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América Latina, cinco siglos de luchas populares

Una marcha indígena que recorrió, durante dos meses, 600 kilómetros del territorio boliviano fue reprimida en septiembre de 2011, pero finalmente llegó a La Paz. Pretendía paralizar la construcción de una carretera que partía en dos el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure. La construcción de la vía de 305 kilómetros, entre los departamentos de Cochabamba y Beni, no se consultó previamente con las poblaciones afectadas. Estas apuntaron como trasfondo de la infraestructura, adjudicada a la constructora brasileña OAS, la extracción de crudo, de otros recursos naturales y la ampliación de la frontera agropecuaria. Las movilizaciones forzaron al presidente Evo Morales a dar marcha atrás en el megaproyecto.

En mayo de 2006 se produjo en Sao Paulo una desaforada ola de violencia tras la ofensiva de grupos narcotraficantes. Sin embargo, la represión por parte de las fuerzas de seguridad y escuadrones parapoliciales apuntó más allá de estas bandas, y cercenó la vida de 500 personas. ¿Con quiénes se encarnizó la acción represiva? Una de las fundadoras de Madres y Familiares de Víctimas de Violencia de la Baixada Santista aportó la clave de la masacre: “El Estado brasileño extermina a los pobres y a los negros de las favelas”. Hace algo más de una década también nació en Argentina la experiencia de organización popular “Paren de Fumigarnos”, con uno de los epicentros en Santa Fe. Esta provincia es, junto a Buenos Aires y Córdoba, una de las que más se ha volcado en el cultivo de la soja.

El periodista e investigador uruguayo Raúl Zibechi compila estos tres ejemplos, entre otros, en el libro “Latiendo resistencia. Mundos nuevos y guerras de despojo”, publicado en 2016 por Coordinación de Luchas contra la Precariedad Baladre y Zambra Iniciativas Sociales. Pero el ensayo de 210 páginas no sólo aborda una pluralidad de luchas, sino que –en la primera parte del libro- el articulista de Brecha y La Jornada plantea un giro en la perspectiva. En una entrevista realizada por el colectivo “Veredas Autónomas”, Zibechi propone un pensamiento crítico no tan vinculado a la tradición eurocéntrica, sino que eche raíces en las tradiciones singulares de América Latina; por ejemplo en los quilombos, caracoles, comunidades y cabildos. Así, “el quilombo de Palmares duró más años que la Unión Soviética”, recuerda Raúl Zibechi. Organizado en 1580 y finiquitado en 1710, fue un territorio libre promovido en Brasil por esclavos negros, fugitivos y sus descendientes. No se trata de una cuestión menor, ya que pese a que sufrieran asesinatos masivos, tanto los quilombos como los palenques y las rebeliones indígenas desempeñaron un rol capital en la derrota de los imperios hispano y portugués.

En este punto Zibechi hace visible una de las significativas contradicciones de la izquierda. Se hace visible una parte del pasado, mientras que se silencia otro. La izquierda celebra, porque los considera propios, a “milicos criollos que se limitaron a continuar la tarea exterminadora de los conquistadores”. Sus figuras se exhiben en muchas de las plazas de América Latina. Los ensayos de este periodista militante, y que lleva tres décadas recorriendo el continente acompañando a los movimientos populares, suponen un aldabonazo contra el pensamiento adormecido y la anestesia burocrática. Autor de libros como “Descolonizar al resistencia”, “Política y miseria” y “Territorios en resistencia”, antepone la ética (“que ata palabras y formas de vida”) a manifiestos y discursos, “que en muchos casos se los llevan las urnas”. Y este profundo sentido ético le lleva a valorar como dos grandes revoluciones la del movimiento zapatista y la Comuna de París (“una creación heroica de los obreros”). No es casualidad que el “mandar obedeciendo” del zapatismo se extienda, de manera fluida y por empatía natural, entre pueblos como el mapuche o los aymara de Bolivia.

Precisamente su estancia en la “escuelita” zapatista le llevó a Zibechi a asumir grandes lecciones. Entre otras, que para transformar el mundo no hace falta tomar el poder del estado; o que no existe la reflexión teórica al margen de la práctica. “No es lo mismo reflexionar en un despacho rodeado de libros, con aire acondicionado y cómodos sillones, que después de dormir sobre una tabla/cama; o hacerlo en el cafetal colectivo después de un día trajinando con el ganado”. Puede que esto ya se supiera, en la teoría; pero, asevera el periodista, “no lo sentíamos en el alma y en el cuerpo”. Por otra parte, más que centrarse en arquetipos, fósiles, de sujetos revolucionarios extraídos de los manuales, Raúl Zibechi prefiere referirse a la extraordinaria heterogeneidad de los “abajos”, lo que incluye a marineros, campesinos sin tierra, delincuentes, borrachos, negros, mestizos, prostitutas, blancos, tullidos y enfermos. Asimismo fue una multiplicidad de sujetos la que se rebeló contra los amos durante la época del esclavismo.

En “Latiendo resistencia” Zibechi defiende la descolonización del pensamiento crítico. Y, para ello, pone como ejemplo la idea de Autonomía. La tradición europea bebe de la autogestión obrera de las fábricas y autores como Pannekoek (“Los consejos obreros”); asimismo de Castoriadis y el colectivo “Socialismo o Barbarie”, que pone el énfasis en la capacidad del individuo y de las masas para regir su vida; la historia de la autonomía obrera en Europa se apoya en una sucesión muy conocida de experiencias: los soviets de la Revolución Rusa (1905 y 1917); los consejos fabriles en Italia (1919) y Alemania (1918); la Barcelona autogestionada de 1936 o mayo de 1968 en Francia. Según Zibechi, “En América Latina estamos ante otra genealogía”. Ésta incluye no sólo la autonomía zapatista, el alzamiento aymara del año 2000 en Bolivia, la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca o los asentamientos de los “sin tierra” en Brasil; sino al líder indígena Tupac Amaru, que encabezó en 1780 las revueltas en el Virreinato de La Plata y el Perú, durante el Imperio Hispano. Derrotado, la cabeza de Tupac Amaru terminó exhibiéndose en la punta de una lanza. El caudillo inca Tupac Katari, rey de los aymaras, no tuvo mejor fortuna, tras sitiar La Paz a finales del siglo XVIII con decenas de miles de seguidores.

Esta raigambre latinoamericana –que no es ilustrada ni racionalista, ni se concreta como en Occidente en los derechos humanos y de ciudadanía- podría continuar con Zapata y Pancho Villa, Haití (después de 1804), los esclavos deportados de África o los quilombos, palenques y cimarrones. “Todas estas luchas fueron aplastadas a sangre y fuego”, resume el investigador uruguayo. Expresiones actuales de esta tradición, explica el autor de “Política y miseria”, son las Juntas de Buen Gobierno zapatista, la autonomía mapuche o los Cabildos Nasa del Cauca. Una de sus características es que abordan la vida de modo integral, desde la agricultura hasta el modo de impartir justicia. Son las raíces que distinguen a la socialdemocracia, el marxismo y el anarquismo, derivados de la razón ilustrada europea; del Sumak Kawsay (Buen Vivir) y el Sumak Qamaña (Vivir Bien) de los quichuas en Ecuador y los aymaras y quechuas, en Bolivia.

