escoceses. Pero debo subrayar que el establishment político español, visiblemente hostil a la lógica de la autodeterminación, ni siquiera ampara un referendo en el que pudiesen votar, en efecto, todos los españoles. Sospecho que, sin más, tiene un miedo cerril a que se haga evidente que hay una mayoría de catalanes decidida a abandonar España.
¿Eres partidario de una Cataluña independiente?
Defiendo –ya lo he dicho- el derecho de los catalanes a decidir su futuro. Me parecerá respetable su opción, en el sentido que fuere, siempre y cuando no implique, claro, políticas agresivas y violaciones de derechos.
Otorgar un carácter plebiscitario a unas elecciones autonómicas, ¿no es una forma de trucar el ejercicio de la autodeterminación?
Es, en efecto, una forma retorcida, y poco afortunada, de permitir ese ejercicio. Pero entiendo que la mayor responsabilidad al respecto le toca a quien en su momento prohibió, con todos los resortes a su alcance, la celebración de un referendo en condiciones. Tiene gracia que quienes han desplegado esa prohibición se quejen ahora de los dobleces que nacen de un uso plebiscitario de unas elecciones ordinarias. En este orden de cosas, y por cierto, tiene gracia también el omnipresente argumento que señala que lo primero es respetar las leyes. Lo digo porque la mayoría de quienes se acogen a él señalan, sí, que hay que respetarlas, al tiempo que ocultan que no están dispuestos a cambiarlas para que se reconozca un derecho democrático. En esas condiciones me parece que la desobediencia civil es un cauce insorteable de respuesta.
Diré también que, desde mi punto de vista, la estupidez del establishment político español ha colocado a éste en una situación delicada. Si hubiese asumido tiempo atrás, como lo hizo el gobierno británico, la celebración de un referendo en Cataluña, me parece probable que la causa unionista –la causa defendida por ese establishment– hubiese salido bien parada y la opción independentista hubiese quedado en minoría. Pero la negativa a aceptar la posibilidad de ese referendo ha colocado en manos de las fuerzas soberanistas la potestad de establecer reglas del juego –así, las relativas a porcentajes de escaños o de votos- que no han sido objeto de una previa negociación y que, llegado el caso, pueden no ser razonables. No sólo eso: ha hecho que muchos catalanes inicialmente no independentistas cambien progresivamente de opinión.
¿Son creíbles los pronósticos que anuncian catástrofes encadenadas en el caso de abrirse camino la independencia de Cataluña?
Depende, claro, de la forma, negociada o traumática, que asuma el proceso correspondiente. A la luz de lo ocurrido en otros escenarios tengo, con todo, la impresión de que las catástrofes que se anuncian no serían tales. En cualquier caso, me parece lamentable el argumento que, dando por resuelta desde el principio la cuestión, afirma que esas eventuales catástrofes son suficientes para cancelar, con los instrumentos que sean, el proceso soberanista. ¿Qué dirían de mí si yo afirmase que la inferencia de que un nuevo triunfo electoral del Partido Popular en España sería una catástrofe –algo de lo que no me cabe duda- me invitase a sugerir que deben cancelarse las elecciones?
Por lo demás, estoy obligado a subrayar que en los últimos meses portavoces significados del gobierno español han realizado declaraciones insólitas en las cuales se hacen valer de manera lamentable los adverbios siempre y jamás. El ministro del Interior español se ha permitido afirmar que Cataluña será siempre España o que la guardia civil jamás dejará el País Vasco. Creía uno que en un país democrático –y España presume de serlo- la determinación de una cosa y de la otra debe quedar en manos de la libre voluntad de los ciudadanos. Pero ahí están, para desmentirlo, estos nacionalistas esencialistas, los españoles, que estiman que hay realidades intocables que escapan al escrutinio democrático. Es curioso que los mismos líderes de opinión que identifican, a menudo con argumentos respetables, un sinfín de aberraciones en el discurso del soberanismo catalán cierren los ojos ante las manipulaciones constantes a las que se ha entregado el nacionalismo de Estado español, que al parecer no existe. Si Junts pel Sí quiere arrasar en las urnas lo mejor que puede hacer es desconectar la emisión del TV3 y colocar en su lugar la de Telemadrid: me temo que a muchos catalanes indecisos se les despejaría el panorama. Cómo serán las cosas que el señor Albiol, el increíble candidato del PP a la presidencia de la Generalitat, parece moderado y tolerante ante la jauría de la derecha ultramontana que se revela en la mayoría de las tertulias radiofónicas y televisivas en Madrid. Los que dividen, en cualquier caso, son siempre los demás: nunca somos nosotros.
