Asamblea Abierta Posthuelga 8M
Vacaciones en Paz 2018
La salida de autobús será desde Santander a las 5.30 am, con paradas en Torrelavega, Los Corrales y Reinosa.
Durante el viaje tendremos una charla-coloquio sobre la situación del lobo en Cantabria, cuál ha sido su gestión durante los últimos años y os explicaremos la demanda interpuesta por nuestra asociación contra los controles de población de lobo que se autorizan desde la Dirección de Medio Natural, Consejería de Medio Rural.
Para cualquier consulta podéis llamar por teléfono a Juan (636608089)
¿Hubo en la historia de la humanidad algún grupo social que abandonara voluntariamente sus privilegios?
Quien piense o sienta que los varones no tenemos ningún privilegio respecto de las mujeres (o quien crea, por ejemplo, que los blancos no tenemos privilegios respecto de los negros) puede abandonar la lectura en este punto, porque estas líneas no están dirigidas a ellos, o ellas. Quien siga adelante, sepa que está ante un texto crítico pero, sobre todo, autocrítico.
El primer paso para cambiar algo es asumirlo. Ningún alcohólico, ningún adicto a cualquier otro tipo de droga, puede dejar la adicción si no reconoce que tiene un problema. O sea, si no siente, “en el alma y en cuerpo”, que el consumo está produciendo un daño que sólo se puede resolver trabajando muy duro para superarlo.
Asumirse como opresor no es nada fácil. En particular para las personas que somos de izquierda, que desde tiempos muy remotos nos pronunciamos contra todo tipo de opresiones: de clase, de raza, de sexo, de generación, por convicciones religiosas o ideológicas, entre otras.
No creo, en absoluto, en ese discurso que dice que el patriarcado y el machismo nos oprimen a todos, también a los varones. No es cierto. Es apenas un discurso políticamente correcto, que es una de las peores formas de abordar estas cuestiones que no son teóricas (por lo cual no voy a apelar a intelectuales), sino afectivas, de piel, de sensibilidad. Argumentos hay para todo, y ahora aparecen los macho-izquierdistas, algunos radicales, que crearon ese mediocre adjetivo de “feminazis”, que habla más de ellos que de las feministas.
Dos son las cuestiones que deberíamos reflexionar, creo, los varones. Primero, lo que nos incomoda del empoderamiento de las mujeres, los porqués de esa incomodidad que, en ocasiones, resulta desconcertante por desafiante. La segunda consiste en el papel o lugar que podemos asumir quienes nos sentimos afines al feminismo o a la emancipación de las mujeres.
EL ESCUPITAJO EN LA CARA.
Muchos amigos varones dicen que no entienden la agresividad de las mujeres que se insurgen, incluso de sus amigas y compañeras, ya que la consideran “irracional”. Por ejemplo, cuando al saludarlas se descuelgan con un “Hola, linda”. “No me digas eso” es, como mínimo, la respuesta airada. El tipo, los tipos, nos quedamos perplejos. Como cuando nos reprenden por decir “negrito” a un negro, un apelativo supuestamente cariñoso pero profundamente racista.
En una ocasión discutimos largo rato con un amigo sobre las posibles razones de esa “irritabilidad” femenina. Una mujer joven que llegó hasta donde estábamos (un sindicato o un centro social), pasó por una sucesión casi interminable de acosos: frases groseras en la calle, tocamientos de nalgas en los ómnibus, miradas soeces, y muchas otras que los varones apenas imaginamos. Por no mencionar violencias, incluso dentro de la familia, de parte de hermanos, padres, padrastros, tíos, primos…
“Esa mujer –seguimos razonando– nos saluda y escucha ese ‘Hola, linda’, que desborda el vaso de la paciencia, precisamente porque se supone llegaba a un espacio que es solidario.” Es molesto que te manden a la mierda, que te pidan silencio o te hagan el vacío. Pero, ¿existe alguna otra actitud realmente posible?
Nunca en la historia los oprimidos se han puesto de pie luciendo gestos amables y ademanes corteses. La norma ha sido la transgresión rebelde y la bronca, que se desliza hacia la furia cuando del otro lado aparecen la intolerancia y la violencia. Se suela acusar a las feministas de extremas, de radicales o, con mucha razón, de intolerantes. ¿Por qué habrían de tolerar el acoso y la violencia?