Otra de las diferencias respecto a Europa es que en América Latina determinados grupos fueron relegados directamente a la zona del “no-Ser”: allí donde la vida no se tiene en consideración. El sociólogo peruano Aníbal Quijano ha señalado la construcción de los estados nacionales en América Latina a partir de la noción de raza y la idea de colonialidad del poder. Otro distingo respecto a la vieja metrópoli radica en que en Latinoamérica la masacre es el modo de proceder habitual. “Sólo el color de piel explica el diferente trato que tuvieron Tupac Amaru y Tupac Katari, así como todos los indios, negros y mestizos”. Zibechi extiende al presente la idea de masacre: la asociación Madres de Mayo hizo cuenta de 25 escabechinas en Brasil entre 1990 y 2012, cuyas víctimas principales fueron negros/jóvenes/pobres de las favelas. Podrían incluirse una miríada de ejemplos en diferentes países y periodos; uno de los que cita Zibechi es la matanza en 1907 de 3.600 mineros en huelga en Santa María de Iquique (Chile). “Es el modo de advertir a los de abajo que no deben moverse del lugar asignado”, remata el escritor uruguayo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230102

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Mujer

Louise Michel, la combatiente de la Comuna de París

Maestra, poeta y libertaria, esta menuda mujer representa el espíritu de una revuelta en la que las mujeres no solo conquistan el derecho a la educación, al divorcio y al trabajo, sino también a combatir codo a codo con los hombres.

“Cuando la multitud hoy muda Ruja como el océano Y a morir esté dispuesta La Comuna resurgirá Volveremos multitud sin número Vendremos por todos los caminos Espectros vengadores surgiendo de las sombras Vendremos estrechándonos las manos La muerte llevará el estandarte La bandera negra velo de sangre Y púrpura florecerá bajo el cielo llameante.” 
(Louise Michel. Canción de las prisiones, mayo de 1871)

Durante la semana del 20 de mayo de 1871, el ejército de Versalles (la burguesía francesa aliada a los prusianos) avanza contra la Comuna de París. En el cementerio de Montmartre, en el corazón de la Comuna obrera, una mujer calzada con botas de soldado dispara su fusil. La metralla sostenida que retumba sobre su cabeza le hace pensar en un océano descargando su furia desde el cielo. Los obuses hacen temblar la tierra y las flores de las tumbas vuelan por el aire. Louise Michel se escabulle por un agujero de la tapia, solo para volver enseguida con refuerzos.

De los 50 hombres que la acompañan, pronto queda la mitad; poco después, quince; finalmente, solo tres siguen defendiendo la barricada sobre la calle Clignancourt. París arde en llamas la noche del 24 de mayo. Los fuegos pueden verse desde lejos: la calle Royale, Rivoli, las Tullerías, el Hôtel-de-Ville, el teatro lírico, la orilla izquierda, se destacan por el rojo crepitar sobre el cielo negro. Si la Comuna no va a sobrevivir, no se entregará a Versalles sin luchar. En aquellos días, Louise Michel siente que el tiempo es flexible. “Todo lo ocurrido se acumula, como si en esos días hubiéramos vivido mil años.”

Esta mujer menuda, de 40 años, representa el espíritu de la Comuna de París, donde las mujeres no solo conquistan el derecho a la educación, al divorcio y al trabajo, sino también el derecho a combatir codo a codo con los hombres.

Las mujeres de la Comuna 

Tras la caída del Segundo Imperio de Luis Napoleón Bonaparte, con la derrota en la guerra franco-prusiana en septiembre de 1870, París proclama la República.

Con la ciudad sitiada por el ejército de Bismarck, el gobierno francés de Adolphe Thiers termina firmando la capitulación de Francia, aceptando la ocupación de la capital por los prusianos. Pero la Guardia Nacional parisina, formada en su mayoría por obreros y artesanos, se niega a rendirse al enemigo. Thiers se retira a Versalles y el pueblo de París toma el control de la ciudad.

El 18 de marzo, el ejército de Versalles intenta aplastar la rebelión y arrebatar los cañones en manos de los parisinos. Ese día, fueron las mujeres las primeras en salir a las calles, en una insurrección que da comienzo a la Comuna de París. Así lo cuenta Louise Michel: “Todas las mujeres se hallaban ahí. Interponiéndose entre nosotros y el ejército, las mujeres se arrojaban sobre los cañones y las ametralladoras, los soldados permanecían inmóviles. La revolución estaba hecha”. Poco después se convocan a elecciones para elegir los representantes de la Comuna de París, el primer gobierno obrero de la historia.

Como ya había ocurrido durante la Revolución francesa de 1789, las mujeres participaron activamente en la Comuna, formando asociaciones como el Comité de Vigilancia de las Ciudadanas y la Unión de Mujeres para la Defensa de París. Según Michel, más de 10.000 mujeres “diseminadas o juntas, combatieron por la libertad en los días de mayo”. “Con la bandera roja al frente habían pasado las mujeres; tenían su barricada en la plaza Blanche. Estaban allí Elisabeth Dmitrieff, la señora Lemel, Malvina Poulain, Blanche Lefebvre, Excoffons. André Leo estaba en las de Batignolles.”

En la plaza Blanche se mantiene una barricada defendida por un batallón de 120 mujeres. En el bulevar Sebastopol varias mujeres trabajan llenando sacos de tierra y cestas de mimbre. Las petroleuses, las incendiarias. Así llaman sus enemigos a las mujeres de la Comuna. Cada mujer que atraviesa las calles con ropa humilde y con un cacharro entre las manos es sospechosa. En Francia regía en aquellos años el Código napoleónico, que imponía a las mujeres la condición de menores de edad, sometidas al padre o al marido, sin derecho a ninguna actividad independiente, sin derecho al voto, ni al divorcio.

Las mujeres obreras se ven sometidas a una doble explotación y opresión. Por eso la Comuna de Paris trae la esperanza de un mundo nuevo para las mujeres del pueblo. En el muro del cementerio del Père-Lachaise, que hoy se conoce como el muro de los comuneros, cientos de luchadores fueron fusilados. Otros miles, deportados y exiliados Louise Michel, maestra abnegada, escritora y poeta, ocupa su puesto de combate en las barricadas. Defiende la París obrera que desde el 18 de marzo ha tomado en sus manos su propio destino. La Comuna ha creado una nueva forma de gobierno, con delegados electos y revocables que cobraban un salario obrero. Ha condonado las deudas a los inquilinos, expropiado los talleres abandonados para cederlos a cooperativas obreras.

La Comuna ha establecido la igualdad de las mujeres ante la ley, separando la Iglesia del Estado y expropiando al clero; un conjunto de medidas que no había tomado ninguna república liberal. La Comuna había defendido París, entregada por Thiers a los prusianos. La heroica Comuna había desafiado a la Europa del orden y el capital, eliminando “el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura”, al decir de Marx en el Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, escrito entre abril y mayo de 1871.

La represión y el exilio

Según las fuentes históricas, más de 30.000 personas fueron asesinadas en la semana sangrienta de mayo, cuando la represión se ensañó en las calles de París. En el muro del cementerio del Père-Lachaise, que hoy se conoce como el muro de los comuneros, cientos de luchadores fueron fusilados. Otros miles, deportados y exiliados. Louise Michel logró escapar, pero su madre fue detenida por la policía en su lugar, por lo que Louise se entregó para salvar su vida. Junto con decenas de presas fue hacinada en prisión, donde escuchaban por la ventana los fusilamientos de otros comuneros.