Me siento tentado de agregar que al ascendiente inapelable del nacionalismo español no escapan tampoco quienes se adhieren al vacuo discurso que invoca las bondades de la globalización y del cosmopolitismo: qué fácil, y qué equívoco, es adherirse a una y otro cuando se vive cómodamente instalado en la lógica de un Estado-nación que no es objeto de cuestionamiento alguno.
El proceso soberanista, ¿no es el producto del capricho interesado de Artur Mas y de la burguesía catalana que éste encabeza políticamente?
Creo que es un grave, y desafortunado, error reducir ese proceso a la condición de una persona o, en su caso, de un grupo humano. Hay muchos catalanes que, ilusionados con el proceso en cuestión, ni simpatizan con Mas ni tienen relación alguna con unos u otros segmentos de la burguesía local. ¿Sería razonable reprocharle a Izquierda Unida, o a Podemos, que colabora con la burguesía española sobre la base, en exclusiva, de la constancia de que acepta, como esa burguesía, la existencia de una España independiente? Pero, y por lo demás, la certificación de que una parte de la burguesía catalana respalda la opción soberanista debe completarse con la de que, del otro lado de la trinchera, la burguesía española, que no es precisamente edificante, ha puesto en marcha toda su maquinaria para frenar una imaginable independencia de Cataluña. Basta con echar una ojeada a las declaraciones de los responsables de los grandes bancos y de las grandes empresas, o al tono de las tomas de posición de los medios de incomunicación. La histeria que el diario humorístico El Paísmuestra en estas horas da para un libro.
¿No te parece problemático que Mas sea principal figura visible en Junts pel Sí?
Lo es, en efecto, y ello aun cuando hay que entender que una buena parte del soberanismo catalán, acuciado por la necesidad de buscar mayorías, se ha inclinado por generar una suerte de ambiciosa gran coalición. La operación es, sin duda, delicada, por cuanto puede echar atrás a muchas personas que, con lógica, consideran indigno votar a una lista en la que Mas desempeña un papel principal. Pero tengo que volver a la carga con un argumento anterior: las miserias que rodean a las elecciones del 27 de septiembre son en buena medida consecuencia de la cerrazón de los gobernantes españoles en lo que respecta a la organización de un referendo en condiciones. Esto al margen, quienes estiman que el debate soberanista plantea una discusión importante en cuanto a la naturaleza de las herramientas económicas y sociales en la Cataluña del futuro nos están diciendo, al amparo de un argumento que es tan comprensible como discutible, que la prioridad de hoy es la consecución de una independencia que airee ese futuro. Y, en ese sentido, y si aceptamos esas tesis, habría que situar las elecciones del 27 en un marco mucho más general en el que el relieve de la presencia o ausencia de Mas sería inequívocamente menor.
¿Qué crees que ocurrirá en caso de que las opciones soberanistas dispongan de una mayoría parlamentaria en Cataluña que les permita sacar adelante una declaración unilateral de independencia?