Al lugar que pretendo llegar es al incómodo escupitajo en la cara de quienes se ponen de pie, con esos modales que no son precisamente fáciles de aceptar por quienes nos sabemos, o no, opresores. Creo además, por mi experiencia con comunidades indígenas y en favelas cariocas, que el acoso más molesto es el que proviene de nuestros “compañeros” de izquierda, porque en su discurso dicen, decimos, lo contrario.
A los varones de izquierda, que supongo serán los que lean este semanario, quisiera recordarles que, en la carta de despedida a sus hijos, el Che escribió: “y sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.
El Che nunca fue feminista. Ni siquiera podría decir que era antipatriarcal o sensible a la emancipación de las mujeres. Menos aun a la defensa de gays y lesbianas. Era un hombre de su tiempo, lo que no justifica en absoluto su insensibilidad frente a ciertas opresiones. Los revolucionarios pertenecieron al bando de los opresores. Como quien escribe estas líneas, y seguramente muchos de los que las leen.
LOS VARONES ANTIPATRIARCALES.
Me parece saludable que haya varones que acudan a los actos y manifestaciones del 8 de marzo, que participen en las Alertas Feministas cada vez que una mujer es asesinada por violencia de género, y así. Creo que está bien y es necesario.
Pero desconfío profundamente de los varones que se dicen feministas y antipatriarcales, aunque por cierto no es lo mismo. Porque el problema comienza precisamente en ese momento. ¿Cómo acompañar? ¿Desde qué lugar y con qué actitud?
Lo primero es dejar cualquier protagonismo, ablandar el ego. Eso nos dice que cuando participamos en esas actividades de mujeres no vamos a ocupar un lugar central, ni arriba de la tarima (ahora las mujeres tienden a rechazar las tarimas-púlpitos porque de algún modo reproducen el patriarcado). Caminar al final de la marcha, o a los lados. O quedarse en casa cuidando a nuestros hijos o los hijos de amigas, cocinando o limpiando.
La segunda cuestión es resistir la tentación de la “bajada de línea”, de saber ya cuál es el lugar que nos corresponde a los varones que no queremos reproducir la violencia machista pero tampoco el lugar del patriarca. “¿Cómo hacer para no volverse fascista incluso cuando (sobre todo cuando) uno se cree un militante revolucionario?”, escribió Michel Foucault en “Introducción a la vida no fascista”.1
Es todo un programa que hace balance, macro y micro, de un siglo de socialismo real. Es una pregunta sin respuesta, o con respuestas apenas parciales. Nos invita a ocupar el lugar del no saber, de la incertidumbre, de la crisis personal y política. Porque no se sale del lugar del macho sin atravesar una profunda crisis de identidad, dolorosa, porque nos educaron en eso.
Los varones antipatriarcales (una categoría más que dudosa) deberíamos tomar muy en cuenta la pregunta de Foucault. Primero porque no sabemos qué es eso de ser antipatriarcal. Puedo decir lo que no es (no golpearás, no acosarás, no humillarás, etcétera). Pero no puedo decir cuál es el nuevo lugar. La tentación de juzgar a los machistas es la peor, porque nos coloca como administradores de nuevos panópticos.
El lugar del no saber, el no saber qué lugar, siento que debe ser mantenido durante un tiempo más o menos prologando, el suficiente para no congelar una nueva identidad, o un nuevo lugar. Porque la incertidumbre, el caminar a tientas en la oscuridad, permite desarrollar sensibilidades y sobre todo sentidos atrofiados por décadas (siglos) de opresiones.
Un mundo pospatriarcal pasa por el empoderamiento de las mujeres. Los modos como acompañemos este proceso son inciertos. La única certeza es la necesidad de remodelar el ser varón, que pasa básicamente por dejarnos afectar, para sentir-nos de otros modos. Es un arte, no una línea política, siempre imperfecta.
1. En El anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari.
Otro año más, CGT, Ecologistas en Acción y Baladre, organizan la IV edición de la Escuela Ramón Fernández Durán, la Escuela de los Movimientos Sociales. Este año convoca también Reas en Salamanca (c/Almendralejo, 1 – Barrio de Buenos Aires).
Tanto por el contenido como por la temática, la Escuela tiene un alto nivel formativo, por lo que os animamos a inscribiros y participar en ella.
