LA MARAÑA DEL PADRÓN
El empadronamiento es un requisito fundamental para poder solicitar cualquier ayuda ya sea para la renta social básica, las ayudas de emergencia social o cualquier trámite que se quiera realizar con las administraciones locales o estatales y se ha convertido en el principal obstáculo con el que se encuentran las personas más desfavorecidas para acceder a las ayudas.
El Padrón Municipal es el registro administrativo donde constan los vecinos del municipio. Sus datos constituyen prueba de residencia en el municipio y del domicilio habitual en el mismo. Toda persona que viva en España está obligada a inscribirse en el Padrón del municipio en que resida habitualmente.
Este certificado tan sencillo nos hace visibles frente a la Administración porque se supone que como persona que reside en la ciudad tienes acceso a derechos precisamente por vivir en ella.
En la resolución de la Subsecretaría del Ministerio de la Presidencia de 16 de marzo de 2015 se dictan instrucciones técnicas a los Ayuntamientos sobre la gestión del Padrón municipal en las que se recogen tres casos especiales:
- Empadronamiento en un domicilio en el que ya constan empadronadas otras personas.
- Empadronamiento en establecimientos colectivos (residencias, conventos, etc.)
- Empadronamiento de personas sin domicilio.
En este supuesto se incluyen las infraviviendas (chabolas, caravanas, cuevas, etc. e incluso ausencia total de techo) dejando claro que éstas deben figurar como domicilios válidos en el padrón, independientemente de las circunstancias jurídicas y de las circunstancias físicas, higiénico-sanitarias o de otra índole que les puedan afectar. La correcta aplicación de este supuesto implica que se debe aceptar como domicilio cualquier dirección donde efectivamente vivan los vecinos, así como que pueda y deba recurrirse a un “domicilio ficticio” cuando una persona carezca de techo y resida habitualmente en el municipio.
Amparándonos en este punto, en el mes de Julio hicimos un acompañamiento a la oficina del padrón del Ayuntamiento de Santander para solicitar un empadronamiento, requisito para poder solicitar la RSB. Ante la denegación verbal, se registró la solicitud por escrito. Resulta indecente que a día de hoy no hayamos recibido contestación. Es vergonzoso que este Ayuntamiento deje pasar el tiempo de esta manera, negando así a las personas sin recursos económicos poder solicitar la RSB por la falta de un requisito al que tienen derecho y se les niega incumpliendo la ley.
Estamos aquí para denunciar que el empadronamiento se está convirtiendo en el mayor obstáculo para poder acceder a las prestaciones, ya sea para solicitar pisos de alquiler en el ayuntamiento, ayudas de emergencia, renta social básica, bonos de alimentos, reducciones en el recibo de la luz y el agua , etc. Además de esto ni siquiera pueden acceder a los propios servicios sociales para buscar una salida a este sin sentido. Nos preguntamos de quién es la responsabilidad de la ilegalidad que se comete cada vez que se ponen impedimentos al padrón. Quién es el responsable de dejar a una persona sin la posibilidad de acceder a una prestación de 426 € ¿El Alcalde y su equipo de gobierno? ¿La concejala de servicios sociales del Ayuntamiento de Santander? ? ¿Los trabajadores sociales por no denunciarlo? ¿El Gobierno Regional por permitir dichas praxis?
Andarivel seguirá reclamando una Renta Básica Universal, individual, incondicional y suficiente que sirva para garantizar el derecho a una vida digna para todas las personas.
Grupo Renta Básica Andarivel
ENTREVISTA A ERMENGOL GASSIOT,
SECRETARIO GENERAL DE CGT-CATALUNYA.
Arqueólogo y profesor (interino) de la Universitat Autònoma de Barcelona donde desde el año 2006 es delegado en el Comité de empresa. Ha militado en numerosos movimientos sociales: insumisión, okupación, lucha antirrepresiva, 15M… Desde abril de 2014 es secretario general de la CGT de Catalunya.
¿Podrías situarnos el “Som 27 i mes” y contextualizar vuestra imputación al momento represivo del Estado, en esa lógica perversa creada a raíz del auge de los movimientos sociales que interpelan al sistema?
El caso “Som 27 i més” (“Somos 27 y más”) deriva de las denuncias que interpusieron ante la Policía miembros del rectorado de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y posteriormente el propio rectorado, por una serie de movilizaciones estudiantiles y sindicales durante el curso 2012-2013.
Estas movilizaciones consistieron en manifestaciones, huelgas, acciones institucionales (como presentar mociones en el Claustro que, en general, se ganaron) y, finalmente, un encierro en el edificio del rectorado. En gran medida, siguieron un patrón de lucha parecido al de movilizaciones de años anteriores. Lo que no fue igual fue la respuesta. En sus denuncias, el rector de aquella época y miembros de su equipo, una de ellas afiliada a Iniciativa per Catalunya y a CCOO, construyeron un relato donde contaban que las organizaciones estudiantiles CAF, SEPC y CGT, con algunas personas de la CUP, formábamos un “entramado”. Este “entramado” habría tenido como finalidad “derribar la institución” y para ello habríamos llevado a cabo diferentes acciones, iniciando con una candidatura a rector, el año 2012, que perdió a pesar de obtener el 79% de los votos. No nos votó la parte superior del profesorado, cuyo voto ponderado vale el 51% del total. Y dentro de ese entramado estábamos las personas con un rol dirigente, según dijeron, las que tenían un rol ejecutivo de acciones y las de enlace entre ambos grupos.
Todo ello bastante surrealista, en plan parodia barata de algunos macrojuicios como el 18/98 de hace años pero que le dio al fiscal la excusa para pedirnos penas de cárcel a cada una de nosotros de 11 años y 5 meses hasta casi 14 años, además de 5 años de alejamiento de la UAB. Todo por defender una Universidad pública y social.
Si la mirada solamente la fijáramos en el Estado español, podríamos concordar que lo que está sucediendo -desigualdad, desposesión de los bienes comunes, lesión grave de los Derechos Fundamentales en el mundo laboral, en el social y en el accionar civilmente por parte de las personas-, pero ¿no crees que estos “momentos” no son sino la expresión en la superficie de los profundos cambios que se vienen produciendo en las sociedades globales desde hace ya bastantes años? Y a la vez, ¿crees que los movimientos sociales, el sindicato, la “izquierda radical” han acertado en la compresión del “fenómeno” o por el contrario nos hemos quedado en la epidermis de las consecuencias y eso pudiera obstaculizar la resolución del problema?
Sí, creo que desde hace años vivimos un período de cambio. Los dueños del capital se sienten fuertes, quizás porque la socialdemocracia ha generado un terreno propicio de desmovilización con su cultura de la delegación, y ahora se ven capaces de romper el pacto que conformó el estado de bienestar. Buscan, con ello, incrementar la tasa de beneficio a costa de disminuir las rentas del trabajo. Esto lo estamos viendo en los datos macroeconómicos a nivel mundial, donde por primera vez en la historia, en los últimos años la parte de la producción social que se quedan los capitalistas supera a lo que ganamos los y las trabajadoras con nuestros salarios y a las prestaciones sociales. Este inmenso expolio social se basa, fundamentalmente, en dos ejes. Uno es erosionar nuestra capacidad de resistencia como trabajadores/as, ya sea en trabajos reconocidos como en los que no. El otro es la destrucción de los espacios de nuestra política, es decir, la que como clase hacemos al margen de las instituciones y, en gran medida, a partir de la acción directa y los espacios horizontales. La represión o la precarización de las relaciones laborales son algunas de las herramientas para conseguirlo. Los recortes, las reformas laborales y los endurecimientos de los códigos penales son una expresión de este proceso.