Francamente no lo sé. A título provisional me parece que el grueso del establishment político español ha tirado la toalla. Eso es al menos lo que parecen indicar las declaraciones del tipo “si Cataluña se declara independiente quedará fuera de la UE”, que suponen, al menos en una primera lectura, una aceptación de facto de la realidad de la independencia. Supongo que en la trastienda lo que se barrunta es la conclusión de que medidas represivas drásticas –desde la suspensión del estatuto de autonomía hasta sacar los tanques a las calles, pasando por el encausamiento de responsables políticos- serían difícilmente presentables en la Unión Europea y suscitarían una más que probable oleada de simpatía por la Cataluña independiente. Pero nada puedo afirmar a ciencia cierta.
La otra posibilidad es que se abra camino una negociación que implique, por ejemplo, la organización del referendo que se rechazó en 2014 o que acarree la asunción, por las autoridades españolas, de determinadas concesiones en provecho de Cataluña. En mi lectura de estas horas este último horizonte, que implicaría que Cataluña seguiría formando parte del Estado español, sería difícilmente defendible a los ojos de muchos de quienes apoyan el proceso soberanista.
No sé qué encaje tiene en este escenario una propuesta que, como la que plantea el PSOE, sugiere la configuración de un Estado federal en España. Si, por un lado, apenas cambiaría la realidad presente –lo cual hace que esa propuesta sea difícilmente atractiva para las posiciones soberanistas, en Cataluña y en otros lugares-, por el otro entiendo que sólo es razonable si se asienta en un previo reconocimiento del derecho de autodeterminación de las partes integrantes de ese Estado federal, algo que el Partido Socialista, sin embargo, no parece contemplar.
¿Qué piensas de la posición de Podemos en relación con lo que aquí nos ocupa?
Cuando el proceso soberanista tiene ya un recorrido largo, y cuando las autoridades españolas han dejado clara su posición en relación con el derecho de autodeterminación, Podemos parece demandar una operación de marcha atrás que se asienta en la intuición de que una nueva mayoría gubernamental -¿cuál?- en Madrid asumiría en el futuro -¿cuándo?- la organización de un referendo en Cataluña y, por añadidura, y de la mano de venturosas políticas, ganaría para la causa española a muchos catalanes que hoy coquetean con el independentismo. Si a ello agregamos las dosis preceptivas de lerrouxismo, con la invocación de eventuales solidaridades entre las clases obreras de un lado y del otro, en el marco de un discurso que en los hechos aparca la cuestión nacional, tendremos un panorama general que explica por qué, en relación con Cataluña, Podemos es en estas horas en un balón de oxígeno para el establishment político español. En la trastienda intuyo que se hace valer una paradoja: como quiera que Podemos sólo parece interesado en alterar las reglas delrégimen español –no le interesa en modo alguno el sistema articulado en torno al capitalismo, la sociedad patriarcal, la crisis ecológica o el colapso-, al final no faltan las personas que estiman que sus propuestas en relación con la necesidad de acabar con el régimen de la transición son bastante inocuas en comparación con el proyecto que surge del soberanismo catalán.
Pero, ¿te parece mal que Podemos defienda que Cataluña siga formando parte de España?
En modo alguno. Me parece que es una opción respetable. Faltaría más. Ya he señalado que un referendo debería amparar la posibilidad de adherirse a horizontes que impliquen la secesión y a otros que acarreen el mantenimiento, con los cambios que queramos, de la situación hoy existente. En ese referendo tendrían también la posibilidad de expresarse, y no pienso ahora en Podemos, quienes estiman que la independencia de Cataluña sería esa catástrofe por la que antes me has preguntado.
Eres un libertario. ¿Cómo ven los libertarios el proceso catalán?
Hablo en exclusiva por mí mismo, en la medida en que no represento a nadie. En realidad me cuesta trabajo representarme a mí mismo. Antes que nada debo subrayar que en el mundo libertario la cuestión nacional ha suscitado de siempre visiones enfrentadas. Aunque la mayoría de las posiciones entienden que naciones y nacionalismos son artilugios creados para apuntalar los intereses de las burguesías nacionales correspondientes, hay quienes –es el caso de Bakunin, por rescatar un ejemplo- de siempre han considerado que no pueden menospreciarse en modo alguno las luchas de liberación nacional.