El juicio, en diciembre de 1871, se transforma en una tribuna para reafirmar su compromiso con la Comuna y con la lucha. “No quiero defenderme, no quiero ser defendida”, exclama Louise Michel, “pertenezco por entero a la revolución social y declaro aceptar la responsabilidad de todos mis actos; la acepto sin restricción”, relata Lissagaray en su historia de la Comuna. La heroína de Montmartre es deportada a la isla de Nueva Caledonia, colonia francesa en el Pacífico. El viaje a bordo del Virginie es también un descubrimiento; Michel señala que en esa travesía, reflexionando sobre la experiencia de la Comuna, se hizo anarquista. En la lejana isla del Pacífico, Louise Michel convive con los canacos, tribus originarias sometidas a la opresión francesa. La maestra enseña a los niños canacos y se convierte en defensora de su causa. “Una noche de tormenta durante la insurrección canaca, oí llamar a la puerta de mi compartimento en la choza. ¿Quién es? pregunté. Taïau, respondieron. Reconocí la voz de nuestros canacos, los que nos traían los víveres (taïau significa amigo).

En efecto se trataba de ellos, venían a despedirse de mí antes de alejarse a nado bajo la tempestad para unirse a los suyos y combatir a ‘blancos malvados’, decían ellos. Entonces, dividí la banda roja de la Comuna, que había conservado a través de mil dificultades, y se la di como recuerdo”. Después de varios años en Caledonia, Louise Michel puede volver a Francia en 1880. Allí retoma su actividad política — por lo que pronto vuelve a ser encarcelada– participando en movilizaciones contra el desempleo y en mítines y conferencias. Muere en enero de 1905, a los 74 años.

Su espíritu indomable sigue siendo la imagen viva de la Comuna.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230645

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Acción Social

Los beneficios de las empresas crecen hasta 100 veces más que los salarios

Las ganancias de las empresas crecieron más de un 24 % en los dos últimos años, mientras que la retribución media no solo no mejoró, sino que cayó un 0,3 %.

Se disparan los beneficios y caen los salarios

La desigualdad crece y muestra que la larga recesión iniciada en 2007 y que empezó a revertirse en 2014 ha servido para enriquecer a los propietarios de los medios de producción, principalmente a la banca y las grandes empresas, a costa de aquellos que están obligados a venderles su fuerza de trabajo para sobrevivir, los asalariados.  A ello han contribuido las sucesivas reformas laborales que han creado las condiciones de precariedad laboral y salarial deseadas por la patronal, y la política pactista y desmovilizadora de CCOO y UGT, aceptando el discurso empresarial de la necesaria “moderación salarial” para mantener y crear empleo que sólo sirve para aumentar la tasa de explotación de los asalariados.

En esa situación algunos sectores empresariales y la ministra de Trabajo, como fiel representante de sus intereses, han empezado a levantar el discurso de que convendría un incremento de los salarios que permita recuperar, aunque sólo fuera en parte, el poder adquisitivo perdido. 

Hasta el momento la CEOE se había resistido a ese aumento, alegando que la situación de las empresas todavía no era lo bastante buena para ello.  Pero la enorme caída de los salarios de estos años, inevitablemente está repercutiendo en el consumo, en la reactivación económica y en los ingresos del Estado, por lo que la ministra de Trabajo ha empezado a pedir a las empresas “generosidad para elevar las nóminas con el mismo vigor con el que se crea empleo“.

 
Evolución de los beneficios empresariales y de los salarios entre 2003 y 2016

Y es que, según los datos de la Central de Balances del Banco de España, durante el primer trimestre del año los beneficios de las empresas se incrementaron casi un 11 %, cien veces más que la subida de la nómina media por trabajador, que solo creció un 0,1 %. Continúa así una tendencia que ya se apreciaba en los dos años anteriores (ver gráfico anterior). De acuerdo con la estadística del Banco de España, las ganancias de las empresas crecieron un 24’7 % en 2016, mientras que la retribución media cayó un 0,3 %.

En la misma línea que el Banco de España apuntan los datos de la contabilidad nacional que ofrece el Instituto Nacional de Estadística, que señala que la remuneración media por empleado subió un 0,4 % en el primer trimestre del año mientras que el excedente bruto de explotación (donde se integran las rentas del capital, entre ellas el beneficio empresarial) se disparó un 5,3 %.

De hecho, si se compara con la situación previa a la crisis, se aprecia que los salarios tienen un peso cada vez menor en la economía española. La nómina total de los trabajadores por cuenta ajena fue el año pasado 33.600 millones de euros inferior a la percibida en el 2008. Mientras, el beneficio empresarial no solo no ha caído, sino que ya está por encima de los valores precrisis, al incrementarse en7.850 millones.

Por otra parte, si atendemos a los datos del Índice de Precios de Trabajo (IPT), publicado por el Instituto Nacional de Estadística (ver gráfico inferior), los trabajadores han perdido más de un 11% de poder de compra durante la crisis, por el doble efecto de una caída de sus salarios y, a la vez, la subida de lainflación. El salario por hora se redujo un 0,7% entre 2008 y 2014, coincidiendo con los años de crisis económica. En ese periodo, el Índice de Precios de Consumo (IPC) creció un 10,7% (ó un 8,7% en promedio anual). La estadística refleja que los precios del trabajo, medidos en salario por hora, estaban en 2014 por debajo del año base de la estadística, 2008. Esto significa que el nivel salarial actual es inferior al existente en el año que arrancó la crisis.

Es cierto que las empresas españolas han aumentado sus gastos de personal (un 2,3 % en el 2015 y un 0,9 % el año pasado), pero eso se debe al incremento de las plantillas, ya que se ha priorizado la contratación sobre la mejora de las condiciones de los trabajadores.

Evolución del Índice de Precios de Trabajo 2008-2014

¿Recuperación del poder adquisitivo perdido?

Tras el mensaje directo del Gobierno («Es momento de que los salarios se correspondan con la creación de 500.000 empleos al año», dijo la ministra Báñez), las dos grandes patronales empezaron a dar señales que apuntan hacia el deshielo del acuerdo para la negociación colectiva. Así, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, que hasta ahora se había mostrado inflexible respecto a la última propuesta remitida a los sindicatos (que consistía en una horquilla de incremento entre el 1 y el 2,5 %), abrió ayer la puerta a superar esos topes en el caso de las nóminas más bajas. «Quizá ha llegado el momento de hacer planteamientos distintos para los salarios muy bajos y los no tan bajos», apuntó en una entrevista radiofónica, en la que reconoció que «es muy difícil» llegar a fin de mes con 800 euros.

Por su parte, el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi (reelegido en el cargo), deslizó que el mínimo fijado para la subida podría revisarse hasta el 1,2 %, aunque recordó que «el 50 % de las empresas todavía presentan pérdidas o están compensándolas».

De todos modos, desde el punto de vista de lostrabajadores, no hay que echar las campanas al vuelo: la propuesta patronal, flexible y adaptada a las empresas, no es la de un aumento generalizado ni suficiente para recuperar el poder adquisitivo de los salarios de manera significativa. Y la disposición de CCOO y UGT, tan aficionados al pacto a la baja, no es la de cambiar su línea de acción. Porque, sin organización y movilización amplia y sostenida de la clase trabajadora, la patronal no renunciará a reducir sus cuantiosos beneficios a cambio de una mejora de los salarios y las condiciones de trabajo. Y eso dependerá, en todo caso, de la capacidad movilizadora del sindicalismo alternativo y de la indignación traducida en organización y lucha de algunos sectores y colectivos de asalariados rompiendo con la dinámica desmovilizadora de los últimos años (ver gráfico inferior sobre la evolución de las huelgas).