Con relación a la segunda pregunta, yo creo que en los últimos años nuestro diagnóstico de la realidad ha calado en sectores importantes de la clase trabajadora. De hecho, antes del espejismo del asalto a los cielos de la nueva política, ahí por los años 2012 a 2014, era muy frecuente escuchar conversaciones donde se criticaban los bancos, la sumisión de la clase política al poder financiero y, en general, el funcionamiento del sistema económico e institucional. Quizás lo que no conseguimos que fuera tan asumido fueron nuestras propuestas para cambiar la realidad. Supongo que, en parte, porque mucha de esta gente no las consideraba realizables. Y, ahí, hemos tenido un problema, ya sea de comunicación como, incluso, en el planteamiento de alternativas. Por otra parte, nos movemos en una contradicción permanente: o nos centramos en los efectos (paro, una determinada devaluación de condiciones laborales, desahucios, destrucción de un barrio, despidos, recortes, etc.) o lo hacemos en las causas más generales. Hacer lo primero nos permite obtener algunas victorias concretas que alimenten nuestra capacidad de gente, en la línea de ser un espacio u organizaciones útiles. Lo segundo, en cambio, nos facilita una percepción más completa de la realidad para poder construir las alternativas de calado y no quedarnos únicamente en una práctica política reformista. Éste es un aspecto positivo aunque, a su vez, al generar discursos muy ideológicos, puede alejar a mucha gente de nosotros. Gestionar esa dualidad es un reto que tenemos por delante, no sólo el sindicalismo de combate y revolucionario como el nuestro, sino en general los movimientos sociales alternativos.
Parece que se ha creado una arquitectura de la impunidad a niveles interplanetarios (NNUU, FMI, OMC, Comisión Europea, OTAN, etc.) que a través de normativas, protegen los derechos del capital, pero dicha arquitectura nos está llevando a un sometimiento de los Derechos Humanos a la lógica del capital de tal manera que las grandes corporaciones no solo campan a sus anchas política y jurídicamente, sino que ponen en grave riesgo los principios sociales, ecológicos, humanos de la vida. ¿Qué opinas y qué estrategias son posibles para interrumpir esta barbarie?
Luchar contra esa arquitectura es necesario. El problema es cómo hacerlo. Una opción es fijarnos en los aspectos globales de esta arquitectura. Por ejemplo, la lucha contra el TTIP o el CETA a nivel europeo. Al hacerlo, podemos articular un discurso en contra de esos tratados y los intereses a los que sirven e, incluso, hacer confluir en unos mismos días movilizaciones en muchos estados diferentes. Sin embargo, soy un tanto escéptico con estas formas de lucha. Por tres razones: 1) la confluencia en jornadas de lucha globales es bastante ficticia, puesto que en cada lugar nos seguimos moviendo, incluso en esos días, sobre la base de nuestras realidades locales; 2) nos cuesta mucho ilustrar y que mucha gente asuma la importancia de estos tratados, normas e instituciones en nuestra vida cotidiana, aunque su incidencia sea enorme; y 3) el ataque es de tal magnitud que cuando acaba la lucha contra un ámbito de éstos, empieza otra y nos encontramos, en cierta medida, en una dinámica de acción- reacción de la que no controlamos ni los tiempos ni los objetivos.
¿La alternativa a eso? Supongo que pasa por crear inestabilidad al capital abriéndole conflictos locales. Lo ideal sería que estos conflictos fueran muchos, y se fueran multiplicando. Por ejemplo, promover luchas en el sector del ocio, hostelería y restauración en una zona turística, y donde, en general, las condiciones laborales son muy duras. Y, a la par, que surgiera una huelga de alquileres, o la ocupación de un terreno para exigir un uso vecinal, o lucha en el sector de la recogida de basuras, o en la Universidad, o… La gestión de estos conflictos debería gestarse en la base, en ellos mismos, con sus propios tiempos y estrategias con la finalidad de ganarlos. Sin embargo, organizaciones como la nuestra podrían promover la confluencia temporal de algunos de ellos, o su secuenciación en breves espacios de tiempo. Por ejemplo, el lunes huelga y conflicto en A, el martes lo mismo pero en B, el miércoles en C, y así sucesivamente. Si eso fuera factible, a partir de luchas locales y concretas, con opción de ganarlas, podríamos generar un conflicto global, de cierta duración (claramente mayor a la de un único día de huelga general), con un esfuerzo acotado para quienes lo llevamos a cabo y con la perspectiva de obtener victorias concretas. El tema es pensar si esto es factible ahora mismo… Pero creo que es imprescindible pensar en luchas que se puedan ganar, aunque ello haga necesario renunciar a batallas que nos gustaría dar. Buscando un símil, ahora mismo no creo que estemos en condiciones de plantarle cara al capital a campo abierto y sí, en cambio, de hacerlo a modo de guerra de guerrillas.
Es una obviedad que el trabajo, las personas trabajadoras, conservan una gran importancia en cuanto al descontento y es fuente de conflicto, como impugnación especialmente de modelos de relaciones laborales ligados a sus concretas condiciones de trabajo, pero las luchas, cada vez en mayor medida, se mueven de manera dominante en lo que denominamos la “vida diaria”, mostrando el descontento con todas aquellas políticas que afectan a la cotidianidad: transportes, hospitales, viviendas, educación, dependencia… y, en cierta forma, enuncian una posibilidad de convergencia en torno a eso que venimos denominando “lo común”. ¿Dónde crees que se encuentra el principal centro del descontento en este proyecto político denominado neoliberalismo?
Supongo que el descontento es diverso, en función de a quién le preguntes. Una persona joven te hablará de unas condiciones laborales aberrantes, en el caso en que tenga trabajo. Donde la precariedad, la incertidumbre y salarios de miseria son el pan de cada día. En cambio, una de mayor edad te puede plantear la destrucción de los servicios públicos como un problema muy relevante para ella, y un estudiante quizás también. Si la pregunta se la hiciéramos a una migrante, nos hablaría de ese apartheid silenciado que vertebra las sociedades europeas donde un porcentaje no negligible de la gente que vive en un lugar no posee derechos de ciudadanía.
Como planteas en la pregunta, se trata de los efectos de un programa específico del capitalismo. Pero es normal, habitualmente nos enfadamos por lo que vivimos, y vivimos nuestra vida cotidiana, que depende de si tenemos o no trabajo y en qué condiciones, del lugar donde vivimos y cómo se destruye el territorio, etc. Personalmente, pienso que esa vida cotidiana puede ser un buen detonante para la movilización, aunque, y eso es muy importante, no debamos perder de vista que la nuestra es una lucha global contra el capitalismo y el Estado, su herramienta al fin y al cabo.
Por último, añade lo que creas que debe ser reseñable.
