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El coste del desfile militar del 26 de mayo duplica el de 2017 y cuatriplica el de 2016

El coste del desfile militar con motivo del día de las Fuerzas Armadas que recorrerá las calles de Logroño el próximo 26 de mayo duplica el de 2017 y cuatriplica el de 2016, ascendiendo a 733.796 euros. Las molestias ocasionadas ya han comenzado indignar a vecinos y comerciantes de calle General Vara de Rey.

El martes 22 de mayo, la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, presumía de llevar el nivel de gasto de su ministerio a niveles precrisis y advirtió que seguirá creciendo, al considerar necesario seguir haciendo un esfuerzo “continuado y sostenible en el tiempo”.

Desde 2016, año en que fue nombrada ministra, el gasto militar no ha dejado de crecer. Los presupuestos de 2017 escalaron la partida de Defensa un 32%, un aumento que se consolida en los presupuestos de 2018, aún sin aprobar, con una nueva subida del 10,7%.

No obstante, desde el centro de estudios por la paz Centre Delàs advierten que el presupuesto militar real asciende cuantiosamente. Desde esta organización cuantifican el gasto militar oculto en las partidas presupuestarias de otros ministerios en 11.000 millones de euros, lo cual supondría un incremento del 145% respecto al presupuesto del Ministerio de Defensa.

Entre los gastos, que en su informe “Los despropósitos del gasto militar” adjudican directamente a Defensa, se encuentran 19,48 millones de euros para “organismos militares internacionales” adjudicados al Ministerio de Exteriores, 302,36 millones de euros dedicados a I+D militar del presupuesto de Industria o 2.654,93 millones de euros destinados a sufragar a la Guardia Civil, un cuerpo de seguridad pública de naturaleza militar y ámbito nacional, según describen en su propia web.

Esta escalada presupuestaria ha tenido su reflejo en el coste que conllevará el desfile del día de las Fuerzas Armadas el próximo 26 de mayo en Logroño, que cuatriplica el coste del llevado a cabo en 2016 en Madrid y duplica el del pasado año en Guadalajara, ascendiendo hasta los 733.796 euros.

UN GASTO QUE VECINOS Y COMERCIANTES DE VARA DE REY NIEGAN QUE COMPENSE

Desde El Salto La Rioja nos hemos acercado a la Calle General Vara de Rey, donde desde hace ya varios días han comenzado los trabajos de preparación del desfile, para conocer la opinión de vecinos y comerciantes.

En contraste con las declaraciones de la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, en las que afirmaba que “la ciudad está nerviosa y expectante”, muchos vecinos muestran su malestar tanto por la gestión, la falta de planificación y los numerosos inconvenientes que se están generando.

Comenzamos nuestro recorrido desde el estanco entre la citada calle y la avenida Gran Vía, donde sus dependientes critican que, mientras “se sabe perfectamente quién viene y quién no viene, nadie nos informa de lo que realmente nos afecta”. Desde este establecimiento denuncian que viven una incertidumbre constante, ya que “cada día emiten un bando donde nos enteramos de las restricciones de tráfico, cortes…”. También se muestran muy preocupados por la retirada de contenedores de basura desde cinco días antes del desfile. “¿Qué vamos a hacer con nuestras basuras? ¿La gente en sus casas, van a coleccionar basura durante una semana?”, se preguntan. Por último, afirman convencidos que todos los negocios de la calle van a verse muy perjudicados.

Seguimos avanzando y entramos en una pastelería donde nos cuentan que se ha notado mucho la reducción de las ventas porque, pese “al barullo”, las dificultades del tránsito ocasionan que la gente no quiera entrar y prefieran ir a otros comercios.

Otro local cercano es una tienda de animales, desde donde ponen especial acento en las cuestiones de limpieza. Critican que, mientras son frecuentes sus quejas al Ayuntamiento por el olor a orines humanos en la calle, únicamente “lo han visto y van solucionar durante esta semana”. Al igual que otros comerciantes de la zona, pone en duda la utilidad del desfile y en su caso propone que el presupuesto sea dedicado a fomentar el comercio local.

Durante todo el recorrido escuchamos comentarios de vecinos enfadados por tener que recorrer hasta 600 metros para cruzar la calle, obligándoles a alargar sus trayectos más de un kilómetro. También nos encontramos con una madre que, al recoger a su hijo le explica que hoy cogerán un taxi por la falta de espacio en aceras y las largas distancias para cruzar la calle.