Hace unos meses cayó en mis manos un artículo, publicado en una revista anarcosindicalista, que subrayaba que los anarquistas españoles de antes de 1936 no eran independentistas. El argumento me produjo incomodidad: creo que los anarquistas son, por definición, independentistas, en la medida en que preconizan una radical descentralización del poder, hasta la desaparición de éste. Bien es verdad que su independentismo no se vincula con la institución Estado, sino con la práctica de la autogestión y de la autonomía. Por otra parte, espero que esos anarquistas a los que se refería el artículo en cuestión asumiesen, más allá de una crítica consecuente de las miserias de las clases pudientes en Cataluña, una contestación franca de lo que suponía, y supone, el nacionalismo de Estado español, porque de lo contrario su actitud más bien parecería de colaboración, por activa o por pasiva, con los poderes estatuidos. En cualquier caso, mi posición es la misma que la que postuló buena parte del movimiento libertario catalán con ocasión del fallido referendo de noviembre de 2014: rechazamos la irrupción de un Estado catalán pero defendemos sin cautelas la independencia de Cataluña. Y la de cada de una de las partes que integran esta última.
El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, AC (Frayba) y el Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad, AC (CCTI) denuncian obstrucción en la documentación y aplicación del Protocolo de Estambul de casos de tortura en Chiapas.
Funcionarios impiden a peritos independientes la aplicación del Protocolo de Estambul
El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, AC (Frayba) y el Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad, AC (CCTI) denuncian obstrucción en la documentación y aplicación del Protocolo de Estambul de casos de tortura en Chiapas.
Dos expertos independientes en la aplicación del Protocolo de Estambul, integrantes del CCTI, acompañados por integrantes del Frayba, realizarían trabajo de defensa, documentación y aplicación de protocolo a 11 personas internas en tres Centros Estatales de Reinserción Social de Sentenciados (CERSS), ubicados en San Cristóbal de Las Casas, Cintalapa y Playas de Catazaja, Chiapas.
Las 11 víctimas recluidas en los CERSS a las que se les aplicaría el Protocolo de Estambul por parte de los peritos independientes, en su mayoría son indígenas y presentan diferentes niveles de deterioro en su salud física y mental, por falta de atención médica y psicológica. Dos de ellas son mujeres. Dos de los detenidos tienen problemas de salud graves que requieren una valoración y atención urgente adecuada e imparcial.
Con antelación el Frayba solicitó por escrito a las autoridades penitenciarias el ingreso de los peritos independientes a las cárceles correspondientes, así como se garantizaran las condiciones necesarias para las entrevistas médicas y psicológicas, sin embargo las autoridades en todo momento dieron respuestas lentas y confusas incluso argumentando actividades deportivas en los centros penitenciarios, cuando por información proporcionada por los y las víctimas refieren que no había ningún tipo de actividad oficial que impidiera la atención a nuestra solicitud.
A pesar de las gestiones que se realizaron con varias autoridades competentes a la solicitud presentada, la respuesta siempre fue evasiva, confusa y ninguna autoridad se hizo responsable de dar una respuesta adecuada, inclusive entre las mismas autoridades se contradecían, con la intencionalidad de obstruir el trabajo de documentación.
Esto ejemplifica una vez más como el Estado mexicano, del cual las autoridades de Chiapas son parte, se niegan a dar salida a estas denuncias, ignorando las recomendaciones hechas por instancias nacionales e internacionales respecto a la investigación de calidad en casos de tortura. En su momento el Relator sobre Tortura de las Naciones Unidas, Juan Méndez, en su informe sobre México manifestó su preocupación por que “los expertos independientes capacitados en aplicar el Protocolo son escasos y enfrentan obstáculos para acceder a las víctimas privadas de libertad” además de la importancia de documentarla con el Protocolo de Estambul por peritos independientes.