Solo algunas ideas a modo de titular. La primera, que debemos buscar recuperar el optimismo en la lucha, un optimismo que implica ser capaces de convencernos de que luchamos para obtener victorias y que éstas son factibles. La segunda, que nuestras luchas han de depender de nosotras mismas. Es decir, no deben responder a los cauces legales ni institucionales que nos ofrece el sistema. Eso no excluye usarlos, pero el centro de nuestra actividad deben ser nuestros propios espacios y la acción directa. Y, ya para acabar, la tercera es situar en el centro de cualquier lucha el conflicto, contra el poder, contra el capital, por concreta y acotada que nos parezca esa lucha. Detrás del combate contra la urbanización de un solar que queremos que sea un espacio colectivo, hay la confrontación con el interés de las empresas constructoras. En nuestra reclamación de que se dignifiquen los aseos para trabajadores, hay una lucha por nuestra dignidad, dignidad que al capitalista le interesa que tengamos por los suelos.
Finalmente, mencionar el orgullo que uno siente al ver cómo nuestra organización lleva a cabo la solidaridad. Lo hemos visto este mes de octubre, por ejemplo.
Redacción Rojo y Negro
Una tormenta imposible. 54% de humedad, una presión mínima de 952 hectopascales y vientos de hasta 200 km/h se alinearon el 15 de febrero de 1941 para extender el incendio que se originó en el número 20 de la calle Cádiz, en Santander ciudad. Las fotos de Samot o Arauna hablan por sí solas, pero éstas son las cifras tras 43 horas de fuego: 37 calles y 1.783 casas destruidas; 10.000 personas quedaron sin hogar y un 10% de la población perdió todas sus pertenencias (vivían entonces alrededor de 101.000 personas en la capital cántabra); 508 comercios arrasados y, a consecuencia de ello, 7.000 personas sin empleo. Hay quien definió el fuego como «un soplete sádico», un castigo de dimensiones bíblicas llegado apenas dos años después del final de la Guerra Civil.
«Santander no está muerto», será una «ciudad nueva que brota de sus propias cenizas», para así «incorporarse al resurgimiento de la Patria» gracias a una «ceniza purificadora» que permitirá gritar «Santander por España». La identificación de la reconstrucción con el nuevo régimen se percibe en estas palabras de la revista Alerta y en muchos otros discursos gubernamentales. La ciudad fue incluida en el listado de Regiones Devastadas.
Mientras tanto, tal y como ha analizado Julián Sanz en La construcción de la dictadura franquista en Cantabria, un mínimo de 2.500 personas fueron asesinadas en el período de posguerra. Todo ello parte de un mismo proceso de lavado y revitalización de la raza.
La burguesía le sacó un partido enorme al incendio que asoló la práctica totalidad del casco viejo. Las clases populares fueron expulsadas al extrarradio y el centro fue reconstruido según los designios fascistas. Seguramente se trate del primer caso de gentrificación en el Estado español.
Este proceso se produjo más de veinte años antes de que el concepto existiera (fue acuñado por la socióloga británica Ruth Glass en 1964). Gentrification, en inglés, literalmente significa aburguesamiento. Una forma de planificación urbana que produce una sustitución social de población con poco poder adquisitivo por otra capaz de pagar las rentas aumentadas de la vivienda.
Tormenta imposible
Según el arquitecto Ramon Faura, «el Plan Voisin (1925) de Le Corbusier explica, en su literalidad casi infantil, la fascinación moderna por la tabula rasa. Elimina el centro de París, obstáculo para la construcción de la ciudad ideal. Los argumentos son los del higienismo y la gran escala que impone el orden industrial, especialmente el coche (…) La nueva ciudad de Le Corbusier es una extensa superficie neta sobre la cual los edificios se depositan como los instrumentos de un cirujano sobre la sobre la mesa auxiliar. Militarmente ordenados antes de la operación. Separados, esterilizados, sin tocarse (…) La ciudad se zonifica a partir de sus funciones».
115.421 metros cuadrados de la ciudad de Santander resultaron afectados por el incendio. Una auténtica fantasía arquitectónica moderna que permitió al régimen construir su ciudad ideal, la llamada «ciudad orgánica» planteada por la Dirección General de Arquitectura comandada por la Falange: «un centro representativo, la Plaza Porticada, un eje espiritual –desde la Catedral a la iglesia de la Compañía– y el corazón de la ciudad, que era el eje comercial y de servicios».
Y para el resto, casas baratas en las afueras: Canda Landáburu, Pedro Velarde, Jacobo Roldán Losada, Santos Mártires y José María de Pereda son algunos ejemplos de bloques periféricos edificados después de 1941.
En 1950 el panorama de Santander estaba segmentado según una clara jerarquía social. Los inquilinos de las 2.000 viviendas de renta alta alojadas en los noventa edificios construidos en los 400 solares resultantes de la parcelación del centro pagaban entre 500 y 1.300 pesetas de alquiler, frente a las 15 de Canda Landáburu.
Además, el hacinamiento de las familias pobres resultaba evidente: se levantaron solamente 1.199 de las 3.011 viviendas que el proyecto de reconstrucción redactado en 1941 iba a destinar a las y los damnificados.
El incendio activó un proceso especulativo a través de subastas que permitió que los mejores solares e inmuebles construidos fuesen a parar a manos de una minoría de propietarios. Éstos se los traspasaron entre ellos para aumentar el precio, no sin exenciones de impuestos y financiación de la compra por parte de instituciones financieras del régimen. Todo un adelanto del ciclo inmobiliario, en plena autarquía, que se activaría a partir de 1956 con la Ley de Suelo.
Revanchismo
Cada época y lugar practican el revanchismo en formas diferentes, también el neoliberalismo actual. En Nueva Orleans (Estados Unidos), diez años después del huracán Katrina, gran parte de la población negra ha sido desplazada de zonas céntricas en favor de jóvenes emprendedores de raza blanca. Todo ello aparece en la trama de la serie de televisión Treme y existe mucha literatura sociológica al respecto.
Si bien el paralelismo es evidente, cabe decir que probablemente a buena parte de quienes fueron expulsados del centro de Santander les tocó trabajar en las obras de reconstrucción. La trama de calles resultante quedó con nombres fascistas que todavía hoy se están modificando: seis cambios en el mes de septiembre. Todo ello en una ciudad que en 2008 retiraba la penúltima estatua ecuestre de Franco en el Estado.
El escritor Émile Zola planteó que una transformación urbanística acompaña una transformación moral. El director de cine José Luis Guerín, a propósito de su película En construcción, afirmó que la transformación de un paisaje urbano lo es al mismo tiempo de un paisaje humano.
Para hacerse una idea sobre los rostros y formas de vida previos al fuego de Santander se puede ojear el libro de Rafael Gutiérrez-Colomer Tipos populares santanderinos. Aunque se fije principalmente en los años 20, las pescaderas, marineros, vendedores y músicos ambulantes, tabernas e historias de picaresca formaban parte del paisaje popular que existía también durante los años de la República y en la postguerra.
Este libro llamó la atención del escritor italiano Claudio Magris, que se refirió a él como el Spoon River cántabro. También sirvió de inspiración para la novela de Ruiz Mantilla Ahogada en llamas, una historia de la ciudad entre dos catástrofes: la explosión del buque Cabo Machicaco (1893) y el incendio.
En el mejor de los casos, estos «tipos populares» pasaron a formar parte de la «internacional de los bloques», Pérez Andújar dixit, que habita en las periferias de todas las ciudades.