Subiendo hasta la esquina con la calle Pérez Galdós, encontramos un pequeño kiosco a pie de calle, donde su propietaria se muestra indignada. Critica la retirada de los contenedores, el corte de tráfico desde una semana antes del “evento”, los ruidos desde que comenzaron retirar el mobiliario urbano la pasada semana y del montaje de esta semana, los aviones que desde hace semanas sobrevuelan el cielo logroñés con gran estruendo, las pérdidas que le va a generar durante toda la semana —por la reducción del tráfico y el tránsito y por verse obligada a cerrar el sábado por ser una zona de seguridad—, la pésima gestión y planificación municipal…

Justo al concluir nuestra conversación con ella, nos encontramos a una persona con discapacidad visual que venía de su trabajo. Por la mañana no notó mucha diferencia pero a la hora de salir de trabajar tuvimos que ayudarle a esquivar —mientras que sujetaba nuestro brazo con su mano derecha y con la otra su bastón guía— un carrito de bebé, varias vallas provisionales en el arcén y un perro atrapado con su bastón, en un espacio inferior al metro lineal que había entre una de las gradas y la pared.

También en esta manzana vive Francisco, que relata cómo la policía ha pasado por su casa a identificarle a él y a su mujer por la mera presencia del rey durante el próximo sábado. A esto, añade las molestias ocasionadas por el corte de la calle, que le obliga “a dar un rodeo de más de 300 metros” para cruzar a la acera de enfrente. Junto a esta incomodidad, Francisco explica que, al haber añadido cuatro días antes las gradas, tienen los accesos a los garajes bloqueados y que las calles aledañas se encuentran cerradas impidiendo tanto el estacionamiento como la circulación. También critica la “pésima gestión informativa” del Ayuntamiento, que ha hecho que no sepan qué van a encontrarse en los próximos días, ya que cada mañana se encuentra con una nueva circular de la policía municipal “restringiendo aún más nuestros derechos, sin que quede muy claro lo que implica, y cuando preguntas a la policía tampoco lo tiene claro. Nos vamos enterando de todo por fascículos”. Por último, denuncia que no sólo no les están informado debidamente, sino que además tampoco pueden protestar porque “las decisiones ya están tomadas” y lamenta no poder colgar en su ventana una bandera republicana por miedo a ser multado “ni me voy a arriesgar a hacerlo, porque ya ha pasado antes y la ‘ley mordaza está’ ahí”.

TRABAJO DIARIO EN “LA ZONA 0”

Desde Parques y Jardines comentan que no tienen más trabajo que el habitual; únicamente y por el desfile han adelantado dos semanas la reposición de plantas. Explican que desde el Ayuntamiento se ha comprado más planta que de habitual: unas 2.000 flores rojas y amarillas para esta ocasión, pero no toda esa planta, que ronda 50 céntimos la unidad, será plantada en la zona centro de Logroño, sino que unos 1.000 ejemplares podrían ser repartidos entre las logroñesas y logroñeses el día del desfile.

Una decena de militares del Ejército de Tierra también se encuentra ya en Logroño montando la megafonía en la calle Vara de Rey. Llegaron desde Madrid el 20 de mayo y están alojados en la base militar del ejército de tierra.
Desde otras provincias, como Madrid y Toledo, también llegaron el lunes empresas externas para efectuar labores de montaje y acondicionamiento en las gradas y la tribuna real desde el martes a primera hora de la mañana.
El Parque Municipal de Servicios —unidad municipal tiene su centro de trabajo los funcionarios adscritos a obras, aguas, alumbrado, mecánico, carpintería, pintura y herrería o metalistería— señala que lo que se está viviendo es muy similar al desarrollo que existe antes y durante las fiestas de San Bernabé y la Vendimia en Logroño, “eso sí, en fiestas no quitamos farolas ni semáforos”.

Es una carga muy parecida, por ejemplo, al montaje de los “graderíos” para el reparto del pan, el pez y el vino de junio y como en estas circunstancias existen “golpes de trabajo” y los funcionarios “se apuntan para realizar horas extraordinarias” por la tarde.