En el contexto en el que se discute el Proyecto de Ley General sobre Tortura, las autoridades del estado de Chiapas dejaron ir la oportunidad de mostrar su interés para investigar hechos de tortura en personas privadas de su libertad y abonar por una mayor credibilidad en la protección de los derechos humanos de las personas sobrevivientes de tortura.
Es importante hacer mención que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tiene conocimiento de la situación en la que se encuentran varias de las personas detenidas que los peritos independientes visitarían; por lo que en las reuniones que tendrán integrantes del Frayba con las y los Comisionados de la CIDH durante su visita in loco que realizará en México se informará de la situación de indefensión en que se encuentran las víctimas de tortura en Chiapas.
Lamentamos que el Gobierno de Manuel Velasco Coello, a través del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana el Comisario Gral. Jorge Luis Llaven Abarca, realicen actos de obstrucción a la defensa de los derechos humanos.
Urgimos al Gobierno de Manuel Velasco Coello, se brinden todas las facilidades para que en fechas posteriores los peritos independientes, en compañía con integrantes del Frayba puedan realizar las acciones de documentación y defensa de los derechos humanos, así como la aplicación del Protocolo de Estambul.
Después de estas acciones tanto el Frayba como el CCTI tenemos el temor fundado que las víctimas de tortura que los peritos independientes visitarían, se encuentran en total indefensión, además de ser vulnerables en recibir amenazas, intimidación, aislamientos y traslados injustificados como mecanismo de generar miedo y terror a las víctimas y familiares.
Ante lo anterior y evidenciando la ineficacia del Gobierno de Manuel Velasco Coello, las organizaciones firmantes solicitamos al Estado mexicano tome las medidas correspondientes para garantizar la seguridad física y psicológica de las 11 víctimas, así como proporcionar la condiciones óptimas para la documentación de los casos de tortura a los defensores de derechos humanos, médicos y psicólogos que aplican el protocolo de Estambul.
TTIP, CETA, y la connivencia secreta entre los grupos de presión empresariales y los negociadores comerciales -> Resumen Ejecutivo del informe «Public services under attack through TTIP and CETA» (la versión completa en inglés se puede descargar aquí)
Los servicios públicos en la Unión Europea se encuentran bajo la amenaza de las negociaciones comerciales internacionales que están poniendo en riesgo la capacidad de los gobiernos de regular, y los derechos de los ciudadanos relativos al acceso a los servicios básicos como el agua, la salud y la energía, en aras de los beneficios corporativos. El Acuerdo Económico y Comercial Global con Canadá (CETA por sus siglas en inglés), cuya ratificación podría comenzar en 2016, y el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP por sus siglas en inglés) en vías de negociación con Estados Unidos representan la culminación reciente de estos esfuerzos. En el peor de los escenarios, podrían imponer la comercialización, de la que no podrán escapar, los servicios públicos, sin importar los resultados perniciosos que puedan tener sobre el sistema de bienestar.
Este informe desvela algunos datos sobre la connivencia secreta que existe entre las grandes empresas y los negociadores comerciales en la confección de los acuerdos comerciales internacionales de la UE. Muestra la agresiva agenda de las empresas de servicios en relación con el TIPP y el CETA, que pujan por una amplia apertura de mercados en áreas como la salud, los servicios culturales y postales, y el agua, lo que les permitiría la entrada y dominio dichos mercados. Y muestra cómo los responsables de las negociaciones por parte de la UE están allanando el camino a la industria de servicios, como se observa en el texto definitivo del CETA, publicado en septiembre de 2014 y los borradores de los capítulos relativos al TTIP, además de los documentos internos de negociación, que reflejan los deseos de los grupos de presión empresariales.