Imágenes
Se ha hablado de Santander como un escaparate del régimen, como un modelo que debía permitir la comprensión del significado de la nueva España. Sin embargo, pocas veces apareció esta ciudad en el No-Do. La más significativa tuvo lugar en 1953, el día de la inauguración de la nueva Catedral.
Anteriormente, el régimen permitió la filmación en 1944 de Santander, la ciudad en llamas, un largometraje de pésima calidad, «insalvable», según José Enrique Monterde, profesor de Teoría del Arte e Historia del Cine en la Universidad de Barcelona, dirigido por un director menor, Luis Marquina. Su argumento encajaba en las preocupaciones de «españolidad» de entonces: un indiano de apellido Bárcenas decide regresar para reconstruir con su riqueza la ciudad. El amor a España y el buen corazón de las clases altas como campaña de propaganda.
Citas al incendio también en la película censurada Canciones para después de una guerra (Basilio Martín Patino, 1971). La secuencia que comienza con fotos de la entrevista entre Franco y Hitler, mientras suena Lili Marlene, termina con recortes de periódicos y una voz atemorizada: «Soplaba un viento terrible y todas las profecías anunciaban que en los años 40 sería el fin del mundo». Los tiempos estaban cambiando.
Cómo nos han contado la burbuja
Este texto parte de los escritos del proyecto Desmemoriados y La reconstrucción urbana de Santander 1941-1950, de Ramón Rodríguez Llera.
Este artículo, junto a los otros ya publicados por Joan M. Gual en Diagonal, forma parte de la investigación Especulación y desahucio. Una historia cultural de la burbuja inmobiliaria española, con la que su autor, doctor en Teoría del cine y activista de vivienda, quiere rastrear las representaciones con las que se ha relatado la crisis inmobiliaria.
El pasado 21 de octubre la multinacional sueca ERICSSON comenzó el periodo de consultas de un nuevo despido colectivo que afectará a 330 personas. Este ERE es el tercero desde 2013 (con 190 despidos en 2013 y 130 despidos en 2015), el octavo desde el 2008 lo que hace una media de uno por año.
En esta ocasión, Ericsson dejará sin empleo a 330 trabajadores, aproximadamente un 12% de la actual plantilla en España, y afecta a prácticamente todos los centros de trabajo.
Esta reducción de plantilla se encuadra en el plan de reducción de costes que la multinacional sueca puso en marcha a nivel mundial en el año 2014. Dicho plan incluía un recorte de costes de 9.000 millones de coronas suecas (934 millones de euros), ampliado el pasado verano por el anterior CEO del grupo, Hans Vestberg – – en otros 4.500 millones de coronas suecas (467 millones de euros). Hans Vestberg dimitió de su cargo el pasado 25 de julio, y será sustituido próximamente por Borje Ekholm.
Lo cierto es que ERICSSON, con la realización continua de despidos colectivos, recicla la plantilla reduciendo la edad y el salario de los trabajadores, contratando trabajadores jóvenes con una baja remuneración y despidiendo a trabajadores de más edad y con un salario consolidado.
Así se observa de la gráfica de antigüedad donde los picos de contratación coinciden con los años en torno a reducciones de plantilla (2008, 2010, 2013, 2015).
En nuestro país, si trabajas en ERICSSON a partir de los 45 años, figuras en las listas de los EREs y si tienes más de 50 años eres una especie en peligro de extinción, como se puede ver en el siguiente gráfico de distribución de edades de la plantilla.
En definitiva, ERICSSSON es una máquina muy bien engrasada por la actual política laboral española que permite y hace rentable despedir a un trabajador con un sueldo afianzado y contratar a otro con un salario muy inferior, cambiando empleo de calidad por empleo precario, gracias a la aplicación reiterada y sistemática de despidos colectivos.
CGT, desde su aparición en Ericsson en el 2012, se ha opuesto a esta práctica que se ha convertido en una enfermedad crónica en la compañía. Ericsson está sustituyendo una actuación estratégica por el recurso regular a los despidos como guiño a los mercados. En esta ocasión toda la representación social (UGT, STC, CCOO y CGT) está en contra de este despido y contra la estrategia de aplicación abusiva y reiterada de la Reforma Laboral. Así se lo han manifestado a la Empresa todos los sindicatos, pidiendo un plan estratégico de empleo a corto plazo para ERICSSON en España y la recolocación de los empleados en las nuevas áreas de negocio, en las que según la empresa son necesarios nuevos trabajadores. También han propuesto una serie de medidas destinadas a optimizar los costes que abarcan desde la disminución de sobrejornadas y horas extras, hasta un uso adecuado de subcontratas y personal externo, y desde la optimización de los espacios de oficina hasta la reducción de gastos suntuarios como los más de 200 coches de empresa.
Por todo ello, CGT junto con el resto de fuerzas sindicales convoca a todos los empleados de Ericsson a una manifestación que tendrá lugar el 15 de noviembre a las 17:30 en el centro de trabajo de Torre Suecia (c/Retama 1, Madrid). Las movilizaciones continuarán el jueves 17 de noviembre con la huelga convocada por todos los sindicatos.
Otro noviembre más, sigue siendo necesario ser más explícitas con este tema que nos atraviesa. La violencia machista nos agrede desde muchos frentes y nos sentimos heridas y algo cansadas.
Este es un vídeo que hemos realizado para invitar a la reflexión sobre cómo los medios de comunicación cuentan a la mujer en general y cómo abordan la violencia machista en particular:
Tendremos 2 citas esta semana:
“Cómo nos cuentan los medios de comunicación”
Encuentro de Té y Café, miércoles 16, 19:45, Eureka (C/San Simón)
Contaremos con:
Miriam Bustillo de MUJOCA (Mujeres Jóvenes Cantabria)
Guillem Ruisánchez periodista y redactor jefe de El Faradio
Beatriz Grijuela periodista y directora de comunicación.
“Hasta el Moño”
Domingo 20 noviembre, a partir de las 13:00h en “El Café de Noa”
Nos acompañarán a la música Adriana Blu, Daniel Rodríguez y Sergio González, con su proyecto “Acoustic Soul”
Alrededor de 300 personas acudieron la semana pasada al II Encuento Euromediterráneo ‘La economía de los trabajadores y trabajadoras’, celebrado en Tesalónica y organizado por la fábrica recuperada Vio.Me. Allí participaron en debates, talleres y reuniones. Además de los participantes de Grecia, se contó con la presencia de trabajadores de otros países, entre ellos España, Francia, Italia, Alemania, Polonia, Croacia, Bosnia, Serbia o Turquía.
En comparación con la primera reunión, celebrada en Marsella a cargo de la cooprativa Fralib, se ha producido un aumento de la presencia de fábricas recuperadas. Además de Fralib, Vio.Me, Officine Zero y Ri-Maflow, ya presente en la primera fecha, se han sumado dos fábricas situadas en los Balcanes: DITLA, en Tuzla (Bosnia y Herzegovina), y ITAS-Prvomajska, en Ivanec (Croacia). Los trabajadores de Kazova, sin embargo, no pudieron salir de Turquía para asistir al encuentro.
Las experiencias de fábrica se reunieron con una red de cooperativas de trabajadores y proyectos de autoempleo activos en diversos campos: desde la producción agrícola hasta el editorial, el ámbito artístico y musical de las muchas experiencias de autogestión en restaurantes y bares, hasta cooperativas de consumo.