Fuente: http://kaosenlared.net/los-beneficios-las-empresas-crecen-100-veces-mas-los-salarios/

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Acción Social

Sacco y Vanzetti

Cincuenta años después de la ejecución de los inmigrantes italianos Sacco y Vanzetti, el gobernador Dukakis de Massachusetts instauró un panel para juzgar la justicia de dicho proceso, y la conclusión fue que a ninguno de estos dos hombres se les siguió un proceso justo. Esto levantó en Boston una tormenta menor. John M. Cabot, embajador estadunidense retirado, envió una carta donde declaraba su “gran indignación” y apuntaba que la sentencia de muerte fue ratificada por el gobernador Fuller luego que “tres de los más distinguidos y respetados ciudadanos hicieran una revisión especial del caso: el presidente Lowell, de Harvard; el presidente Stratton, del MIT, y el juez retirado Grant”.

Esos tres “distinguidos y respetados ciudadanos” fueron vistos de modo muy distinto por Heywood Broun, quien en su columna de New York World escribió inmediatamente después que los invitados distinguidos del gobernador rindieran su informe. Y decía: “No cualquier prisionero tiene a un presidente de Harvard University que le prenda el interruptor de corriente… si esto es un linchamiento, por lo menos el vendedor de pescado y su amigo el obrero podrán sentirse ungidos en el alma pues morirán a manos de hombres con trajes de etiqueta y togas académicas”. Heywood Broun, uno de los más distinguidos periodistas del siglo XX, no duró mucho como columnista de New York World.

En el 50 aniversario de la ejecución, el New York Times informó que “los planes del alcalde Beame de proclamar el martes siguiente como el ‘día de Sacco y Vanzetti’ fueron cancelados en un esfuerzo por evitar controversias, dijo un vocero de la municipalidad ayer”.

Debe haber buenas razones para que un caso de 50 años de antigüedad, hoy ya de 80 años, levante tantas emociones. Sugiero que esto ocurre porque hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena.

El caso de Sacco y Vanzetti revela, en los más descarnados términos, que las nobles palabras inscritas en los frontispicios de nuestras cortes “igualdad de justicia ante la ley”, siempre han sido una mentira. Esos dos hombres, el vendedor de pescado y el zapatero, no lograron obtener justicia en el sistema estadunidense, porque la justicia no se imparte igual para el pobre que para el rico, para el oriundo que para el nacido en otros países, para el ortodoxo que para el radical, para el blanco o la persona de color. Y aunque la injusticia se juegue hoy de maneras más sutiles y de modos más intrincados que en las crudas circunstancias que rodearon el caso de Sacco y Vanzetti, su esencia permanece.

En su proceso la inequidad fue flagrante. Se les acusaba de robo y asesinato, pero en la cabeza y en la conducta del fiscal acusador, del juez y del jurado, lo importante de ambos era, como lo puso Upton Sinclair en su notable novela Boston, que eran wops, bachiches (es decir “italos mugrosos”), extranjeros, trabajadores pobres, radicales. 

He aquí una muestra del interrogatorio policiaco.

Policía: ¿Eres ciudadano?

Sacco: No.

Policía: ¿Eres comunista?

Sacco: No.

Policía ¿Anarquista?

Sacco: No.

Policía ¿Crees en el gobierno de nosotros?

Sacco: Sí. Algunas cuestiones me gustan de modo diferente.

¿Qué tenían que ver estas cuestiones con el robo de una fábrica de zapatos en South Braintree, Massachusetts, y con los disparos que recibieron el pagador de la fábrica y un guardia?

Sacco mentía, por supuesto. No, no soy comunista. No, no soy anarquista. ¿Por qué le mintió a la policía? ¿Por qué habría de mentirle un judío a la Gestapo? ¿Por qué habría de mentir un negro en Sudáfrica a sus interrogadores? ¿Por qué necesitaba mentir un disidente en la Unión Soviética a la policía secreta? Porque saben que no existe la justicia para ellos.

¿Alguna vez ha habido justicia en el sistema estadunidense para los pobres, las personas de color, los radicales? Cuando los ocho anarquistas de Chicago fueron sentenciados a muerte en 1886 tras el motín de Haymarket (un motín policiaco, por cierto), no fue porque existiera alguna prueba de conexión entre ellos y la bomba que alguien arrojó en medio de la policía, no había ni un jirón de evidencia. Los condenaron por ser los líderes del movimiento anarquista de Chicago.

Cuando Eugene Debs y otros mil fueron enviados a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, ¿fue porque eran culpables de espionaje? Eso es muy dudoso. Eran socialistas que hablaban en voz alta contra la guerra. Cuando se emitió la sentencia de diez años para Debs, el magistrado de la Suprema Corte, Oliver Wendell Holmes, quiso dejar muy claro que Debs debía ir a prisión: Y citó un discurso de Debs: “La clase de los patrones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”.

Holmes, muy admirado como uno de los grandes juristas liberales, dejó claro los límites del liberalismo, las fronteras que le fijaba el nacionalismo vindicativo. Después de agotadas todas las apelaciones de Sacco y Vanzetti, el caso llegó ante el propio Holmes, en la Suprema Corte, quien se rehusó a revisar el caso, y dejó que el veredicto quedara en pie.

En nuestro tiempo, Ethel y Julius Rosenberg fueron enviados a la silla eléctrica. ¿Fue porque eran culpables, más allá de cualquier duda razonable, de pasarle secretos atómicos a la Unión Soviética? ¿O fue porque eran comunistas, como dejó claro el fiscal con la aprobación del juez? ¿No fue también porque el país estaba en medio de una histeria anticomunista, cuando los comunistas tomaban el poder en China, había guerra en Corea, y el peso de todo eso había que imputárselo a dos comunistas estadunidenses?

¿Por qué fue sentenciado en California a diez años de prisión George Jackson, por un robo de 70 dólares, y luego fue asesinado a tiros por los guardias? ¿No fue porque era pobre, negro y radical?

¿Puede hoy un musulmán, en la atmósfera de “guerra contra el terror” confiar en una justicia equitativa ante la ley? ¿Por qué sacó la policía de su carro a mi vecino del piso de arriba, si no había violado ningún reglamento de tránsito y luego fue cuestionado y humillado? ¿Acaso fue porque es un brasileño de piel morena que podría parecer un musulmán de Medio Oriente?

¿Por qué los dos millones de personas en las cárceles y prisiones estadunidenses, y los seis millones que están bajo fianza, vigilancia o libertad condicional son fuera de toda proporción gente de color o pobres? Un estudio muestra que 70 por ciento de la gente que está recluida en las prisiones de Nueva York proviene de siete barrios de la ciudad conocidos como zonas de pobreza y desesperación.

La injusticia de clase corta transversalmente todas las décadas, todos los siglos de nuestra historia. En medio del caso de Sacco y Vanzetti, en el poblado de Milton, Massachusetts, un hombre rico le disparó a otro que recogía leña en su propiedad y lo mató. Pasó ocho días en la cárcel, luego se le dejó salir con fianza, y no fue procesado. Una ley para los ricos, una ley para los pobres; esa es una característica persistente de nuestro sistema de justicia.