Resultados clave:
• El TTIP y el CETA muestran rasgos evidentes de ser influidos por los mismos grupos de presión empresariales que funcionan en el área de los servicios y que han sido conformados durante las últimas décadas en conversaciones comerciales anteriores, como el grupo de presión empresarial más fuerte de la UE, BusinessEurope, y el Foro Europeo de Servicios, un grupo de presión amoldado para orquestar el conjunto de las asociaciones empresariales y las principales empresas como British Telecommunications y Deutsche Bank.
• La relación entre la industria y la Comisión Europea es recíproca, y la Comisión estimula de forma activa las actividades de presión empresariales en sus negociaciones comerciales. Esto se ha denominado “reverse lobbying” (presión inversa, esto es, “las autoridades públicas ejercen presión empresarial para ser presionadas”). Pierre Defraigne, exdirector general adjunto de la Dirección General de Comercio de la UE, habla de una “connivencia sistémica entre la Comisión y los círculos empresariales”.
• El grupo de presión empresarial ha logrado un enorme éxito al convertir el CETA en el primer acuerdo de la UE con un enfoque de “lista negativa” para los compromisos en materia de servicios. Esto significa que todos los servicios son objeto de liberalización a no ser que se haga una excepción explícita. Determina un abandono radical de las listas positivas utilizadas hasta la fecha en los acuerdos comerciales de la UE que solo incluyen aquellos servicios que los gobiernos han acordado liberalizar, dejando intactos otros sectores. El enfoque de lista negativa amplía enormemente el ámbito de un acuerdo comercial ya que los gobiernos realizan compromisos en áreas que incluso desconocen, como los nuevos servicios que puedan surgir en el futuro. Lo mismo podría ocurrir en el TTIP, donde la Comisión está presionando a los Estados miembros de la UE para aceptar el mismo enfoque arriesgado, satisfaciendo las demandas de los lobbies empresariales.
• Las grandes empresas han logrado con éxito presionar en contra la exclusión de los servicios públicos en el CETA y el TTIP, ya que ambos acuerdos se aplican prácticamente a todos los servicios. Existe una excepción general muy limitada para los servicios “prestados en el ejercicio de una autoridad estatal”. Pero, para estar cualificado para dicha excepción el servicio no tiene que ser realizado ”sobre una base comercial ni en competencia con uno o más operadores económicos”. Sin embargo, hoy en día, prácticamente todas las empresas privadas dedicadas a los sectores públicos tradicionales coexisten con los proveedores públicos, lo que genera a menudo una fuerte competencia entre estos dos. La capacidad de exención de las autoridades gubernamentales queda realmente limitada a unas escasas funciones básicas que le pertenecen, como son los servicios relativos al orden público, el sistema judicial o el banco central. La llamada exención de los “servicios públicos” presenta problemas similares, ya que solo les reserva a los Estados miembros de la UE el derecho a someter a determinados servicios a los monopolios públicos o a los derechos exclusivos: contiene demasiados resquicios que tampoco permiten una protección adecuada de los servicios públicos.
• Probablemente la mayor amenaza de los servicios públicos surja de las disposiciones relativas a la protección de inversiones de gran alcance consagradas en el CETA y previstas también para el TTIP. Dentro de un sistema denominado mecanismo de solución de controversias entre los inversores y el Estado (ISDS por sus siglas en inglés), miles de empresas de Estados Unidos y Canadá (así como las multinacionales con sede en la UE que estructuran sus inversiones a través de empresas filiales del otro lado del Atlántico) podrían demandar a la UE y los Estados miembros por los cambios reglamentarios dentro del sector de servicios que mermen los beneficios empresariales, algo que potencialmente les podría suponer indemnizaciones multimillonarias en compensaciones. Las políticas que regulan los servicios públicos, desde la limitación del precio del agua a las privatizaciones revocadas, ya han sido objeto de demandas de ISDS.