Fueron especialmente apreciadas las aportaciones de América Central y del Sur. Hugo Cabrera, de la empresa gráfica Campichuelo, contó en detalle cómo fue la reanudación de la producción en sus instalaciones y lanzó un grito de alarma contra la nueva fase represiva abierta por el gobierno de Macri contra experiencias similares. Juan Melchor Román, profesor mexicano y miembro de la Coordinadora Nacional de Trabajadores, dio cuenta de la experiencia de las cooperativas de los maestros y las muchas dificultades que tienen ante la situación política de México. Andrés Ruggeri, profesor argentino y coordinador del programa Facultad Abierta, que en 2007 organizó la primera reunión de este tipo, ha entrado en la reunión euromediterránea en el marco más amplio del movimiento económico de los trabajadores, citando las citas de América Latina (en Uruguay y México), y lanzando el reto de organizar eventos regionales en África y Asia. Durante el encuentro también intervino, por teleconferencia, la copresidente de la Comisión de Economía de la Mujer del Kurdistán sirio, quien hizo referencia a la ola de nuevas cooperativas, autogestionadas en su mayoría por mujeres, en los cantones liberados en el Kurdistán sirio.
Durante tres días los trabajadores de los diferentes proyectos trataron los retos y las principales contradicciones de los trabajadores, como las posibilidades y límites de la autogestión, la democracia interna y las formas de autorregulación. También sobre canales de distribución, la accesibilidad de los precios al por menor, la calidad del producto, la función social de los diferentes proyectos, la apertura hacia el área, el acceso en términos de lucha y la producción.
Para concluir, la asamblea también avanzó algunas políticas y propuestas operativas, en particular impulsadas por los trabajadores de VioMe. En primer lugar, definir qué formas de organización están funcionando realmente para compensar una economía de los trabajadores, estableciendo una clara distinción entre formas de empresa que, tras la forma jurídica de cooperativa, esconden nuevas formas de explotación o dispositivos autoempresariales simples. La propuesta de los trabajadores de Tesalónica se organiza en torno a dos criterios: todos los trabajadores deben ser miembros de la cooperativa y entre los diferentes profesionales de la cooperativa debe haber igualdad absoluta (tanto en términos de toma de decisiones como de salario. Desde la fábrica recuperad amilanesa Re-Maflow, también con el objetivo de incluir las diferentes experiencias de cooperativas, propusieron cinco criterios de definición: principios antifascistas, antisexistas y antirracistas, una asamblea soberana que elige a los delegados y puede ser revocada y sustituida, la atención a aspecto ecológico, el respeto a las categorías que viven más dificultades sociales (mujeres con niños, migrantes, personas con discapacidad), y caminos para la formación política y profesional de los nuevos miembros de los grupos de trabajadores de la autogestión.
Sobre organización en concreto, se discutieron dos cuestiones: la creación de un fondo de ayuda mutua de cooperativas de trabajo y la construcción de una red independiente para la distribución de diversos productos. Se decidió iniciar las pruebas específicas y grupos de trabajo bilaterales para definir mejor las propuestas y empezar a ponerlas en práctica inmediatamente, incluso trabajando en ello a diferentes velocidades y de acuerdo con diferentes posibilidades.
El reto nacido hace unos años a partir de las fábricas recuperadas de Argentina vivió en estos días un nuevo hito. La práctica de trabajar sin patrones –que tiene sus raíces en la resistencia contemporánea a la precarización del mercado de trabajo y en la larga tradición del movimiento obrero de luchar contra la alienación y la explotación constituyente del trabajo asalariado– continúa propagándose, creciendo y buscando conexiones. En un momento en que las alternativas políticas parecen cerrar la transformación radical de las formas de interacción económica, la autogestión de la producción y los servicios aspiran a articular el «aquí y ahora». La difusión de la experiencia de trabajo sin amos y la interacción con las luchas de otros trabajadores siguen siendo desafíos clave. El camino es largo, pero en Tesalónica se ha dado un paso adelante.
Hay muchas rotondas en Vigo. Algunas están en el barrio de Coia. En una de ellas hay un barco. Justo colocado en medio. Un barco grande, imponente, sin duda fuera de lugar. El lugar de los barcos es el agua y no una rotonda rodeada de coches. Las vecinas y vecinos del barrio saben que ese no es su sitio. No sólo porque la única agua que lo toca es la que cae del cielo, sino porque ese barco simboliza una lucha que no ganaron.
En Coia vive gente que se acostumbró a pisar la calle para reclamar pan, dignidad y trabajo. Que vio cómo en los soportales de sus edificios se quemaba la vida en las agujas por las que pasaba la heroína a los cuerpos de los jóvenes en los 80, y que ve cómo esos soportales vuelven a esconder ahora nuevas agujas y a romper más vidas. Algunas son las mismas de los 80, otras son diferentes.
En Coia mucha gente no tiene trabajo y hay muchas abuelas que, con sus pensiones, sostienen económicamente a sus familias. En Coia viven personas que se paran a charlar cuando se encuentran por las calles y que comparten los bancos en las plazas. En Coia hay una parroquia con unos curas y monjas que caminan con sus vecinos y tejen redes y una Oficina de Derechos Sociales donde, entre otras y otros, participa Diego.
Al entorno de ese movimiento barrial llegó la noticia de que el alcalde de Vigo, Abel Caballero, había decidido gastar 600.000 euros para colocar un barco en medio de una rotonda. 600.000 euros para decorar una rotonda con un barco. Y las vecinas y vecinos no lo entienden (ni antes ni ahora) porque llevan años recibiendo la misma respuesta: no hay dinero para ayudas sociales.
Y saben en lo que se traduce que no haya ayudas, lo saben porque lo ven. Significa, por ejemplo, que María se siente desesperada cuando la trabajadora social le dice que tiene que poner más de su parte para encontrar trabajo, y se culpabiliza y una nube negra se coloca sobre su cabeza. Significa que Ana, cansada y harta de tanta precariedad se hace puta (para seguir siendo precaria, claro) y que los adolescentes expulsados de un sistema educativo que no atiende a la diversidad consumen drogas y trafican para consumir y consumen y trafican…
La gente que vive en el barrio de Coia sabe que el destino de ese dinero tendría que ser las personas y no los barcos que ya no navegan.
El 4 de diciembre de 2014 un grupo de vecinas y vecinos llegaron a las 8 de la mañana a la rotonda y les dijeron a los obreros (que todavía tenían las pestañas pegadas) que no podían comenzar su trabajo: a la gente del barrio le parecía que había otras cosas prioritarias en las que emplear el dinero. Los obreros se fueron y durante más de dos meses gentes de distintas edades habitaron esa rotonda, explicando a los medios de comunicación cuáles eran sus demandas, hablando con las personas que se acercaban, entrelazando sus brazos cuando llegaba la policía. Impidiendo que el proyecto de sacar el barco del agua y llevarlo hasta allí se llevara adelante.
Hubo momentos de tensión porque el alcalde mandó a muchos policías para que el barco llegase hasta la rotonda, y los policías obedecían al alcalde sin mirar la cara de las vecinas y vecinos. El 15 diciembre un chico salió corriendo después de un forcejeo, un policía corrió detrás del chico y Diego corrió detrás del chico y del policía porque pensó que la porra del uniformado podía lastimar al chaval, y Diego cree que las palabras son mejor que los golpes.