Pero ser pobres no fue el crimen principal de Sacco y Vanzetti. Eran italianos, inmigrantes, anarquistas. No habían pasado siquiera dos años desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Habían protestado contra la guerra, se habían negado al reclutamiento. Vieron cómo crecía la histeria contra los radicales y los extranjeros, observaron las redadas que emprendían los agentes del procurador general Palmer, del Departamento de Justicia, que irrumpían en mitad de la noche a los hogares sin órdenes judiciales, mantenían a las personas incomunicada y las golpeaban con garrotes y cachiporras.

En Boston 500 fueron arrestados, los encadenaron y marcharon con ellos por las calles. Luigi Galleani, editor del periódico anarquista Cronaca Sovversiva, al cual estaban suscritos Sacco y Vanzetti, fue detenido y deportado de inmediato.

Había ocurrido algo más aterrador. Un compañero de Sacco y Vanzetti, también anarquista, un tipógrafo llamado Andrea Salsedo, que vivía en Nueva York, fue secuestrado por agentes de la FBI (uso el término “secuestrado” para describir la abducción ilegal de una persona), y se le mantuvo en las oficinas del piso 14 del Park Row Building. No se le permitió hablar con su familia, ni con sus amigos o abogados, y fue interrogado y golpeado, según otro prisionero. Durante la octava semana de su encierro, el 3 de mayo de 1920, el cuerpo de Salsedo, aplastado y desfigurado hasta quedar hecho un amasijo, fue encontrado sobre el pavimento cercano al Park Row Building, y la FBI anunció que Salsedo se había suicidado brincando de la ventana del piso 14, justo del cuarto donde lo tenían retenido. Esto ocurrió tan sólo dos días antes de que Sacco y Vanzetti fueran arrestados.

Hoy sabemos, como resultado de los informes del Congreso en 1975, de un programa de contrainteligencia de la FBI conocido como Cointelpro (Counter Intelligence Program) en el cual los agentes de dicha dependencia irrumpían en casas y oficinas, implantaban micrófonos ilegalmente, se involucraban en actos de violencia hasta el punto del asesinato y en 1969 colaboraron con la policía de Chicago en el asesinato de dos líderes de los Panteras Negras. La FBI y la CIA han violado la ley una y otra vez. No hay castigo para ellos.

Hay muy pocas razones que nos hagan tener fe en que las libertades civiles en Estados Unidos puedan protegerse en la atmósfera de histeria que siguió al 11 de septiembre de 2001 y que continúa hasta el día de hoy. En el país ha habido redadas de inmigrantes, detenciones indefinidas, deportaciones y espionaje doméstico no autorizado. En el extranjero se cometen matanzas extrajudiciales, tortura, bombardeos, guerra y ocupaciones militares.

Así también, el proceso contra Sacco y Vanzetti comenzó inmediatamente después del Memorial Day, año y medio después de que terminara la orgía de muerte y patriotismo que fue la Primera Guerra Mundial, mientras los periódicos seguían vibrando con el redoble de los tambores y la retórica jingoísta.

Doce días después de comenzado el juicio, la prensa informó que los cuerpos de tres soldados habían sido transferidos de los campos de batalla en Francia a la ciudad de Brockton, y que toda la población había salido a celebrar una ceremonia patriótica. Todo esto se hallaba en los periódicos que el jurado podía leer.

Sacco fue interrogado por el fiscal Katzmann:

Pregunta: ¿Amó usted a este país durante la última semana de mayo de 1917?

Sacco: Eso es muy difícil de expresar en una sola palabra, señor Katzmann.

Pregunta: Son dos las palabras que puede usted usar, señor Sacco, sí o no. ¿Cuál es la palabra?

Sacco: Sí.

Pregunta: Y para poder mostrarle su amor a este país, Estados Unidos de América, cuando estaba a punto de llamarlo para que se hiciera usted soldado, ¿se fue usted corriendo a México?

Al principio del juicio, el juez Thayer (que hablando con un conocido con el que jugaba al golf se refirió a los acusados como “esos anarquistas mal nacidos”) dijo al jurado: “Los conmino a que brinden este servicio, al que se les ha llamado a que presten aquí, con el mismo espíritu de patriotismo, coraje y devoción al deber como el que exhibieron nuestros muchachos, nuestros soldados, del otro lado de los mares”.

Las emociones evocadas por una bomba que estalló en la casa del procurador general Palmer durante el tiempo de la guerra –al igual que las emociones desatadas por la violencia del 11 de septiembre– crearon una atmósfera de ansiedad en la cual las libertades civiles se pusieron en entredicho.

Sacco y Vanzetti entendieron que cualquier argumento legal que sus abogados pudieran haber invocado no prevalecería contra la realidad de una injusticia de clase. Sacco dijo a la corte, al escuchar la sentencia: “Sé que la sentencia será entre dos clases, la de los oprimidos y la de los ricos… Es por eso que estoy aquí ahora, en el banquillo de los acusados, por pertenecer a la clase de los oprimidos”.

Tal punto de vista parece dogmático, simplista. No todas las decisiones en las cortes pueden explicarse así. Pero, a falta de una teoría que encaje en todos los casos, el punto de vista simple, fuerte de Sacco, es con seguridad una mejor guía para entender el sistema legal que aquel que asume que hay una competencia entre iguales basada en una búsqueda objetiva por averiguar la verdad.

Vanzetti sabía que los argumentos legales no los salvarían. A menos que un millón de estadunidenses se organizaran, él y su amigo Sacco morirían. Palabras no, lucha. Apelaciones no, exigencias. Peticiones al gobernador no, toma de fábricas. No se trataba de lubricar la maquinaria de un supuesto sistema legal justo para que funcionara mejor, sino de una huelga general que detuviera la maquinaria.

Tal cosa nunca ocurrió. Miles se manifestaron, marcharon, protestaron, no sólo en Nueva York, Boston, Chicago y San Francisco; también en Londres, París, Buenos Aires y Sudáfrica. No fue suficiente. La noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, pero un enorme contingente de policías los mantuvo alejados de la prisión. Fueron arrestados muchos manifestantes. Las ametralladoras estaban emplazadas en las azoteas y los reflectores barrían el escenario.

Una gran multitud se juntó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Unos minutos antes de la medianoche, las luces de la prisión se atenuaron en el momento en que los dos hombres fueron electrocutados. El New York World describió la escena: “La multitud respondió con un sollozo gigante. Las mujeres se desmayaron en 15 o 20 lugares. Otras, sobrecogidas, se tumbaron en las banquetas y hundieron la cabeza entre los brazos. Los hombres se apoyaban en los hombros de otros hombres y lloraban”.

Su crimen máximo era su anarquismo, una idea que aún hoy nos desconcierta como un relámpago debido a su verdad esencial: todos somos uno, las fronteras nacionales, los odios nacionales deben desaparecer, la guerra es intolerable, los frutos de la tierra deben compartirse, y mediante la lucha organizada contra la autoridad, puede advenir un mundo así.