• Las diferentes reservas y exenciones en el CETA y el TTIP son inadecuadas para proteger de manera eficaz al sector público así como la toma de decisiones democráticas respecto a la manera en que se organiza. Este es el caso concreto, ya que las exenciones no se aplican por lo general a los niveles de protección de la inversión más peligrosos y los ISDS, convirtiendo a las regulaciones de los sectores de servicios públicos críticos, como son la educación, el agua, la salud, el bienestar social y las pensiones, en objeto de todo tipo de ataques de parte por parte los inversores.
• La Comisión Europea sigue las demandas de la industria de bloquear las liberalizaciones y privatizaciones presentes y futuras de los servicios públicos, por ejemplo, a través de los peligrosos mecanismos de mantenimiento de status quo y de trinquete, incluso cuando las decisiones del pasado hayan resultado en fracaso. Esto podría poner en riesgo la creciente tendencia de la remunicipalización de los servicios relativos al agua (en Francia, Alemania, Italia, España, Suecia y Hungría), las redes energéticas (en Alemania y Finlandia), y los servicios de transportes (en Reino Unido y Francia). El desmantelamiento de algunas de las privatizaciones del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) para fortalecer a los proveedores de asistencia sanitaria sin ánimo de lucro podría considerarse como una violación del CETA/TTIP, como lo podrían ser las nacionalizaciones y re-regulaciones dentro del sector financiero como las presenciadas durante la crisis económica.
• Dar paso a las demandas de las empresas a favor del acceso ilimitado a la contratación pública estatal podría restringir la capacidad de los gobiernos para apoyar a los proveedores locales y sin ánimo de lucro y promover dentro del sector público la subcontratación de empleo a empresas privadas, donde, a menudo, el personal se ve forzado a hacer el mismo trabajo en peores condiciones salariales y laborales. En el CETA, los gobiernos ya han suscrito la licitación competitiva transatlántica obligatoria para varios sectores a la hora de adquirir suministros y servicios, un medio efectivo de privatización mediante la transferencia gradual de los servicios públicos hacia los proveedores con fines lucrativos. Los grupos de presión de Estados Unidos, como es la Alliance for Healthcare Competitiveness (AHC) y el Gobierno de Estados Unidos quieren que en el TTIP se reduzcan de manera drástica los umbrales para llevar a cabo la licitación transatlántica.
• Tanto el CETA como el TTIP amenazan con liberalizar la asistencia social, haciendo difícil la adopción de nuevas regulaciones dentro del sector. La oferta de servicios dentro del TTIP en Reino Unido incluye de manera explícita los servicios hospitalarios. En el texto del CETA y en los últimos borradores del TTIP hay al menos once Estados miembros de la UE que liberalizan la asistencia de larga duración, como es la atención residencial para los mayores (Bélgica, Chipre, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal, España y Reino Unido). Esto podría dificultar las medidas de protección del sector de la asistencia de larga duración frente a las estrategias de alzamiento de bienes de los inversores financieros como las que propiciaron el colapso de Southern Cross en el Reino Unido, por ejemplo.
• El borrador de texto más reciente sobre los servicios en el TTIP de la UE restringe de manera severa la aplicación de las obligaciones del servicio universal (USO) y reduce la competencia por parte de los operadores postales públicos, reflejando así los anhelos de las grandes empresas postales como UPS o FedEx. Las USO, como es la entrega diaria de correo a áreas remotas sin cargo extra, se orientan a garantizar el acceso universal a los servicios básicos a precios asequibles.
• El TTIP y el CETA amenazan con limitar la libertad de las empresas de servicios públicos para producir y distribuir energía según los intereses públicos mediante, por ejemplo, el apoyo a las energías renovables en la lucha contra el cambio climático. Muy pocos Estados miembros de la UE se han reservado explícitamente su derecho en los acuerdos comerciales a adoptar determinadas medidas en relación con la generación eléctrica (solo Bélgica, Portugal y Eslovaquia) y las redes de distribución energéticas locales (entre ellos, Bélgica, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia).