En la carrera se alejaron y el policía se cayó. Se cayó cerca de donde estaba Diego y se hizo daño en la muñeca. Cualquiera se puede caer corriendo, pero no un policía. Los policías no se caen solos nunca. A los policías se les empuja, se les golpea, se les agrede. Los policías no tienen caídas ni accidentes. Por eso cuando el policía se cayó dijo que Diego le había empujado. A pesar de su porra, de su pistola, del uniforme frente a las manos desnudas de Diego, dice que le empujó.
A Diego no lo detuvieron en ese momento, lo cual hubiera sido fácil porque volvió caminando tranquilamente a la rotonda, lo detuvieron cuando fue voluntariamente a la comisaría a declarar como testigo. Lo detuvieron cuando alguien recordó que los policías nunca se tropiezan y se caen, y a Diego le piden tres años de prisión y 30.000 euros de responsabilidad civil por un presunto delito de atentado.
En el barrio de Coia conocen a Diego por muchas cosas, también por su participación en la Oficina de Derechos Sociales donde apostó por crear redes con los de abajo desde abajo, y por eso sienten rabia cuando se enteran de la acusación y le arropan y se juntan para luchar contra esa (otra más) injusticia.
El alcalde habla y dice que son un grupo violento, que deberían poner una pancarta en la rotonda contando la cantidad de ayudas sociales que da el ayuntamiento en vez de mentir. En el barrio saben que vivir en crisis no es algo de ahora, que hay vecinas y vecinos que viven en crisis desde que nacieron. Y la cara de Diego sale en los periódicos, y se criminaliza al movimiento vecinal, y nadie habla de la parroquia que impulsa el movimiento. Y desde la parroquia hacen ruedas de prensa que apenas se escuchan porque nadie hace de altavoz de sus palabras fuera de las fronteras del barrio. Y el alcalde sabe que es fácil criminalizar a la gente más oprimida. Y la gente oprimida no se cansa de gritar porque ningún gobierno les va a robar su dignidad.
Y pasa, también, que cuando detienen a Diego a muchos vecinos y vecinas les entra miedo, mucho miedo, porque conocen a Diego y porque saben que lucha junto a ellos desde una actitud pacífica. Por eso saben que si a Diego lo pueden meter en la cárcel porque un policía se tropezó podrían hacer lo mismo con cualquiera. Por eso detienen a Diego, porque el miedo desmoviliza y la lucha de las vecinas y vecinos es fuerte y los poderosos que están arriba saben que hay que frenarla.
Y mientras el movimiento barrial se organiza para ayudar a Diego y su madre decide no salir de casa por un tiempo porque la situación le supera y su familia próxima se resiente porque las injusticias son difíciles de gestionar, llega el barco traído del mar, rodeado de antidisturbios y es colocado en la rotonda. Diego no puede acercarse mucho a la protesta porque tiene un juicio pendiente por estar al lado de un policía que se tropezó y se cayó y se hizo daño en la muñeca. No puede acercarse mucho porque se presupone que los policías no mienten, porque está preso de un sistema lleno de leyes ilegítimas, mecanismos de control y órganos represivos que tienen como finalidad que se perpetúen los poderosos.
Y con el barco colocado en la rotonda, como símbolo de quien manda, las vidas siguen. Y Diego tiene una vista con la fiscalía, previa al juicio. Y ocurre lo que nadie esperaba: la fiscalía pide el sobreseimiento del caso. A pesar de que se presupone que los policías nunca mienten. A veces la justicia llueve de donde menos se espera. Todavía queda el paso más importante, el juicio, porque la acusación particular, la del policía, sigue adelante.
Cada día las vecinas y vecinos de Coia salen a la calle y lo ven, ven el símbolo de esa lucha que no se ganó, tratando de imponerse. Pero ven también las semanas compartidas en la rotonda, los forcejeos con la policía en los que se agarraban fuerte unas manos con las otras manos, los poemas recitados en medio de los coches, las niñas y niños jugando en los montículos de arena, los debates, la fuerza colectiva imparable, la búsqueda incansable de justicia. Ven una lucha vecinal festiva, desobediente, no violenta. Ven ese espacio que fue de ellos y ellas, de las de abajo, y eso ningún barco que lo puede aplastar.
Quizás si sigue lloviendo justicia y se demuestra que los policías pueden caerse como el resto de las personas, y el juez dicta que Diego queda absuelto en su sentencia, entonces, quizás, las vecinas y vecinos lo celebren pensando en cómo conseguir devolver el barco al mar.
Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/blogs/movimiento/barco-deberia-estar-mar.html
El análisis feminista de la etapa de la transición del feudalismo al capitalismo y del trabajo reproductivo no asalariado como sostén del sistema capitalista han convertido a Silvia Federici, escritora, activista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York, en un referente para comprender la interconexión entre la crisis sistémica del capital y el incremento de las diferentes formas de violencias hacia las mujeres. Su paso por Ecuador para participar en diferentes encuentros con la academia y movimientos feministas durante el pasado mes de mayo, permitió una conversación en la que de manera crítica analiza la actualización directa e indirecta de la caza de brujas y las consecuencias de las políticas extractivistas sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres en América Latina.
La crisis del sistema ha tenido un grave impacto para las mujeres en diversos aspectos, pero también de manera diferenciada según territorios. ¿Cuáles son las consecuencias que se pueden identificar a nivel global tanto en el ámbito del trabajo como en el reproductivo?
La crisis capitalista ha significado cosas muy diferentes para las mujeres, según los lugares del mundo, pero igualmente existen elementos comunes. Las mujeres hoy se enfrentan de una forma muy diferente, pero contundente, con una crisis muy fuerte de la reproducción a todos los niveles como consecuencia del fracaso del estado de bienestar, el fracaso del salario masculino, el de la política del pleno empleo, que ha obligado a muchas mujeres a salir de la casa, tomar un segundo trabajo que se ha añadido al trabajo doméstico no pagado, así que ahora la jornada laboral de las mujeres es una jornada sin fin. Las mujeres hoy deben trabajar fuera y dentro de la casa para recuperar todos los cortes de los servicios sociales que el estado ya no realiza. En Estados Unidos, las mujeres se encuentran en una crisis existencial, personal y colectiva, muy fuerte, y se han convertido en las mayores consumidoras de antidepresivos. El número de suicidios de mujeres se ha elevado y se calcula que la esperanza de vida de una mujer proletaria sin recursos es cinco años menor que la de su madre. A nivel más internacional, las mujeres de las áreas rurales de América Latina y de África se encuentran con un ataque muy grave al territorio, lo que implica un impacto específico hacia ellas. Se trata de una agresión a las formas de cultivo de subsistencia, que para muchas mujeres son una manera de tener autonomía del mercado y sustentar a su familia en un contexto social donde la comunidades han sido desmonetarizadas como consecuencia del ajuste estructural, con el desempleo, y muchas veces con el despojo de la tierra que poseían.