Reconocen que hay varios escenarios municipales que no han podido desmontar durante esta semana dado que “dos personas” que pudieran retirarlos supone “dos personas menos aquí y aquí hay mucho jaleo” porque “la casa real es muy real”.

Lo que escucha esta unidad del Ayuntamiento de Logroño por parte de los ciudadanos es que no tiene buzones, no tiene semáforos y “la gente pasa cuando puede y como puede por no tener que desplazarse 300 metros de ida y otros 300 de vuelta máxime si una persona tiene 70 u 80 años y están que muerden”.

También afirman que la policía está cansada de decir a la gente por dónde tiene que pasar, pero que la gente no le hace caso “y yo lo entiendo”.

Este funcionario cree que si le hubieran explicado los pros y contras de esta actividad y se hubiera sacado a referéndum “quizá la gente hubiera votado que no porque el día de las Fuerzas Armadas es muy bonito y tiene mucha repercusión, pero para las personas que viven o caminan por esta zona…”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/dia-fuerzas-armadas/coste-desfile-militar-duplica-2017-cuatriplica-2016

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Nueva victoria contra los fondos buitre en Bélgica

El 31 de mayo, el Tribunal Constitucional de Bélgica rechazaba un recurso de NML Capital Ltd, que pretendía tumbar la ley belga contra los fondos buitre, una legislación pionera y única a nivel mundial contra estos fondos especulativos.

“Es una victoria en toda regla” contra los fondos buitre, dicen desde el Comité por la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM). El 31 de mayo, el Tribunal Constitucional de Bélgica rechazaba el recurso interpuesto por el fondo NML Capital Ltd, dirigido por el magnate Paul Singer, que pedía la anulación de la ley “relativa a la lucha contra las actividades de los fondos buitre”. Esta normativa, que entró en vigor en Bélgica el 12 de julio de 2015, es pionera y única en el mundo en la lucha contra estos fondos especulativos.

Según Renaud Vivien, jurista del CADTM, “esta sentencia histórica es la culminación, en Bélgica, de un largo combate político y jurídico contra los fondos buitre”. El tribunal ha rechazado todos los argumentos presentados por NML, que defendía que “nada prohíbe la recompra de una deuda de un Estado por un fondo de inversión. Tal recompra no puede ser considerada como inmoral por el único hecho de que el Estado afectado esté muy endeudado”.

Los fondos buitre, recuerdan desde el CADTM, “son sociedades privadas que recompran a precios tirados la deuda de los Estados en dificultades para, posteriormente, reclamar el pago al precio de origen, más los intereses y recargos”, y añaden que “alimentándose de las dificultades financieras de los países, obtienen beneficios que representan de media de tres a veinte veces su inversión, lo que equivale a rendimientos de 300% a 2.000%”. Por ello, el Parlamento federal belga legisló en 2015 para que estos fondos, en caso de comprar deuda del país, no pudieran reclamársela al Estado a un precio mayor que el pagado por ella.

Según Vivien, “los Estados ya no tienen excusa y deben adoptar leyes similares a la de Bélgica para acabar con la especulación sobre las deudas. Es lo que exigen los movimientos sociales que luchan contra las deudas ilegítimas, pero también el Parlamento Europeo en su resolución del 17 de abril” de este año. En esta resolución, el Parlamento “Pide a los Estados miembro que adopten, a iniciativa de la Comisión, un reglamento inspirado en la legislación belga relativa a la lucha contra la especulación de los fondos buitre sobre la deuda”.

En la nota de prensa en la que celebran esta victoria, el CADTM llama a continuar la lucha contra estos fondos que especulan tanto con las deudas públicas como con las privadas, y pone como ejemplo la creación en el Estado español de la Plataforma Contra los Fondos Buitre, que, integrada por diversas organizaciones y movimientos sociales, nacía en abril con el objetivo de denunciar las actividades de estos fondos en ámbitos como la deuda soberana, la vivienda, la sanidad y los cuidados y lograr una legislación estatal que ponga freno a estos fondos especulativos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/fondos-buitre/nueva-victoria-contra-fondos-buitre-belgica

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Oleada de tratados contra la vida: no son los impactos, es el sistema

TTIP, CETA, TPP, TISA… una oleada de tratados de comercio y/o inversión se cierne sobre nuestras vidas. ¿Cómo afrontar semejante sopa de letras sin sentirnos abrumadxs o impotentes? ¿Cómo articular una lucha política eficaz?