• Estados Unidos apunta hacia una apertura del mercado de la educación a través del TTIP. Desde las formaciones de gestión y los cursos de idiomas hasta las pruebas de admisión en los institutos, las empresas de educación de Estados Unidos que forman parte del mercado europeo como Laureate Education, Apollo Group, y Kaplan Group podrían beneficiarse, al igual que el conglomerado de medios alemán Bertelsmann, que recientemente adquirió participaciones del proveedor de educación en línea de Estados Unidos, Udacity. La Comisión Europea ha pedido a los Estados miembros de la UE que muestren “flexibilidad potencial” en relación con la petición de Estados Unidos asociada a los servicios educativos.
• La industria cinematográfica de Estados Unidos quiere que el TTIP elimine las cuotas relativas a los contenidos europeos y otros planes de apoyo encaminados a la industria del cine (por ejemplo, en Polonia, Francia, España e Italia). Como resultado, los grupos de presión como Motion Picture Association of America (MPPA) y el Gobierno de Estados Unidos se han opuesto a que se excluyan del mandato de TTIP de la UE los servicios audiovisuales, algo por lo que lucha el Gobierno francés. Ahora intentan limitar la exención tanto como se pueda, por ejemplo, mediante la exclusión en la definición de servicios audiovisuales del concepto de retransmisión, aparentemente con el apoyo de los grupos de la industria de la UE como BusinessEurope y la Comisión Europea.
• Los inversores financieros como BlackRock, involucrados en los servicios públicos europeos, podrían utilizar las disposiciones del TTIP y el CETA para los servicios financieros y la protección de la inversión a fin de defender sus intereses frente a las regulaciones “molestas” como son, por ejemplo, la mejora de las condiciones laborales dentro del sector de la asistencia de larga duración. Los grupos de presión como TheCityUK, con sede en Reino Unido y que representa a la industria de servicios financieros, están presionando fuertemente para un TTIP “integral”, que abarque todos los aspectos de la economía transatlántica.
• Las empresas de servicios de Estados Unidos están también presionando para que el TTIP aborde las “barreras al comercio”, como son las regulaciones en materia laboral. Por ejemplo, la empresa estadounidense Home Instead, un proveedor líder en servicios de asistencia domiciliaria para los mayores y que opera mediante franquicias en varios Estados miembros de la UE, quiere que se aborden en el TTIP las “leyes laborales inflexibles”, que obligan a una empresa a ofrecer a sus empleados a tiempo parcial “amplios beneficios como son las vacaciones remuneradas” y, que según se alega, “acrecientan de manera innecesaria los costes de la asistencia domiciliaria”.
Los acuerdos comerciales como el TTIP o el CETA ponen en juego nuestro derecho a los servicios esenciales, además de nuestra capacidad para que los servicios de todo tipo se orienten hacia el beneficio de la sociedad en su conjunto. Si se dejaran que siguieran su propio rumbo, las negociaciones comerciales podrían imposibilitar en último término la aplicación de decisiones que favorezcan al bien común.
Una medida para la protección eficaz de los servicios públicos frente al enorme ataque comercial sería la exclusión completa e inequívoca de todos los servicios públicos de cualquier acuerdo o negociación comerciales dentro de la UE. Pero una exclusión así no sería ciertamente suficiente para deshacerse de las restantes amenazas que se derivan del CETA y el TTIP, ya que hay muchas más disposiciones que ponen en peligro la democracia y el bienestar de los ciudadanos. Mientras que el TTIP y el CETA no protejan la capacidad regulatoria en pos del interés público, deben ser rechazados.
Publicado por la Association Internationale de Techniciens, Experts et Chercheurs (AITEC), Corporate Europe Observatory (CEO), la Federación Europea de Sindicatos de Servicios Públicos (FSESP), Instytut Globalnej Odpowiedzialności (IGO), Transnational Institute (TNI), la Cámara laboral de Viena (AK Vienna), y War on Want.
(Colaboración en la traducción al castellano: Ecologistas en Acción)