Y en este contexto, también se da un ataque hacia el cuerpo de las mujeres y su autonomía…
Sí, también existe un nuevo ataque directamente contra el cuerpo de la mujer, contra su capacidad reproductiva, contra su capacidad de controlar la procreación, un ataque que es diferente según los lugares. En otros casos, las mujeres se enfrentan, por ejemplo, a la esterilización. Durante los años noventa hubo una campaña de esterilización brutal es muchas partes de África, de India, de Indonesia. En estos países se realizan los safaris de la esterilización, donde se juntaban mujeres dándole a cambio pequeñas cosas, como arroz, para convencerlas de que debían ligar o cortar las trompas. Había miedo a que estas mujeres fueran a procrear una generación de jóvenes más combativa. Yo creo que estos programas de esterilización están conectados como una respuesta a las luchas de las nuevas generaciones de los territorios colonizados, generaciones que se proponían, como proyecto político, recuperar la riqueza robada.
En otros lugares, se prohíbe el aborto, como en Ecuador, que no solamente significa prohibir a la mujer el control sobre su cuerpo, es parte de toda una política para controlar el trabajo de las mujeres, para poner una vez más su sumisión a los hombres de la casa y a su sexualidad, y su capacidad reproductiva al control de los hombres y del estado. Esto es un proceso que se puede documentar a nivel internacional. En Estados Unidos, muchos estados han aprobado leyes que intentan controlar la vida y el comportamiento de las mujeres cuando están embarazadas. Se establecen penalizaciones por comportamientos que no son aceptados, así, en muchos hospitales donde van las mujeres que no tienen recursos, se realiza un test de sangre después del parto, y en caso de identificar alguna anormalidad, se les envían a prisión acusadas de sabotear la vida del futuro nacido. Mujeres embarazas que han sufrido accidentes de coche han sido arrestadas por irresponsables.
Se trata de un nuevo ataque como el que se produjo en el periodo de la acumulación originaria, y que pasa por el trabajo, por el acceso de las mujeres a la tierra y a su cuerpo. Es una súper explotación. Ahora las mujeres deben trabajar fuera del hogar, dentro del hogar y trabajar también en industrias que son formas de esclavización, como la maquila, las mujeres han sido la carne de cañón de la desestructuración industrial del mundo con la maquilización del trabajo. Las mujeres jóvenes han sido destinadas a consumir su cuerpo, consumir su vida, en estas nuevas plantaciones industriales, donde se dan formas de trabajo verdaderamente esclavizantes.
Las mujeres son expulsadas de la tierra, marginalizadas, se penaliza el cultivo de subsistencia y el cuerpo también. Por eso, muchas mujeres en América Latina hablan de cuerpo y territorio, por la continuidad que hay en él.
¿Cómo relaciona la crisis del sistema y la explotación de los territorios con la violencia hacia las mujeres y la caza de brujas?
Una imagen muy fuerte de lo que está ocurriendo a nivel internacional es el gran aumento de la violencia contra las mujeres, un incremento del número de atentados y de abusos de forma cuantitativa, pero también cualitativa, por la intensidad de la brutalidad: hoy las mujeres se matan, se desmiembran, se queman vivas, se entierran… En esta caza de brujas de África, las entierran vivas, las desmiembran con machetes. Y son formas de violencia que también se documentan en países como España y e Italia. Este fenómeno tiene muchas caras: la violencia que se usa para aterrorizar poblaciones, para vaciar territorios que son destinados a la comercialización, destinados a la empresa minera, es otro tipo de violencia, es la violencia de la que habla Rita Segato, y que tiene como finalidad dar un mensaje a la población sobre la falta de compasión y de consideración, de manera que se les obliga a abandonar el territorio. Se destruyen a las mujeres para destruir a la comunidad, para obligarlas a salir. Esta es una violencia conectada al trabajo, como el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, muchas de ellas trabajadoras de la maquila, que ha servido para paralizar su forma de organización, es un fenómeno también de la frontera y a estas formas de súper explotación, que al principio habían provocado protestas de las trabajadoras de la maquila, que se habían sofocado, paralizado, contra esta gran violencia. Y también está la violencia de los narcotraficantes, de paramilitares… Está la violencia de los hombres, de la familia, porque los hombres descargan sobre las mujeres las frustraciones que llegan de su pérdida de poder social, y hombres que intentan recuperar a través del cuerpo de las mujeres lo que han perdido perdiendo el salario. Yo decía que en el periodo de acumulación originaria el capitalismo dio las mujeres a los hombres como compensación por la tierra que habían perdido. Hoy, el cuerpo de las mujeres es sustituto del salario y el empleo que han perdido. Hay hombres que venden a su pareja para el trabajo sexual, que es otro tipo de violencia, pero todas ellas están conectadas porque tienen sus raíces en la desestructuración del trabajo impulsado por el neoliberalismo, por la relación capitalista. Me interesa subrayar también la interacción entre violencia familiar, más no privada, porque es tolerada y mandatada por el estado, y la violencia pública e institucional. Y me interesa subrayar también la continuidad entre la violencia física del desmembramiento, de la quemadura, y de la política social, porque el empobrecimiento, la expropiación, el corte de los servicios sociales, deben ser considerados formas de violencia. Es importante no reducir la violencia a solamente la violencia directamente física, que es una medida central para imponer todo esto, pero que es parte integrante de otras violencias, que es integrada, configurada, en toda la organización capitalista del trabajo y de las relaciones sociales.
En diferentes países de África y Asia se han documentado asesinatos y torturas hacia mujeres acusadas de ser brujas. ¿Cómo se presenta en esta época la caza de brujas y con qué objetivos se ha producido esta actualización?
La caza de brujas que se conoce ahora empieza a actualizarse en los años ochenta, mano a mano con los programas de ajuste estructural y las políticas extractivistas que actúan de manera conjunta con el apoyo e intervención masiva en muchas partes del mundo, con un ejército de misioneros pentecostales financiados por las matrices más conservadoras de los partidos de derecha de los Estados Unidos, coincidiendo con la desestructuralización de la economía del tercer mundo, pero también de los países del primer mundo.
Estos misioneros llegaron pretendiendo hacer milagros, con propaganda e introduciendo la presencia de un diablo que conspira y que se esconde detrás de todos los males. Estos grupos tienen estrictos manuales de cómo reconocer a una bruja. En la televisión se difunden programas que enseñan a identificarlas, mientras que en los mercados populares también hablan de la brujería. Esto ha sido muy importante porque hay un conjunto de fenómenos de empobrecimiento, de migración, de desfragmentación y desmantelamiento del tejido social, como consecuencia de la intervención extranjera, principalmente de compañías mineras y petroleras que en muchos lugares conspiran con los jefes locales y con la organización pentecostal. Mujeres que viven solas, que se sustentan cultivando un trozo de tierra, empiezan a ser acusadas de brujas y de ser responsables de todo lo malo que ocurre en la comunidad, como la muerte de un niño, de un animal o de un accidente de coche. Ahora, familiares de mujeres que tienen tierra, sobre todo jóvenes que quieren apropiarse de esa tierra, se convierten en mercenarios de esos otros personajes.