Para poder inscribirte pincha aquí
«Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa»
Desde que la conocemos, las conversaciones con Silvia Federici han sido siempre muy fértiles. No solo por su lucidez y agudeza teórico-política, sino también por su generosidad infinita en el relato de su experiencia, en esa búsqueda de coherencia entre lo que se hace y se piensa. En la previa del 8 de marzo, conversamos con ella sobre la huelga internacional de mujeres y la actualidad de la lucha feminista. Elegimos volver a escucharla hoy, en este contexto tan intenso donde la lucha de las mujeres se despliega con una fuerza por momentos inesperada. Donde cada una desde su comunidad de mujeres pone empeño en organizar, difundir y participar del 8 de marzo y del paro histórico que sucederá en más de treinta países alrededor del mundo.
En lo vertiginoso de estos acontecimientos nos venimos diciendo unas a otras: no aceptemos más la violencia, potenciemos nuestra fuerza para multiplicar nuestro ya basta, organicemos encuentros, espacios y marchas que hagan temblar la tierra. Pero también nos repetimos una y otra vez: hagamos más denso el tejido del entre mujeres; potenciemos nuestra ayuda mutua, nuestro autocuidado y reciprocidad; estemos cada vez más movilizadas pero también robemos tiempo para sentir y pensar cómo seguimos, cómo nos auto organizamos cada vez más y qué desafíos está alumbrando la lucha. Dicho de otro modo, al desplegar la lucha ésta ilumina nuevos problemas políticos. De nada sirve hacer sin pensar. Pensemos a partir de lo que estamos experimentando y abramos los espacios para construir los cómo seguir. Nuestras compañeras y hermanas nacidas en las luchas que nos antecedieron portan experiencias que es preciso recuperar para no empezar de cero, para nutrirnos y cambiar. Por eso esta conversación busca ser un espacio-momento para que Silvia nos comparta palabras que nos ayuden a pensar lo que está sucediendo.
-¿Qué está sucediendo con la lucha de las mujeres? ¿Qué has reflexionado sobre las últimas manifestaciones en Estados Unidos?
Aquí es un momento en el que se está dando una movilización muy fuerte de todos los movimientos sociales, y sobre todo del movimiento de las mujeres. Hemos visto estas marchas en Washington, en Nueva York, en varias ciudades. Mujeres de todo tipo, de todas las edades se están movilizando, sintieron la necesidad de salir a la calle. Y pienso que no es solamente una necesidad de responder a Trump, es la expresión de un gran descontento que se ha acumulado en estos años, porque las situación de las mujeres en todos los niveles, con excepción de una minoría, se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, enfrentando una crisis en su vida cotidiana.
Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales. Además de enfrentarse continuamente a la violencia, que es violencia individual pero también del Estado, de la policía, en las cárceles, es la militarización de la vida que aquí es cada vez más fuerte. Creo que ahora estos son los elementos que unifican y pueden unificar al movimiento feminista. Es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente. En estas marchas, en Nueva York por ejemplo, se podía ver una gran creatividad, mucha fuerza y energía, por eso se puede comparar con lo que sucedió en los años setenta.
Es un movimiento que ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo a partir de la desilusión que tantas mujeres han experimentado. Se pensó que trabajar fuera de la casa posibilitaba conseguir autonomía. Y no nos dio autonomía porque el trabajo es precario, no da seguridad. Lo que vemos es un gran número de mujeres, y hombres también, cargadas de deudas. Han luchado por entrar a las universidades, como se luchaba en los años setenta, y ahora con la privatización de la educación deben un montón de dinero para poder estudiar. Muchas jóvenes con veinte años no pueden ver cuál va a ser su futuro.
-¿De qué luchas previas se nutren estas manifestaciones? Porque al mirar las imágenes -no podíamos dejar de mirar lo que pasaba, la cantidad de personas- desde el sur nos preguntamos ¿de dónde se están nutriendo? ¿De dónde nació ese desborde? ¿Qué había previamente organizado?