¿Cómo afrontar esta nueva oleada de tratados de comercio y/o inversión (en adelante, TCI)? Entre todas las dudas, surge una idea clara: necesitamos salir de las miradas productivistas, con las que nos leemos reduciendo nuestras vidas a la faceta de mano de obra, cuando no caemos directamente en la trampa de usar el lenguaje del poder corporativo, que nos invita a pensarnos como consumidoras y/o supuestas emprendedoras jefas de nosotras mismas.1

SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA E INTERSECCIÓN DE EJES DE PRIVILEGIO/OPRESIÓN

Una potente alternativa es la del feminismo, que hace dos propuestas centrales, en las cuales engarza con otras miradas críticas que intentan escapar del estrabismo productivista.

Plantea poner la sostenibilidad de la vida en el centro. Esto tiene, al menos, dos implicaciones. Por un lado, se desplaza el eje analítico y político de los mercados hacia las condiciones de vida encarnadas y arraigadas en un planeta vivo. Así, el foco se centra en comprender el significado de los TCI en términos de recomposición del conflicto capital-vida, preguntándonos por las condiciones de vida concretas y la reconfiguración de la relación del sistema socioeconómico con el ecosistema. Por otro lado, esta mirada saca a la luz todas las formas de trabajo y resolución de la vida en común que operan en cada lugar, incluyendo aquellas que escapan de alguna manera a la lógica capitalista y la subvierten (las economías otras: popular, social y solidaria, campesina…) y las que son consustanciales al capitalismo heteropatriarcal, aunque invisibles: lo que podemos llamar los cuidados inmolados 2, que son la cara B del trabajo asalariado. Estos trabajos son los que se realizan bajo tres condiciones: privatizados, feminizados e invisibilizados; y se encargan de tres tareas: sanar la vida de los daños provocados por el capital, cerrar el ciclo económico asegurando que el conjunto encaje en el sentido de cubrir las necesidades vitales y proporcionar el trabajador champiñón 3 que el sistema exige. Hemos de preguntarnos cuál es la estructura socioeconómica que los TCI (re)construyen, cómo minan el terreno para economías otras y cómo se asientan sobre un colchón de cuidados inmolados.

Por otro lado, sitúa el género como un eje vertebrador del sistema socioeconómico, en intersección con otros ejes de privilegio/opresión en el marco de lo que podemos denominar un sistema de dominación múltiple (o esa cosa escandalosa) que es capitalista, sí, pero también heteropatriarcal, colonialista y medioambientalmente destructor. Esto tiene al menos dos implicaciones. Por una parte, identificar cuáles son esos ejes de privilegio/opresión que operan con mayor fuerza en el contexto en el que vayamos a centrarnos, para poder comprender cómo los TCI reconstruyen esa dominación múltiple e interseccional. En el norte global, estos suelen ser el género, la clase social, el estatus migratorio, la racialización y el ámbito urbano/rural. Por otra, atender a la desigualdad global y al papel de los TCI en la reconfiguración de los ejes de hegemonía global. Esto supone, entre otras cosas, no olvidar los TCI que se firmaron con anterioridad (los que, desde el norte global, se firmaron desde una clara posición de privilegio) y que siguen condicionando las relaciones socioeconómicas actuales, así como atender con la misma intensidad a los TCI que se firman desde una posición de privilegio o subalternidad relativas (por ejemplo, dar igual de importancia al TTIP que al UE-Mercosur).

IDENTIFICAR EL MODELO QUE ASIENTAN LOS TCI

Los TCI no son el todo del problema. Son una herramienta para la consolidación de un sistema que ya está instalado y que, de no aprobarse los acuerdos, buscará otras vías de imposición. Una clave central es no limitarse a hacer análisis de impacto, sino identificar el modelo que los TCI asientan y refuerzan. Hoy, necesitamos entender el papel que la nueva oleada juega como instrumento para favorecer la rearticulación del “capitalismo del siglo XXI”4, el modo particular que toma esta cosa escandalosa en los actuales tiempos de transición ecosocial y colapso ecológico.