En muchos lugares, la ausencia de asistencia médica ha sido sustituida por la figura del curandero. El curandero moderno es una figura que se presenta como alguien capaz de reconocer a las brujas. A veces, los jefes locales traen curanderos, o a personajes que se dicen capaces de reconocer a las brujas, mujeres que terminan siendo golpeadas, torturadas, despojadas de sus propiedades, y asesinadas. En Tanzania, en 2014, casi mil mujeres han sido asesinadas o brutalmente abusadas, acusadas de ser brujas, y es algo que también ocurre en otras partes de África, y en otras zonas como India. En África, hay hombres ancianos acusados de ser brujos, con el claro objetivo de confiscar su pensión. Los jóvenes acusaban a personas mayores de ser brujos, en el momento justo en el que estas personas regresaban de la ciudad con dinero, con el objetivo de confiscar su ganancia. Vemos de esta manera la conexión y complicidad entre estos fenómenos y las políticas de despojo, la relación entre el contexto del despojo, del empobrecimiento y de la fragmentación de la solidaridad social. Y a esto se añade una comunalidad de intereses entre los grandes actores, los gobiernos, con los planes de desarrollo, con su complicidad con las compañías mineras, petroleras, que están interesadas en desplazar aldeas y comunidades enteras, o a realizar formas muy contaminantes de extracción. Y, en esta situación, una juventud sobre todo masculina local que no tiene futuro, que no ve capacidad de algún empleo o estudio, y que no sabe cómo salir del empobrecimiento, es fácilmente reclutada por los jefes locales y por la compañía minera para formar parte de su ejército privado. Es decir, terminan siendo utilizados para enfrentarse a las comunidades, sobre todo a las mujeres. Esperando apropiarse de un trozo de tierra y de los pocos recursos que puede haber, son los que acusan directamente a las mujeres de ser brujas.
En África y en India se produce una caza de brujas bajo acusación directa, pero en otras regiones del mundo, como América Latina, ha identificado una criminalización de las prácticas y saberes tradicionales.
Las diferentes versiones de la caza de bruja están conectadas. Está la caza de brujas que pasa por la acusación directa en la que te dicen: “tú eres bruja”; pero también existe una caza indirecta en la que se lleva a cabo la criminalización de las prácticas y saberes que no gustan al estado porque dan autonomía a las mujeres y no puede ejercer su control. Junto a la criminalización de estos espacios de autonomía se da un conflicto intergeneracional, que es un conflicto de valores. Los jóvenes, también las mujeres, vinculan la felicidad con el desarrollo del consumo, en el marco del sistema capitalista monetario, y ven con desprecio y con rechazo a sus mayores, sobre todo a las mujeres, porque tienen valores que consideran atrasados, como amar a la naturaleza y negarse a vender la tierra.
En mi investigación, he encontrado testimonios de hombres mayores que afirman tener miedo de que un hijo los mate para vender su tierra y con el dinero comprar un taxi. Literalmente, es el pensamiento del Banco Mundial, que ha adoptado la teoría del economista peruano Hernando de Soto, quien afirma que la tierra no es verdaderamente fértil y que, si hoy hay pobreza en el mundo, se debe a que millones de personas usan la tierra para sustentarse. Según este pensamiento, la tierra es fértil solo cuando se usa de manera colateral, cuando se intercambia con el banco por un préstamo monetario con el que se va a impulsar un negocio. Y este es el pensamiento de los jóvenes, ven que el futuro está en el dinero, no está en los árboles, ni en la tierra, ni en los animales.
Este desprecio y desvalorización es parte de un proceso histórico de desvalorización de las mujeres, de la tierra, del proceso de reproducción y de desvalorización de la vida, cuando la vida solo sirve como medida de la ganancia individual por la acumulación de la riqueza individual.
Las políticas extractivistas y la explotación de los territorios se justifican en algunos países de América Latina como un “mal necesario” que permite obtener financiamiento dirigido al desarrollo social. ¿Qué han supuesto estas políticas de manera específica para las mujeres?
Es mentira que estas acciones extractivistas sobre el territorio permitan un desarrollo social, y es una visión que he elaborado a partir de muchos encuentros con mujeres en América Latina sobre lo que está sucediendo. En algunos países se ofrecen a cambio del despojo bolsas familiares, que no pueden compensar de ninguna manera la gran catástrofe, el desplazamiento y la contaminación de la tierra en la vida de los pueblos, en general, y de las mujeres, en particular. La contaminación de la tierra, implica la pérdida de la vida, la cultura y los saberes, no se deja nada a las siguientes generaciones, de manera que es un ataque a la vida misma. Esas pequeñas bolsas familiares que se dan en algunos países nunca fueron pensadas para el bienestar de las mujeres, si no para dar la impresión de que se ofrecía algo a cambio y, sobre todo, para desmovilizar la protesta que surgía del despojo. Se pretende eliminar la forma más horrenda de empobrecimiento, pero estas bolsas familiares nunca fueron dirigidas a cambiar el modo de producción, a crear una sociedad más justa. Y me parece, hablando con muchas mujeres de Bolivia, pero también de Sudáfrica, que las políticas de las bolsas familiares es un estándar de estos gobiernos que se dicen progresistas. Además, los requisitos exigidos para recibir las bolsas son complicados y aquellas mujeres de zonas rurales que no están familiarizadas con las instituciones pierden estas bolsas que no cambian las condiciones de vida ni tampoco el sistema de producción. Más bien, piensan que es una forma de control gubernamental por integrarlas en la economía monetaria y controlar a unas mujeres que estaban fuera del sistema. Además, con la caída de los ingresos como consecuencia de la bajada del precio del petróleo, es probable que esta medida vaya a desaparecer.
Precisamente, usted observa una relación entre la expropiación de la tierra y la nueva organización de la producción industrial, con la maquila como único medio de subsistencia para las mujeres que han sufrido el despojo.
La desestructuración de la producción industrial a nivel global fue la respuesta a la enorme lucha de las décadas de los años sesenta y setenta contra la gran concentración industrial. El desmantelamiento de empresas, como Fiat, ha dejado ciudades fantasmas, como Detroit, que ha perdido más de la mitad de su población, después de que se convirtiera en un centro de lucha obrera. Es muy interesante ver cómo desde finales de la década de los años ochenta se ha reconstruido la organización del trabajo a nivel mundial, han cerrado y desmantelado la gran concentración industrial y la reorganizaron la producción industrial a nivel internacional con la maquila, que es alimentada por la expropiación de la tierra. En América Latina, la expropiación de la tierra es la raíz de la maquila, ya que las mujeres jóvenes no pueden sustentarse con una actividad del campo que dejó de existir, y ante la falta de oportunidades se ven obligadas a trabajar en la maquila. Son trabajadoras cuyos padres perdieron la tierra o se han endeudado con la política de Monsanto para comprar las semillas. El despojo de la tierra, el endeudamiento de los campesinos, que ha provocado tantos suicidios, ha sido la base y el fundamento sobre el cual se ha construido la maquila, que ha sido el reemplazo de las grandes concentraciones industriales. La maquila es una institución militar, no solamente económica, y en ella se puede poner cualquier condición de trabajo: no se permite la organización ni la sindicalización, no existen horarios ni protección de los derechos. La maquila es un ataque contra la salud de las mujeres y un ataque contra los derechos humanos en general. Hay que recordar cuántas mujeres han muerto por no poder salir de un incendio, a causa del cierre de puertas de la fábrica, es algo que recuerda a la fase del periodo de acumulación originaria. En Foxconn, la empresa que fabrica los productos para Apple, trabajan sesenta mil mujeres con unas condiciones de trabajo tan brutales, que han adoptado el suicidio desde los techos de la fábrica como estrategia de lucha, y ahora hasta les hacen firmar un compromiso de que no van a suicidarse en el trabajo.
Fuente: http://www.revistapueblos.org/?p=21144