Creo que la decisión de una parte del establishment norteamericano de apoyar a Trump ha sido una respuesta a las luchas que ya se estaban dando. Por ejemplo, la lucha por el aumento del salario mínimo ha involucrado a muchas mujeres muy fuertemente, y siempre se cruzaba con la lucha de los migrantes. Porque son sobre todo las mujeres y las personas migrantes las que tienen salarios muy bajos. También ha crecido un movimiento estudiantil contra la deuda generada por la falta de gratuidad. Por otro lado, muchos han apoyado a Trump pensando que sería el presidente que cortaría las deudas e implementaría una educación gratuita. Es también creciente la movilización contra el control del cuerpo. Por ejemplo, en muchos Estados se redujo drásticamente el acceso al aborto. Hoy las mujeres se enfrentan con dificultades en todos los lugares donde están, con cortes en servicios como la educación y la precariedad de la vida, ninguna sabe si tendrá o no trabajo. Sobre todo entre jóvenes y mujeres no se ve qué tipo de futuro se tendrá.
También la rabia y la indignación contra estos abusos, la violencia institucional continua, la matanza de la policía sobre los y las jóvenes de color, migrantes, latinos. La conciencia de que vivimos en un régimen muy brutal, que no es una novedad, pero que ahora ya no se puede no ver. En los últimos años casi todos los días un joven negro fue asesinado con una impunidad absoluta. Entonces, hay un descontento muy fuerte, económico y no económico, porque los dos están conectados. Porque está claro que esta violencia se justifica y se sostiene en la represión y en la precariedad económica.
-¿Cómo estás viviendo estos mismos movimientos en el plano internacional, por ejemplo lo que está siendo en este momento la organización de la huelga internacional de mujeres?
Es una idea muy excitante, sobre todo esta dimensión internacional de las luchas es muy importante. En las últimas semanas ha sido muy importante ver tantas movilizaciones en todas las ciudades al mismo tiempo, el sentimiento de ser parte de algo que se está moviendo en muchas partes del país y del mundo. Así como la respuesta al llamamiento de paro de las compañeras en Argentina en octubre pasado que fue muy fuerte. También aquí muchas compañeras salieron a la calle.
Todavía es difícil saber, pero es claro que solamente algunas podrán hacer el paro porque hay tantas dificultades prácticas para organizar un paro de las mujeres, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde existen realidades tan diferentes y hay grupos de mujeres tan diversas, en una situación donde faltan los servicios sociales, donde muchas mujeres son solteras y no tienen un marido que pueda sustituirla. Pero se envía una señal importante, es una posibilidad de compromiso con las nuevas formas de lucha y de organización. Ojalá sea un compromiso para crear redes de comunicación entre mujeres de diverso tipo. Crear un tejido social más fuerte, capaz de resistir a lo que está sucediendo y también empezar a construir nuevas relaciones.
Empezar a implementar lo que se viene hablando sobre formas de auto gobernarnos, reclamar el control de nuestra vida, empezar el proceso de no solamente ponernos en contra sino ir definiendo qué tipo de sociedad queremos, cómo vamos a construirla, qué precisamos de inmediato y cuáles son los objetivos del futuro. Yo creo que es importante hoy abrir una visión estratégica, no solamente salir a la calle, sino salir a la calle con una visión de lo que deseamos e intentamos construir. Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa y no se une este momento con la construcción de algo distinto. Por eso es importante no solo demandar a un Estado que no responde, sino comprender contra qué luchamos, que no son personajes. Estos personajes son la expresión de un mal que es el sistema. Comprender lo que está sucediendo a nivel económico, político, ecológico y empezar a hacer las conexiones. Es verdaderamente la misma lucha: luchar contra la contaminación, contra el capitalismo, la precarización de la vida y el despojo y luchar contra el patriarcado son momentos diferentes de una misma lucha. Pienso que esta movilización puede ayudar a crear conciencia sobre la interconexión de estas luchas. Ojalá tengamos la capacidad crear un terreno de unificación entre mujeres distintas.
Nosotras sentimos que nos entusiasma el paro y la movilización porque es un mensaje, es una disputa en varios planos, también simbólica. Acá en el sur, sobre todo la idea de la doble jornada, el trabajo doméstico, ha tomado mucha fuerza porque al discutir el paro hubo que intercambiar sobre qué precisábamos para parar. Eso dio lugar a un montón de discusión entre mujeres. Muchas han planteado que no pueden parar porque están solas con sus hijos e hijas, entonces vemos formas diversas de parar y participar. No nos proponemos hacer un paro en el que si no podés parar las veinticuatro horas no formás parte de la jornada y de la lucha, sino hacer un paro que diversifique las opciones y todas podamos participar. Justamente, yo pienso que a partir de las dificultades de hacer este paro, de las dificultades de las mujeres que no pueden dejar a sus hijos, es importante comprender cuál es el paso próximo.