La nueva oleada puede pensarse como la imposición de una “constitución económica global”. No hablamos de constitución en el sentido de que exista un documento único que vaya a ser firmado por todos los países, sino de un conjunto de normas (dispersas, cambiantes) que, todas juntas, formarán un cuerpo legal que definirá las prioridades político-jurídicas globales. Los TCI traen consigo el contenido de esa carta magna, que asegura que todo se convierte en mercancía (al ampliar inmensamente la definición de comercio internacional) y que los intereses del gran poder corporativo se sitúan como máximo bien jurídico al aprobar los “diez mandamientos corporativos” (principios legales que priorizan los intereses de las transnacionales, como, por ejemplo, el principio de la seguridad de las inversiones). Además, traen consigo los mecanismos de funcionamiento que garantizan que se cumplen esos contenidos: los llamados organismos de convergencia reguladora (órganos de los que las grandes empresas forman parte y que están encargados de garantizar que las normativas laborales, sociales, ambientales, de igualdad, etc. entre países convergen entre sí… ¡a la baja!) y los tribunales de arbitraje (tribunales de justicia privados en los que las transnacionales pueden demandar a los estados si creen que están vulnerando la seguridad de sus inversiones). Se mercantiliza la democracia, posicionando al poder corporativo transnacional como máximo sujeto político por encima de los pueblos. Se crea un “mercado global ultra-autorregulado”: autorregulado porque las transnacionales actúan de forma autónoma, y ultrarregulado porque se establecen las normas que garantizan esa autonomía y la defensa de sus intereses. Esto supone el asentamiento definitivo de la “arquitectura de la impunidad” y la anulación de la soberanía popular.

Esta constitución económica global implica una virulenta agudización del conflicto capital-vida en tres sentidos. Primero, se profundiza la mercantilización al (1) convertir en mercancía nuevas esferas de lo vivo, ampliando el radio de acción de la lógica de acumulación a lo que no estaba mercantilizado (por ejemplo, muchos servicios) e incluso a aquello que aún no existe (funcionamiento de las listas negativas, que implican incluir todo aquello que no se excluye expresamente, incluso aquello que no puede nombrarse porque no existe); y (2) reducir la vida a su faceta de mercancía (por ejemplo, el poder mover transnacionalmente a las personas sin trabas, siempre y cuando no se trate de personas que migran y reconstruyen proyectos vitales, sino de mano de obra que las transnacionales movilizan en el marco del comercio internacional como un recurso productivo más). Segundo, lo que se mercantiliza y lo que ya estaba mercantilizado se somete a un capital mucho más agresivo, el transnacional, que en esa tensión con la vida tiene mucha mayor capacidad de hacer daño (por ejemplo, servicios públicos que ya estaban privatizados ahora se someten a las transnacionales). Y, tercero, se amputan las capacidades de las instituciones públicas para amortiguar el conflicto, para incidir en él poniendo coto a la voracidad de la lógica de acumulación.

En última instancia, la nueva oleada significa reforzar el proceso de acumulación de poder y recursos5 en torno a quienes detentan el poder corporativo global, el BBVAh6 . Esto profundiza un proceso de hipersegmentación socioeconómica, que va más allá de una simple escisión entre los de arriba y los de abajo, el norte y el sur globales, los hombres y las mujeres. A su vez, se pone mayor presión en las dimensiones invisibilizadas del sistema socioeconómico, que deben resolver la vida en un contexto de dificultad agudizada y ataque más virulento, garantizando esa cara oculta sobre la que se apoyan los procesos de acumulación. En otras palabras, se reorganizan las cadenas (globales) de cuidados. E implica que se rearticulan los procesos globales de dominación, reconfigurando la división del mundo en zonas de acumulación y de despojo, así como la relación campo-ciudad. Finalmente, y en clave de metabolismo socioeconómico, la estructura socioeconómica que se asienta con los TCI es de mayor tamaño (poniendo por tanto aún mayor presión sobre un planeta colapsado) y agudiza la distribución desigual del consumo de materia y energía a nivel global y por grupos sociales.

Una pregunta central, que hemos de esforzarnos por responder, es qué papel tiene esta nueva oleada en el paso de una cosa escandalosa que durante el neoliberalismo de colores jugaba más bien a la seducción (prometiendo sueños de éxito individual urbi et orbe, economía de mercado junto a libertades políticas y civiles), a otra que es más abiertamente violenta, un proyecto de expulsión y orden jerárquico expreso: Si los sueños para todos no son factibles, lo serán para los míos, si se portan bien. ¿En qué sentido la nueva oleada está atravesada por un incremento generalizado de la violencia, en sus diversas formas y, sobre todo, en sus cruces (la violencia heteropatriarcal, la violencia corporativa, la violencia represora de los estados y la violencia del fascismo social)?