Lo que nos llega a hoy del caso de Sacco y Vanzetti no es sólo la tragedia, también nos llega la inspiración. Su inglés no era perfecto, pero cuando hablaban se volvía una especie de poesía. Vanzetti dijo de su amigo: “Sacco es un corazón, una fe, un carácter, un hombre; un hombre que ama la naturaleza y a la humanidad. Un hombre que lo dio todo, que lo sacrifica todo a la causa de la libertad y a su amor a la humanidad: el dinero, el descanso, la ambición mundana, su propia esposa, sus niños, él mismo y su propia vida… Ah, sí, puede que sea yo más ingenioso y más parlanchín que él, pero muchas, muchas veces, al escuchar cómo resuena en su voz valerosa una fe sublime, al considerar su sacrificio supremo, al recordar su heroísmo, me he sentido pequeño, pequeño en presencia de su grandeza, y me he sentido empujado a no dejar que me invadan las lágrimas, a dominar el corazón que se me agolpa en la garganta para no llorar ante él; ante este hombre al que se le llama capo , asesino y maldito”.

Lo peor de todo es que fueran anarquistas, lo que significaba que tenían alguna loca noción de democracia plena donde no existiría la extranjería ni la pobreza, y que pensaran que sin esas provocaciones la guerra entre las naciones terminaría para siempre. Pero para que esto ocurriera los ricos debían ser combatidos y sus riquezas confiscadas. Esa idea anarquista es un crimen mucho peor que robar una nómina y por eso hasta el día de hoy Sacco y Vanzetti no pueden ser recordados sin gran ansiedad.

Sacco escribió esto a su hijo Dante: “Así que, hijo, en vez de llorar, sé fuerte, de modo que seas capaz de consolar a tu madre… llévala a una larga caminata por el campo en silencio, junten flores silvestres aquí y allá, descansen a la sombra de los árboles… pero recuerda siempre, Dante, en este juego de la felicidad no te sirvas a ti mismo únicamente… ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque son ellos tus mejores amigos… en esta lucha de vida hallarás más amor y serás amado”.

Sí, fue su anarquismo, su amor por la humanidad, lo que los condenó. Cuando Vanzetti fue arrestado, tenía en el bolsillo un volante que anunciaba una reunión que debía ocurrir cinco días más tarde. Es un volante que podría distribuirse hoy, en todo el mundo, de modo tan apropiado como el día de su arresto. Decía: “Han combatido en todas las guerras. Han trabajado para todos los capitalistas. Han recorrido todos los países. ¿Han cosechado los frutos de sus fatigas, el premio de sus victorias? ¿Acaso el pasado les da consuelo? ¿El presente les sonríe? ¿El futuro les promete cualquier cosa? ¿Han encontrado un pedazo de tierra donde puedan vivir como seres humanos y morir como seres humanos?

Sobre esas cuestiones, sobre estos argumentos de la lucha por la existencia, Bartolomeo Vanzetti hablará en esa reunión”.

Ese encuentro nunca tuvo lugar. Pero su espíritu existe hoy en la gente que cree y que ama y que lucha en todo el mundo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

*Tomado del nuevo libro de Howard Zinn: A Power Governments Cannot Suppress, City Lights Books, San Francisco, 2007. Este libro será publicado en fecha próxima por La Jornada .

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Acción Sindical Telemarketing

Konecta obliga a los trabajadores a llamar a los clientes de Vodafone que le ponen mala nota

CGT insiste en en pedir a la empresa que abandone esta práctica humillante para los trabajadores y que genera malestar en los clientes.

CGT ha denunciado nuevamente, ante la Inspección de trabajo de Valladolid, el trato humillante que reciben los y las trabajadoras de la empresa Konecta BPO, que presta servicio de atención al cliente a empresas Vodafone en el Polígono de San Cristóbal. De hecho CGT ha puesto ya en conocimiento de Vodafone las prácticas que lleva a cabo la subcontrata Konecta.»Al parecer, a Konecta no le ha quedado clara la resolución de la anterior Inspección, puesto que, pese a dejar de señalar y agrupar a los agentes con “peores datos”, continúa obligando a sus trabajadores/as a llamar a aquellos clientes que hayan valorado con un 6 o menos a Vodafone en la encuesta de satisfacción, saltándose el anonimato y violando la privacidad de este tipo de encuestas de calidad», dice en un comunicado CGT.

«Son muchos los clientes de Vodafone», añade CGT, ,»que en este caso se corresponden con un perfil profesional, bien sean autónomos, PYMES o Grandes Empresas Corporate, los que han mostrado su malestar, sintiéndose en ocasiones acosados y presionados por la persona que le llama para preguntarle el por qué de su valoración ‘tan baja’ a la Compañía, insistiéndoles en que las futuras valoraciones no sean inferiores a un 9. Algunos llegan a pensar que han hecho algo mal al poner esa valoración e incluso se disculpan por el perjuicio que haya podido ocasionar al trabajador/a y otros muestran su enfado sin más».El malestar, según el sindicato, no sólo se genera en los clientes sino también entre la plantilla de Konecta, «ya que cada vez que se recibe orden de un mando de llamar a un ‘Detractor’ (así se denominan estos clientes), pese a que al agente le haya valorado su atención con un 10, se produce una situación de bochorno, ya que el mando se queda a la espalda del agente para cerciorarse de que realiza esa llamada y se humilla lo suficiente ante el cliente. Siempre bajo la amenaza de que si se niega a realizar la llamada, será sancionado por desobediencia, como ya ha ocurrido en algún caso».

CGT ha remitido ya varias peticiones a la empresa reincidiendo en que abandone esta práctica «tratando en todo momento de hacerles comprender el daño y el perjuicio personal y profesional que ocasionan estas prácticas por cuanto se basan en la humillación personal ante el resto de compañeras/os y ante los clientes, poniéndoles en evidencia ante ellos, que genera estrés y que es denigrante, además de que esto atenta también contra los derechos de los propios clientes a una adecuada protección de datos personales y en particular a una encuesta anónima y libre.

Pero para Konecta todo está bien, no pasa nada, y a quien rechiste…. SANCIÓN y listo. Lo que importa es tener buenos resultados a cualquier precio».

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Acción Social

Los peligros de la beatificación policial

La crisis de los atentados criminales contra la población civil de los pasados ​​días 17 y 18 de agosto está generando varias sacudidas en la sociedad catalana y española. Como cuando cae una piedra en un estanque, cada onda generada tiene un mismo origen pero está, al mismo tiempo, diferenciada de las otras. Hay, pues, que poner atención a los diversos movimientos que produce cada una.

Sin duda el más potente es el impacto emocional de los atentados, tan chocante y doloroso que crea el conocido efecto de shock social: durante un tiempo indeterminado se generaliza la confusión, la alteración de la vida normal y todo aquello que parecía tan consistente acaba siendo interiorizado que, de hecho, no lo era. Este impacto es el objetivo primario de todo ataque de este tipo, además, se convierte en una oportunidad para los gobiernos para facilitar la intensificación de objetivos políticos difíciles de implementar en un contexto de normalidad emocional. Como hemos visto, también es el momento aprovechado por la ultraderecha (organizada o la más soterrada e individual) para extender el racismo y su proyecto de odio interracial.

De todo esto se habla y se seguirá analizando y, en el caso concreto de la CGT, combatiendo de forma nítida y directa. Ahora bien, me gustaría comentar un aspecto que se ha estado desarrollando estos días y que me parece preocupante por lo que puede suponer en el futuro próximo. Me estoy refiriendo a la entronización, idealización y admiración que se está creando en torno al cuerpo de Mossos. Hace unos días podría hiperbolizar esta situación diciendo que sólo faltaría que se hicieran camisetas. Hoy no habría que exagerar, pues se están haciendo.