Porque, ¿qué pasa con estas mujeres que están encarceladas por el trabajo doméstico todos los días y que no tienen a nadie que las pueda ayudar? El paro es un momento de comprensión y de transformación, porque mirando estas dificultades organizativas se puede ver qué necesitamos, qué se puede hacer como cosa urgente. Ver que existen tantas mujeres que no pueden ir a una reunión, al cine, porque son prisioneras de ese trabajo. Cuando estuve en Bruselas unos meses vi que allá las compañeras han impulsado la iniciativa de describir su jornada de trabajo y luego han recogido esos testimonios. Han dicho también al estado “todo esto es lo que las mujeres hacen”, están intentado decir “esta es la cuenta por todo lo que hemos realizado”. Este tipo de acciones pueden incrementar la conciencia y permiten pensar nuevas prácticas.
Porque si estamos encarceladas en el hogar entonces ¿qué estructura necesitamos en lo urbano, en el barrio, para dar respuesta?, ¿cuáles son las necesidades inmediatas y urgentes? En esa clave, al pensar el paro lo estábamos concibiendo como un momento pedagógico para nosotras y para todas las mujeres, por tanto para señalar los desafíos en todos los sentidos que vos nombras, para pensar qué movimiento tenemos que construir, bien atado a la vida y la cotidianidad. Pero también señalar los límites de la izquierda, los límites de ciertas formas de hacer política, lo que sucede con el sindicalismo. El paro iluminó muchas cosas, no solo para el propio movimiento de mujeres sino para muchas más personas. Así es. Antes existieron sindicatos que se ocupaban de la vida, del barrio, que luchaban tomando en cuenta toda la vida de las trabajadoras y trabajadores, no solo sobre las ocho o nueve horas. Ahora es una forma burocrática que ya no funciona más, que no puede dar respuestas.
He estado hablando con una compañera que organizó en Islandia el paro de 1975, desde allí las mujeres se han organizado en espacios urbanos donde se conversa, se circula información, en todas las ciudades están estos espacios que son experiencias colectivas para las mujeres. Estos lugares han facilitado mucho la organización, porque cada uno ha sido un punto de expansión de la información, de la táctica. Me gusta mucho pensar que se pueden crear estos lugares, espacios de las mujeres. Crear, desde donde una vive, espacios donde cuidarnos y dar discusiones entre mujeres. Insistir en la capacidad de crear, reclamar el espacio, el derecho a la ciudad. Es importante pensar este momento como un momento histórico, lo que está pasando con el Encuentro de Mujeres en Argentina, que se organice algo internacionalmente de forma autónoma sin los recursos y la intervención de la ONU. Se han hecho acciones todos los 8 de marzo, pero este año está la dimensión internacional.
Esta jornada está reviviendo el sentido del 8 de marzo y dando lugar a un nuevo internacionalismo. Pero es importante pensar estratégicamente qué es lo que queremos. Claro que no podemos saber muchas cosas, pero sí qué precisamos saber. Necesitamos una visión estratégica más allá de la manifestación. También la memoria histórica es importante para crear resistencia, la memoria sobre lo que ha significado este día para la lucha de la mujeres, sobre el internacionalismo feminista y el significado de eso en la actualidad. Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra.
-Este punto es importante desde la perspectiva latinoamericana y también nos preguntamos por esto que nombras. La gente se moviliza cuando puede, cuando hay conciencia y voluntad, pero ¿qué piensa sobre las invasiones y la guerra el pueblo estadounidense?
Ahora se ven límites que no se veían y se empieza a insistir en la necesidad de la lucha contra la guerra. Han estado y están bombardeando con drones Yemen, han destruido Medio Oriente. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no? Es importante que todos digamos que no se puede excluir a las personas de ningún país, pero también que no se debe bombardear ni destruir la vida en ningún país. Pienso que en los materiales que se van a preparar y escribir es importante tener esta visión histórica del internacionalismo feminista.