¿LOS IMPACTOS?

Si, a pesar de todo, queremos atender a los impactos, hay varias claves a tener en cuenta. (1) No pensarlos en términos de unos países frente a otros, sino de pueblos contra capitales, entendiendo al mismo tiempo las desigualdades que atraviesan a los pueblos. Es en ese sentido que proponemos pensar en términos del impacto en la virulencia del conflicto capital-vida y en las condiciones de vida de sujetos desigualmente posicionados en ese sistema de dominación múltiple. (2) Hablar en términos vitales, que entendamos todxs y que acerquen los TCI a la vida concreta, en lugar de alejarlos. (3) Atender a la vida de las mujeres como un lugar privilegiado para comprender el significado y los impactos de los TCI (en el norte global, priorizar mirar desde las vidas de las mujeres migrantes, que enlazan las diversas oleadas de tratados). (4) No usar solo metodologías cuantitativas; recurrir también a las cualitativas y huir de la obsesión por replicar las técnicas economicistas del discurso oficial. (5) Calibrar bien el esfuerzo que ponemos en este análisis de impacto, para evitar los tres riesgos de un sobredimensionamiento de lo técnico: perderse en el laberinto de información, desanimarse, y poner en marcha una movilización a dos niveles (el técnico y superior, que conoce; el afectado, que se moviliza a golpe de batuta de lo técnico).

Hay dos formas de entrada a los impactos. Podemos ver los impactos sobre lo que ya hay, es decir, sobre la estructura socioeconómica que ya existe (los servicios públicos, la agricultura, determinados sectores productivos…). O podemos preguntarnos por los impactos sobre lo que querríamos que hubiera, intentando entender qué implican los TCI en términos de la posibilidad de poner en marcha alternativas, creándolas o reforzando las que están. Se trataría, por ejemplo, no de preguntarse cómo afectan al sector agrario, sino a la soberanía alimentaria. La segunda opción es mucho más potente, porque significa abordar uno de los problemas centrales que se han detectado en lo que podríamos englobar bajo el paraguas de lucha antiglobalización: alcanzar amplios niveles de acuerdo en el diagnóstico, pero no en la contrapropuesta, dejando esta para un segundo momento y llegando sin fuerzas o abordándola desde el conflicto. Si queremos ver los impactos en términos de amputación de la capacidad de asentar alternativas, tenemos que abordar estos debates desde el principio: resistimos y luchamos al mismo tiempo.

¿Cómo podríamos incluir una mirada feminista en la primera opción, la más clásica? (1) Atendiendo a la cara B de la economía, las dimensiones feminizadas que suelen desatenderse al mirar los impactos en determinadas áreas (por ejemplo, preguntarnos por los impactos de la privatización de servicios públicos en términos de aumento de trabajo de cuidados no remunerado). (2) Preguntándonos dónde y cómo termina resolviéndose la vida en un contexto de mayor dificultad (por ejemplo, si se destruirán redes de apoyo mutuo, o cómo abordarán los hogares el encarecimiento de productos básicos, si reduciendo el consumo, aumentando el trabajo no remunerado, etc.). (3) Ampliando los sectores a analizar, prestando especial atención a aquellos feminizados que suelen ser más opacos para una mirada productivista, entre otros: la atención a la dependencia, el cuidado infantil y el empleo de hogar, así como las bioeconomías de la reproducción asistida. (4) Atendiendo a las desigualdades de género, en intersección con otros ejes de privilegio/opresión, que atraviesan los sectores que miremos (por ejemplo, al ver el impacto en el empleo, prestar atención a los sectores laborales feminizados, e incluir datos desagregados por sexo y por aquellas otras variables que hayamos definido como más pertinentes para nuestro contexto).