Lo primero que hay que tener claro de los cuerpos policiales es un hecho tan diferenciador que a veces pasa de puntillas: tienen el monopolio legal de la violencia. Un segundo punto es que, a pesar de la supuesta obediencia a los juzgados, su escala de mando tiene en los peldaños superiores a los responsables políticos de gobiernos, sea de forma directa o indirecta. Hay, por tanto, un riesgo inherente a su utilización como extensión de la iniciativa política del poder ejecutivo.

Ante la necesidad, o no, de la existencia de la policía hay un debate que no me parece focal en este punto. Todo el mundo tiene muy claro que, en caso de existir, su tarea debe ser permanentemente controlada y sujeta a una mirada crítica debido a los dos componentes mencionados anteriormente.

Si estos controles caen, o los avisos generados son despreciados por la población, se están creando las bases tanto para la impunidad policial como para su uso normalizado por parte de los gobiernos, como arma represiva contra la disidencia política o social. Parece que esto es lo que está pasando en estos momentos. Quisiera resaltar dos puntos.

El primero es la valoración de la tarea comunicativa y periodística en la que varios medios han gestionado la crisis. Como en toda situación atemorizante, hay una avalancha de informaciones, rumores y falsedades, todo mezclado y concentrado en pocos momentos. Es trabajo del periodismo saber separar el grano de la paja, contrastar las veracidades y relatar los hechos a medida que se producen con la máxima objetividad posible. Ya lo analizarán otras personas, pero la impresión general ha sido bastante lamentable. Difusión de rumores como hechos, competición para ver quién lo decía primero con el riesgo que supone en posteriores rectificaciones, sensacionalismo repugnante (fotos explícitas, perfiles de las parejas de detenidos, fotografías de curso escolar hace años), uso de la dinámica del Procés en editoriales manipuladores, obsesión por el clickbait … Todo esto mezclado con el hábil trabajo desde el perfil de redes sociales de los Mossos, y una cierta proyección de control de la situación desde las diversas ruedas de prensa, ha conseguido que la versión policial acabara siendo el referente de la información real, clara y contrastada. «¿Qué hacéis explicando esto, los mossos todavía no lo han dicho!!!»

Si queda aceptada esta base para el futuro, Mossos como elemento de contraste de lo que es veraz y de lo que no, no sólo se reforzará el uso de las notas de prensa policial directamente de la bandeja de entrada del mail del periodista a la versión impresa, sino que volveremos varios años atrás donde socialmente no se cuestionaba ninguna versión oficial y era generalizado el ‘algo habrá hecho’ tan peligroso. Estos Mossos tan veraces son los mismos que cambiaban reiteradamente de versión en el caso Quintana a medida que se desmontaban las anteriores, los mismos que requisaban grabaciones de la muerte de Juan Andrés Benítez hechas por vecinas, los que criminalizan decenas de militantes con la invención los montajes de los casos Pandora, los que golpearon a la gente concentrada en Plaza Catalunya por ‘sacar objetos peligrosos’, los de los casos probados de torturas y palizas en comisaría, los del informe de ofensiva contrainsurgente con los movimientos sociales del comisario Piqué… Cuidado.

El otro factor de riesgo que creo que se ha generado estos días es el efecto «reagrupamiento social entorno a referencias fuertes». Como bien explica Naomi Klein en ‘la doctrina del shock’, un mecanismo de protección ante el vacío, la visión del precipicio, la desestabilización de los elementos de seguridad de la vida normal… es el reagrupamiento social ante actores ejemplarizantes o que ofrezcan una visión clara de alguien decidido llevando el timón: este puede ser un líder fuerte, unas políticas ‘sin complejos’ (ultraderechistas), la elevación a los altares del fenómenos del ‘local hero’ o elementos similares. En síntesis, durante los atentados del 11M fueron los bomberos el elemento de orgullo en torno al cual tejer la recuperación del golpe moral recibido. Una vez asegurado esto, la retórica de guerra y desguace de derechos civiles iniciaron la fase de fuerte liderazgo que marca exactitud ante la incertidumbre de mucha gente que entendió que la vida puede terminar de la forma más repentina cualquier día.

Está claro que nuestros héroes locales en este episodio son los Mossos d’Esquadra.

Bomberos, servicios de protección o sanidad han quedado relegados a un lugar muy secundario. En el sindicato sí sabemos cómo se doblaron turnos, sabemos las condiciones en que llegaron los heridos a los hospitales, sabemos todas las vidas que se han salvado, pero, sin duda, las acciones policiales en los días posteriores (abortado de nuevo gran atentado en Cambrils, persecución de los fugados, etc.) han sido el elemento claro de reagrupamiento de las incertidumbres de la sociedad catalana. En la superación del shock y búsqueda de elementos de referencia fuertes, se han sumado muchos factores pero me parece determinante la expeditiva forma de resolución matando a 6 de las personas implicadas, 5 de ellas cuando estaban a punto de actuar.

Esta es la amplitud de la onda que se ha creado en torno a la recuperación del shock. ¿Qué efectos producirá a medida que se expanda? No lo sabemos, pero lo podemos intuir. Los políticos sin duda ya son conscientes de este cambio de percepción social y creación de fuerte consenso, y con estas variables tendrán vía abierta para sacar adelante las políticas que consideren.

Han caído las murallas del control crítico policial por parte de la sociedad, se ha generado, en mi opinión, un nuevo paradigma y me hace sospechar que en breve veremos las consecuencias en forma de más impunidad y asunción de veracidad en las versiones policiales los hechos. Tenemos que trabajar lo antes posible para levantar los muros del espíritu crítico de la sociedad, ladrillo a ladrillo, como elemento de protección del poder y el uso que hace de los cuerpos armados.

Òscar Murciano

Secretaria d’Acció Social de la Confederació General del Treball de Catalunya (CGT)

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Acción Sindical

Iberia anuncia su tercer ERE en cuatro años, que podría afectar a 960 trabajadores

La aerolínea, que despidió a 5.000 empleados en los anteriores ajustes, ha comunicado a los sindicatos su intención de abrir consultas para el nuevo ERE.

Iberia ha anunciado formalmente la apertura de su nuevo Expediente de Regulación de Empleo (ERE), el tercero en cuatro años. El proceso afectará a un máximo de 960 trabajadores, según ha explicado el sindicato de tripulante de cabinas Sitcplaen un comunicado.

“La dirección de Iberia nos comunicó ayer, 16 de agosto, su intención de comenzar un periodo de consultas con los sindicatos, con el fin de iniciar un nuevo despido colectivo (la nueva terminología legal para designar a los ERE)”, apunta Sitpla, que aclara que la compañía no ha especificado qué colectivos se verán impactados por el ajuste.

En un principio, estaba previsto que el recorte de plantilla llegara a los 1.000 empleados, lo que representaba un 7% del total.

Se trata del tercer ERE de Iberia desde la mediación, firmada en marzo de 2013, y del segundo despido colectivo desde que el actual presidente, Luis Gallego, está al frente de la aerolínea. Como consecuencia de los dos anteriores ajustes, salieron de la compañía 5.000 personas, hasta una plantilla de 16.500 empleados.

Los representantes de los trabajadores tienen ahora un plazo de siete días, para decidir cómo negocian (a través de las secciones sindicales o a través de los representantes unitarios) y para designar y constituir la comisión negociadora, que por ley deberá contar con 13 miembros.