-Con respecto a la memoria histórica, al crecer bastante la auto organización de las mujeres en varias ciudades de Uruguay, las compañeras plantean una sensación de ser huérfanas, de empezar una lucha sin saber que otras mujeres lucharon antes, desconociendo qué problemas tuvieron y cómo se organizaron. ¿Tuvieron esta sensación en los años setenta cuando el movimiento desbordaba las calles?
Para nosotras fue muy importante el trabajo de comenzar a reconstruir la historia de otras mujeres, de comprender de dónde venimos, cuales fueron nuestras madres, reconstruir y pensar en el feminismo liberal, en el feminismo socialista -del que nace el 8 de marzo-, saber lo que planteaban sobre la liberación de la mujer. De la historia del feminismo en América Latina he descubierto dos años atrás la lucha de las mujeres en Argentina, a Virginia Bolten y su consigna “ni patrón ni marido” y su periódico La Voz de la Mujer. Las historias locales, en el Río de la Plata, también son muy potentes. Por ejemplo, la consigna de las mujeres en Uruguay en los años ochenta era “nosotras queremos cambiar la vida”.
Es hermoso reconectar con esas luchas. Es imprescindible conversar con estas mujeres que son libros vivientes, libros de la historia de las luchas. Esta concepción que planteas es importante para construir una memoria larga. Tú te sientes parte de algo, no puedes mirar el futuro sin mirar el pasado. Solamente cuando ves toda la historia de lucha, los límites, los problemas de las experiencias organizativas pasadas, intentas no repetir las mismas cosas. No puedes identificar lo que estás haciendo si no miras que se ha hecho antes y cuáles son las diferencias, aprender de esa experiencia, no pensar que has inventado todo.
* Nota de Correspondencia de Prensa:
Silvia Federici, activista feminista italo-estadounidense, escritora, profesora en la Hofstra University de Nueva York. Trabajó como profesora en Nigeria durante la década de 1980. Fue una de las principales animadoras de los debates internacionales sobre la condición y la remuneración del trabajo doméstico. En sus trabajos concluye que el trabajo reproductivo y de cuidados que hacen gratis las mujeres es la base sobre la que se sostiene el capitalismo. Su monumental libro, “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”, (Tinta Limón, Buenos Aires, 2016) tiene varias ediciones.
Nos llegan noticias alentadoras de todos los territorios. Los piquetes informativos toman medios de transporte como el tren o el metro. Irrumpimos en centros comerciales como Primark, Zara, Mango, el Corte Inglés… consiguiendo que el público asistente salga sin compra e informado de los motivos de la huelga. Centros comerciales con sus logos globales radiantes cerraban sus tiendas al paso de los piquetes.
Batucadas, caceroladas, colocación de pancartas en todas las ciudades y pueblos. Hoy se engalanan de morado nuestras conciencias y nuestras vidas. Hablamos de nuestras razones, gritamos nuestras consignas contra el patriarcado, contra el capital, contra una individualización de los espacios y de las vidas. Teleoperadoras han dejado de manera masiva los cascos para que los atiendan sus jefes, limpiadoras hacen huelga de guantes caídos, redactoras, enfermeras, camareras, maestras, ferroviarias, kellys… se han ausentado de sus puestos de trabajo y seguirán sumándose a la lucha.
No queremos más minutos de silencio, ya hemos tenido bastantes. No queremos listas de nombres, ni pertenecer a una estadística que valore la probabilidad de que nos acosen, agredan, violen o maten. No queremos silencio para las justas. Hoy alzamos la voz por todas las que no pueden, por todas a las que el patriarcado las tiene aún amordazadas y ciegas, por las que no se reconocen entre las feministas. Por todas las que han caído, por las invisibles, por las que se fueron, por las que están y las que vendrán.
Hoy el mundo es más justo solo por el simple hecho de que hemos tomado la iniciativa. Mujeres valientes y libertarias a la toma de las pancartas, a la cabeza de la lucha. Han cambiado las trincheras tras siglos de luchas y el combate se libra en las calles a cara descubierta. Cantando, riendo, bailando, gritando nuestras verdades. Con la verdad descarnada y absoluta de vivir cada día la desigualdad, la opresión y el miedo.