La segunda opción nos obliga a abordar una pregunta muy potente, si bien difícil de responder: ¿cuál es nuestro horizonte de subversión, desde una mirada feminista, ecologista, decolonial y de clase? Hay horizontes que sí tenemos claros, como, por ejemplo, la soberanía alimentaria, aunque precisen de una redefinición feminista. Otros están asentándose, como quizá sea el caso de la soberanía energética. Otros más no están claros, sino que son objeto de importantes debates. Por ejemplo, ¿cuál es el horizonte respecto al trabajo/los trabajos?: ¿La desaparición del trabajo asalariado y su contracara de los cuidados inmolados? O, de una manera más limitada, ¿la redistribución de los trabajos existentes y el freno de la precarización laboral? Otra posibilidad sería hablar del impacto en términos de acceso a derechos, enfatizando aquellos que el feminismo reivindica y quedan a menudo desplazados (por ejemplo, derechos sexuales y reproductivos, derecho a la vivienda…). Una pregunta con especial relevancia para el feminismo es cuál es nuestro horizonte en materia de cuidados: ¿la garantía universal de un derecho al cuidado?, ¿la socialización de los cuidados?, ¿la desaparición de los cuidados inmolados para construir una economía donde el cuidado de la vida sea el eje gravitatorio? Otro elemento que podría marcar nuestro horizonte son los comunes como modo de articulación de la vida en común.

No se trata de tener los horizontes niquelados antes de preguntarnos sobre los impactos de los TCI en ellos, sino de aprovechar la ocasión para lanzar una propuesta tentativa y provisional de horizontes aglutinadores. Quizá podríamos pensar en aquellos horizontes que suscitan mayor movilización social, para enganchar el trabajo sobre TCI con las movilizaciones políticas en marcha. Desde los feminismos, se está proponiendo pensar estos horizontes en términos de diversas soberanías vinculadas. Así, Bilgune Feminista plantea la soberanía feminista como “el proceso de transformación global de las relaciones sociales capitalistas, que son en sí mismas heteropatriarcales. Es el marco común de subversión que debe articular el cambio hacia otra organización de la economía orientada a la satisfacción de las necesidades sociales y al bienestar colectivos”7. A su vez, Justa Revolta entrecruza soberanía (re)productiva, de curas y afectos (entendiendo que dentro de esta soberanía productiva también está la reproductiva); soberanía popular; soberanía ecológica (dividida en dos: alimentaria y energética); soberanía cultural y soberanía del propio cuerpo.

CONFRONTANDO DESDE LA VIDA

En definitiva, cualquier cosa que hagamos sobre los TCI ha de servirnos para construir un lenguaje de confrontación que enganche con la vida concreta y se dirija no solo contra los TCI, sino contra el sistema del que son herramienta; para identificar las rearticulaciones que está experimentando ese sistema así como comprender el funcionamiento de dimensiones que tienden a permanecer ocultas; y para ir definiendo un horizonte de subversión que pueda ser compartido y mine al poder corporativo a la par que nos obliga a afrontar las desigualdades que nos atraviesan.

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1- Este texto se basa en el trabajo realizado con OMAL a lo largo de 2017 y 2018 en torno a los TCI y, en concreto, en los siguientes documentos:

2-  Usamos este término para distinguirlos de otra forma deseable de cuidados (entendidos como la gestión corresponsable de la vida en común) que sería más bien una contrapropuesta a las formas de trabajo dominantes hoy, ambas alienadas: el trabajo asalariado y los cuidados inmolados.

3- Con este término irónico nos referimos al trabajador (aparentemente) libre de cuidados aquel que, aparentemente, no tiene necesidades propias ni responsabilidades sobre la vida de otras personas que condicionen su inserción en el mercado laboral.

4- Todos los términos entrecomillados en este apartado los tomamos de Fernández (2018a).

5- Lo cual no significa que el poder corporativo logre efectivamente salir de la crisis de rentabilidad en la que está, o poner en marcha otra onda larga de acumulación capitalista.

6- Acrónimo con el que irónicamente nos referimos al sujeto que domina el proceso de acumulación y que se sitúa en la cúspide de la intersección de ejes de privilegio: el blanco, burgués, varón, adulto y hetero.

7- Tomamos este extracto de Uzuri Aboitiz (2018), “Soberanía feminista: una aproximación a la soberanía desde la vida cotidiana”, en VVAA, Conjugando la soberanía , Iratzar Fundazioa.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/vidas-precarias/oleada-de-tratados-contra-la-vida-no-son-los-impactos-es-el-sistema