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Acción Sindical Huelga

“La santa alianza capitalista: empresarios, políticos estatales y autonómicos y jueces, contra LO PÚBLICO y el Derecho de Huelga”

La desregulación laboral y el desmantelamiento y entrega al mercado privado de los denominados servicios públicos, como es la privatización del control de pasajeros y equipajes en los aeropuertos por parte de la empresa pública AENA, que es quien debe garantizar el mejor servicio, fija una alianza entre legisladores, empresarios privados y la judicatura, para garantizar la tasa de ganancia y el beneficio privado por encima de cualquier derecho (tanto laboral, como social).

Desde la segunda mitad de los años 90 del siglo pasado, han liberalizado hasta tal punto los mercados laborales que los sistemas de organización del trabajo pasan a tener un eje sobre el cual gira todo el modelo: la descentralización productiva, los sistemas de trabajo donde las contratas y subcontratas, apalancan el modelo precario, inseguro y vulnerable del mismo y la libertad absoluta del capital, pasa a constituir el único principio de la vida, o lo que es lo mismo “todos y todas y todo al servicio del capital”

Lo que sucede en el aeropuerto del Prat, es lo mismo que en el resto de aeropuertos y/o servicios públicos externalizados y privatizados: Nos encontramos con un marco

de relaciones laborales precario e inseguro jurídicamente para millones de trabajadores y trabajadoras (quienes trabajan en contratas y subcontratas), donde lo que se pone en cuestión, desde un principio, es si el sistema constitucional de garantías es aplicable en el caso de la subcontratación laboral, es decir, si las personas trabajadoras precarizadas y en régimen de disponibilidad absoluta (sin derechos), pueden o no pueden HACER HUELGA y que esta sirva precisamente para interrumpir esa “odiosa normalidad” donde la explotación y la violencia diaria contra los derechos de las personas asalariadas y la carencia de buenos servicios públicos, están en los “altares del capitalismo desposeedor y criminal”.

Los tribunales de primera instancia (Juzgados de lo Social), de suplicación (Tribunales Superiores de Justicia) y el propio Tribunal Supremo, desde los años 90, justificaban el despido como legal, al hecho de la rescisión del contrato mercantil entre la empresa principal y la contrata, condenando de “facto” a este segmento tan mayoritario de personas asalariadas, a la más absoluta “inseguridad jurídica”, pues sus contratos dependían no del Derecho, sino de la voluntad mercantil y económica del empresariado.

Los tribunales del estado español, Supremo y Constitucional, como el Tribunal de Justicia de la U€ (TJU€), llevan avalando por encima de todo la “libertad de empresa”, la “libertad de competencia y de prestación de servicios”, por la sencilla razón de que sus “sentencias” se dictan según los tiempos sociales y políticos que corren, y estos tiempos del “neoliberalismo global” son de claro dominio del capital (financiero e industrial), ante la ausencia de empoderamiento de las clases asalariadas.

El capital y sus representantes políticos y judiciales, ante la no existencia de un conflicto serio, firme y constante con las clases asalariadas, han alcanzado sus grandes metas: la homogenización a la baja de las condiciones de trabajo, en torno al criterio de flexibilidad y se permiten una de las reestructuraciones más salvaje de los mercados de trabajo que el empresariado ha llevado y está llevando a “termino” en todos los sectores de actividad.

Alegar como se está haciendo, que la huelga del Prat atenta contra la “seguridad nacional” y contra “los intereses de la economía española”, no sólo es ruin y falso, sino que oculta la verdadera realidad: EULEN, al igual que cualquier gran grupo Empresarial de empresas multiservicios, hace negocio redondo a costa de lo público (ofertó por debajo del precio de salida del servicio público privatizado), pues son sus 86.079 trabajadores y trabajadoras con los que cuenta de plantilla en todo el mundo (50.000 en la Península Ibérica), y obtiene decenas de millones de beneficios porque sus costes laborales (salarios que paga y condiciones de trabajo), le permiten ganar y ganar, aún en ofertas por debajo de los costes de producción, como sucede en el aeropuerto del Prat.

Las instituciones (gobierno central, gobierno de los “independentistas” catalanes y hasta la alcaldesa del “cambiazo” Ada Colau), han decidido que no existen límites ni jurídicos, ni políticos e incluso ni militares, cuando de violar los derechos fundamentales de las personas trabajadoras se trata, si está en juego los beneficios y la tasa de ganancia del capital: se militariza los controles de pasajeros y de equipajes (la guardia civil es un cuerpo represivo militar), se sustituyen huelguistas por militares, se decretan servicios mínimos del 90% que sumados a los “militares guardias civiles”, la plantilla ha aumentado y, por si esto no quiebra la voluntad de los y las trabajadores y trabajadoras (como así ha sido), se dicta un “laudo arbitral de parte”, es decir de parte de los Empresarios EULEN, que les fijará sus condiciones de salida del conflicto.

El poder Legislativo (Gobierno y Generalitat), el poder militar (guardia civil) y el poder Ejecutivo, además de gobierno locales (Alcaldesa de Barcelona), vuelven a cometer un acto de VIOLENCIA contra lo público y contra los derechos fundamentales de las personas, para asegurar el beneficio privado de Empresas como EULEN, explotadoras, y lo hacen desde el más absoluto desprecio por la vida y condiciones de trabajo de millones y millones de personas.

Sin límites institucionales y sin resistencia sindical y social suficiente y eficiente, solamente es cuestión de “tiempo” que nuestros “jueces y juezas” interpreten que “la esclavitud laboral y social, es funcional para la economía y por lo tanto buena para el interés general”, el Gobierno y casi todo el arco parlamentario, así lo vienen haciendo.

Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT

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Acción Social

La CGT ante la barbarie en Barcelona

Hoy nos ha tocado de cerca. Esta tarde en Las Ramblas de Barcelona ha habido un ataque contra las y los peatones que ha provocado un número indeterminado de víctimas. Mientras seguimos con atención y preocupación las diferentes informaciones que nos están llegando, desde la Confederación General del Trabajo (CGT) de Catalunya queremos hacer patente lo siguiente:

  • Mostramos nuestra solidaridad con las víctimas de este ataque. Una solidaridad que hacemos extensiva a todas las víctimas civiles de ataques, hechos por grupos armados y ejércitos, en diferentes lugares del mundo hoy y otros días del año.
  • Hacemos patente, de manera clara, contundente e inequívoca, que la xenofobia, el racismo y el odio entre culturas son expresiones del fascismo. Los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo tenemos otros programas de lucha para transformar la sociedad, que pasan por la libertad, el internacionalismo, la solidaridad y el apoyo mutuo.
  • Igualmente queremos manifestar que la militarización del espacio público, como la que hace meses que estamos sufriendo con policías armados con ametralladoras en medio de las calles de muchas poblaciones y barrios, no es la solución real para evitar hechos como los que han pasado hoy en Barcelona. Lucharemos, pues, para evitar que esta situación tan trágica sea utilizada por los diferentes gobiernos para endurecer la legislación penal, con la excusa de la lucha antiterrorista, y aumentar la represión y la militarización de nuestro día a día.

Paremos el fascismo, venga de donde venga.

Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT de Catalunya
17 de agosto de 2017

http://cgtcatalunya.cat/spip.php?article12575#.WZYQgelLfIV

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Acción Social

Cineforum y tapeo vegano – Pride