Solo algunas empresas, de manera anecdótica, han consignado comunicar a sus trabajadoras que no habría represalias ante la huelga. En el resto se libra una guerra social de chantajes, intentos de desmovilización por parte de los sindicatos mayoritarios, siempre de la mano de la patronal. Toda acción genera su reacción, la contra resistencia al feminismo intenta invisibilizar la desigualdad con intentos espasmódicos, incoherentes y amorales. Se quitan la careta sin escrúpulos intentando desmovilizar a la clase obrera. Su discurso desmovilizador ha sido hasta ahora que, siendo sindicatos mayoritarios, nuestra Huelga legítima de 24h sería seguida de manera poco representativa. Solo el 33% de la clase trabajadora cotizante está afiliada a un sindicato y la solidaridad obrera está por encima de siglas y banderas… Para CGT la Huelga de 24h es una apuesta coherente, honesta, justa y necesaria.
¡VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES TRABAJADORAS!
Por el Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT
“Aquellas que eran vistas danzando eran consideradas locas por aquellos que no podían oír la música.” Nietzsche
Ayer, al unísono en más de 140 países del mundo, de manera intercontinental, las mujeres bailaban juntas la misma danza contra el patriarcado. Las calles se llenaban de piquetes, se ultimaban las pancartas, globos, camisetas, se sonreía con la locura de la complicidad. Batucadas, caceroladas, marchas nocturnas, toma de edificios para pernoctar en ellos, asambleas feministas, reuniones para resolver dudas sindicales. La danza era imparable. Expectación e ilusión en el ambiente a partes iguales. Y la certeza absoluta de que nos hemos conjurado para hacer y cambiar la historia. ¡A las barricadas!
Hoy me recordaba un compañero de CGT que veinte días llevan los medios radiando en prensa y televisión sobre la Huelga feminista del 8 de marzo. Una cobertura mediática superior a la suscitada en cualquier anterior convocatoria de Huelga General. Es una Huelga legal, lícita y moral. Responde a la visibilización de una deuda de injusticia social y su lucha comprometida sin medias tintas ni trampas, con coherencia y tesón que engrandece a la clase obrera en su conjunto.
Nos intentaron enterrar sin saber que éramos semillas. Florecen nuestras ideas, nuestras emociones acalladas por tanta educación represora. Nosotras debemos repudiar la competencia que nos han inculcado entre las unas y las otras y reconocernos entre iguales con la solidaridad intangible que poseen las oprimidas.
No estamos locas, ni locos. Es el mundo que nos rodea y que nos constriñe, que nos explota y nos niega, que nos utiliza y nos desampara. No es que la masculinidad esté en peligro, es que el ejercicio de ella tal y como la conocemos ahora vuelve el mundo peligroso y hostil. Por este motivo acudimos a la Huelga juntas todas y todos al mismo paso, con la misma ilusión, bajo las mismas consignas. Nuestra lucha es colectiva a género en cuanto a lo que lucha de trinchera se refiere y esto, justamente, nos da solidez y coherencia.
No es una Huelga al uso, los escrutinios de participación a pesar de que lleguen a superar cualquier expectativa imaginable son demasiado patriarcales y geocéntricos como para reconocer el avance y emancipación que supone esta Huelga General para la conciencia social. Hablamos de despertar sin paliativos, de remover vivencias y heridas, de pedir justicia reconociéndonos en el estrato más bajo de la balanza sin que ello nos avergüence y valorar nuestras áreas de mejora. Hablamos de un cambio colectivo de sentido común que nos devuelva al centro y sea respetuoso con la vida.
Los índices de participación, a pesar de los intentos desesperados del patriarcado, el capital y sus secuaces, no son suficientes para parar el tsunami feminista. Nosotras, de manera irónica hemos desobedecido reinterpretando la Huelga aberrante a la japonesa que proponían desde el gobierno, que nos pretendía más productivas y sumisas y nos ha vuelto de manera reaccionaria más combativas y coparticipativas. El llamado por el gobierno “lobby de la elite feminista” se conjura contra el poder y la acumulación para pedir respeto, cambiar las normas, deshacer la opresión y volver el mundo más racional y menos individual.
Ojalá compañeros y compañeras tengamos la suerte de contar a nuestras nietas y nietos que fuimos coparticipes y propulsoras de esta Huelga General de 24 H y que esto hizo cambiar el mundo que conocíamos, simplemente porque nos atrevimos a soñar y desear que este fuera diferente y nos pusimos mano a la obra.
SIN NOSOTRAS EL MUNDO NO FUNCIONA
Por el Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT





